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El Congreso Nacional de Hidráulica


Agua para todos


Por Juan Carlos Valencia Vargas


No es posible resolver los problemas

de hoy con las soluciones de ayer

Roger Van Oech


Esta semana se realizó en el hermoso puerto de Mazatlán, Sinaloa, la XXVI edición del Congreso Nacional de Hidráulica.

La Asociación Mexicana de Hidráulica (AMH) presidida por Daniel Martínez Bazúa, convocó a especialistas de todo el país a presentar los avances de sus trabajos o investigaciones en diversas materias como hidrología, hidráulica, infraestructura, medio ambiente y cambio climático, entre otras.

En esta ocasión, el tema de la convención fue “La innovación y tecnología hacia la seguridad hídrica” lo cual parece sumamente acertado y urgente. Miren ustedes, amables lectores, hace poco, el presidente de ONU-Agua declaró que en el mundo hay 2 mil 100 millones de personas sin acceso a servicios de agua segura y 4 mil 500 millones sin servicios de saneamiento. Y que esta crisis se paga con la vida de alrededor de 340 mil niños cada año.

¡Qué devastadoras cifras! No me cabe duda de que lo que se hace no es suficiente. Los datos históricos muestran, sin temor a equivocarme, que las políticas y los programas actuales no resuelven el problema de raíz.

En México, la grave crisis de agua que se vivió este año en varios estados fue una fuerte llamada de atención, una llamada a tomar conciencia pero, sobre todo, una llamada a tomar acción.

El desabasto de la temporada de estiaje provocó en diversas regiones protestas, bloqueos y, cada vez con mayor frecuencia, robo de agua. Monterrey fue, quizá, el caso mas visible, pero en Sonora las autoridades tuvieron que surtir con pipas ante el desabasto y los reclamos colectivos. En Chihuahua, vecinos bloquearon avenidas para exigir que se regularizara el abasto. En Querétaro, una nueva Ley de Aguas y la escasez del recurso en diversas zonas provocó una ola de protestas. Los campesinos de Hidalgo volvieron a tomar las oficinas centrales de la Comisión Nacional del Agua —Conagua—, por mencionar sólo algunos casos.

Ante la necesidad, son cada vez más frecuentes las denuncias de robo y de huachicoleo del agua, así como los bloqueos a calles e instalaciones públicas. Las llamadas de atención han sido muchas; son cada vez más, pero no se ve una reacción contundente.

Los datos del Monitor de Sequía de la Conagua indican que casi el 80 por ciento del territorio nacional presenta algún nivel de sequía, y los tres niveles más graves (severa, extrema y excepcional) se presentan en 16 estados, es decir, la mitad del territorio nacional.

Los problemas más graves se ubican en la parte norte, en los estados de Baja California, Sonora, Chihuahua, Coahuila y Nuevo León, pero ya ocho de las 13 regiones hidrológico-administrativas en que se divide al país, tienen un estrés hídrico alto que pone en riesgo su capacidad de crecimiento y desarrollo sostenible. Una de ellas, el Valle de México, tiene un estrés hídrico que supera el 140 por ciento, un caso atípico y extremo a nivel mundial.

Esa presión sobre el agua ha traído diversas consecuencias; por ejemplo, la sobrexplotación de acuíferos, que ha crecido de 20 acuíferos sobrexplotados en 1975 a 105 en la actualidad. Es decir, en menos de 50 años se quintuplicó el numero de acuíferos sobrexplotados.

Otra consecuencia evidente de la presión sobre el recurso ha sido el incremento de la contaminación de nuestros cuerpos de agua. Rios, lagos y acuíferos contaminados son evidentes a lo largo y ancho del país.

Y los escenarios no son favorables hacia el 2050: la población mundial habrá crecido en alrededor de dos mil millones de personas y la demanda de agua aumentará hasta en 30 por ciento, según estimaciones de la ONU.

Los desafíos son inmensos. La salud, la alimentación, la energía, la economía, el medio ambiente, el desarrollo, dependen del agua, de su disponibilidad y de su calidad; por eso se requiere hacer una gestión sostenible del agua y el saneamiento para todos. El reto es garantizar el derecho humano de todas las personas.

Por el bien de México, se necesita tecnología disruptiva, que produzca más con menos agua pero, sobre todo, se requieren de políticas públicas distintas, innovadoras, de gran visión y largo alcance. Innovar o morir. #aguaparatodos

Facebook: JuanCarlosValenciaAGUA

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