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Demos sin Krátos, la oscura ambición de la Autokráteia




Texto e imagen de Fernando Silva


A la organización comunitaria y política instaurada a finales del siglo VI a. C. por los atenienses, la dēmokratía (poder del pueblo), se le consideró para obtener un mejor modelo de gobernanza, empero, tanto a demos como a krátos se les consideran como vocablos ambiguos a quienes con pérfido interés miran en la autocracia su desmedida aspiración para participar e intervenir en las cosas de los órganos superiores del Estado, principalmente, para introducir su avariciosa mano en la talega que contiene los programas nacionales de infraestructura, de desarrollo urbano, sectorial de economía... En relación con esto, hay que estimar que para comprender el concepto de democracia —en tanto forma de gobierno en la que la población como unidad— tenemos que discernir y amparar nuestra expedita facultad para decidir sobre cómo queremos que se dirija México, sin desatender que tal intención de excelsitud social está alejada de la realidad si no se concilia la representación en nuestra homogeneidad cultural. De ahí que la legitimidad democrática —en cada decisión social— se establece directa o indirectamente en procedimientos idóneos para garantizar su conformidad con la voluntad de la mayoría de los conterráneos. Por consiguiente, el hecho de que como sociedad participemos —la mayoría— en la toma de decisiones, nos transforma en una pluralidad peculiar que nos permite comprender nuestra rica diversidad sociocultural. En otras palabras, las heterogéneas perspectivas que se tienen acerca de una circunstancia están determinadas por la complejidad ideológica (individual y general), lo que origina distintas formas de lenguaje pragmático artificial, verbal y no verbal, con que nos pronunciamos políticamente. Entonces, si no se ofrecen sensatos elementos de juicio, invariablemente las pretensiones comunicativas de solución se complicarán, haciendo caer los designios en el oscuro embudo de las infinitas interpretaciones y estériles proposiciones.

En un simbolismo ecuménico, hemos dado origen a mitos, tradiciones, costumbres, idiomas, erudiciones, dogmas de fe, ideologías filosóficas, expresiones de las bellas artes, conocimientos… que en conjunto integran la multicultural y pluriétnica riqueza de México y, en ese espléndido entorno, hay quienes estúpidamente ponderan que la autocracia es el mejor método para la instauración del orden jurídico-social, pretendiendo —fanáticamente— establecer a un soberano como suprema ley monárquica o dictatorial con preponderante potestad para subyugarnos, con la malsana intención de que no participemos en modo alguno en el desarrollo colectivo y, por ende, de la nación. Por ello, en nuestro pluricultural territorio, la actual disensión se desarrolla no solamente alrededor de los procesos electorales, importantes en sí mismos, sino también en las diferentes esferas de la activa participación en donde germinan los justos reclamos y las demandas colectivas en favor de los derechos que procuran el bienestar de todos.

Por ello, no podemos pecar de inocencia ni olvidar que padecimos por más de tres décadas la brutal hegemonía neoliberal, desde el gobierno de Carlos Salinas de Gortari hasta el de Enrique Peña Nieto, por lo tanto, cuando los empeños democráticos fueron asumidos por buena parte de la población, se analizaron en diversos foros, encuentros y conversatorios la forma en que se podía transformar la Constitución política y la legislación para facilitar el impulso y el desarrollo socioeconómico, logrando entre otros aspectos, el acercarnos con determinación, conocimiento, argumentos, respeto y dignidad a parientes, amistades y personas con las que convivimos ocasionalmente, con el sano y justo objetivo de orientarlos para eliminar a esa política basada en la teoría económica que tiende a reducir al mínimo la intervención del Estado y, aún más, los derechos legales y humanos de la población.

Sobre el particular, los derechos fundamentales estriban en posibilidades reflexivas negativas como de libertad y autonomía —tanto civil como política— que imponen límites, es decir, prohibiciones de lesión cuya violación genera antinomias; y los consistentes en expectativas positivas —como lo son todos los derechos sociales— que suscitan vínculos pero, asimismo, obligaciones de prestación cuya inobservancia engendra aristas en la interpretación legal. En cualquier caso, tales derechos —constitucionalmente establecidos— son reglas «normas téticas» que establecen un mandato de maximización, normalmente constan en el plano constitucional y tienen una estructura carente de hipótesis y de obligación concreta.

De ahí, el compromiso cívico-moral de los mexicanos que estamos indignados y hartos del amargo y putrefacto período neoliberal, elevando la voluntad para defender a nuestro sistema social-político de oligarquías que, como pudimos comprobar en la reciente campaña electoral de 2024, se desbordaron en una guerra sucia con todo tipo de artimañas. Desde las mentiras y vulgares expresiones de la candidata de la oposición, la ingeniera Bertha Xóchitl Gálvez Ruiz, que sin conocimiento de causa sobre temas fundamentales para el pueblo de México, evidenció no sólo su ignorancia en diversos temas, sino que además proclamó dichos en donde mencionó —un sinnúmero de ocasiones— la palabra pendejo, como cuando dijo al reconocer que plagió su tesis: «Sí, la pendejié», «Tenemos que buscar nuevas estrategias pedagógicas muy innovadoras… yo me aprendí los cinco continentes de las capitales del mundo de memoria; porque además tenía una memoria muy privilegiada. Entonces digo yo iré ahora para qué pues si te metes a Google inmediatamente sabes cuál es la capital del mundo»; siguiendo con esa guerra sucia, aplicaron trending topics basados en bots, noticias falsas y comentarios de animadversión esparcidos por gente como Carlos Loret de Mola Álvarez, Víctor Alberto Trujillo Matamoros, ​más conocido como «Brozo»; Pedro Ferriz de Con, José Antonio Crespo, Leonardo Antonio Curzio Gutiérrez, Ciro Gómez Leyva, Adela Micha Zaga, Denise Eugenia Dresser Guerra, Raymundo Rivapalacio Neri​, Anabel Hernández García, Leo Zuckermann Behar, María Amparo Casar (que dicho sea de paso, es investigada por la Fiscalía General de la República) entre otros; asimismo, un visceral odio propagado por Carlos Alazraki Grossmann, Jorge Castañeda Gutman, María Beatriz Pagés Llergo Rebollar, José Ángel Gurría Treviño, Laura Guadalupe Zapata Miranda, Kenia López Rabadán y muchos más, que en conjunto intentaron hacer caer la balanza electoral a favor de la candidata del antagónico y mediocre bloque opositor integrado por el Partido Revolucionario Institucional (PRI), el Partido Acción Nacional (PAN) y el Partido de la Revolución Democrática (PRD); además de la ilegal participación de representantes de la Iglesia Católica en temas de política, dejando en claro su histórica alianza con las cúpulas ultraderechistas, depredadoras, clasistas, racistas y conservadoras que siempre han manejado nuestro país como si fuera su propiedad privada.

Lo curioso es que poco antes de las elecciones del pasado 2 de junio de 2024, algunos férreos críticos mediáticos hicieron los siguientes comentarios en el programa «Tercer Grado»: Sergio Sarmiento indicó «La disminución de la pobreza es importante, muy significativa, hasta donde podemos ver en buena medida es producto de los programas sociales». La moderadora Denisse Maerker expresó «No se había conseguido esto nunca [...] creo que es una de las mejores noticias que hemos tenido». De igual modo manifestó que «se aumentaron los salarios mínimos que durante años escuchamos que no se podían aumentar porque la economía no lo iba a resistir; se aumentaron los salarios, no pasó nada, se redujo la pobreza, sí pasó algo». Por su parte, Leo Zuckerman dijo: «Esto se logró gracias a algunas políticas públicas de López Obrador [...] ¿Cuáles son? El aumento al salario mínimo, la reforma al outsourcing y en términos de programas sociales, en particular, el programa de las pensiones a los adultos mayores. Nos han enseñado que con políticas públicas que los neoliberales consideraban que no iban a funcionar, sí funcionaron para la pobreza; qué bueno, hay que reconocer cuando un gobierno tiene un logro, no tengo empacho en decirlo ¡Los felicito!». De igual modo, René Delgado aseveró «Se le están alineando las estrellas económicas al presidente en un momento clave como es el de la sucesión». ¡Quién lo diría!, que en pocos días les escucháramos hablar en este sentido. Por lo tanto, esa oscura ambición de la autokráteia de pretender un demos sin krátos se desvanece, con la esperanza de que entre todos levantemos la voluntad en bien de los mexicanos.

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