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La COVID-19 y la importancia del drenaje


Por Carol Perelman

@carol_perelman


Debajo de cada edificio, casa, comercio, colegio y oficina hay un tesoro que podría servir de metrónomo en los meses por venir. Desde el inicio de la pandemia se sabía que las personas infectadas con el virus SARS-CoV-2 pueden liberar partículas virales a través de sus heces fecales, incluso siendo asintomáticas o presintomáticas. Es por ello que el drenaje ha mostrado ser una excelente herramienta de monitoreo para detectar brotes, entender la magnitud de los contagios y vislumbrar un posible control.

Al tomar muestras periódicas de las aguas residuales y hacerles PCR en búsqueda de material genético del virus, justamente antes de que las descargas lleguen a las plantas de tratamiento, se puede determinar si en la población analizada existen casos positivos. No se puede saber quién está positivo pero, según la región de donde provengan las aguas y llevando un registro de los niveles, se pueden reportar las variaciones, información esencial para las instancias de salud correspondientes.

Incluso, debido a que las personas comienzan a desechar el virus en heces fecales tres o cuatro días antes de comenzar con síntomas, esta herramienta puede ser útil para detectar brotes de forma temprana, antes de que alcancen a una comunidad.

Una de sus grandes ventajas es que, a diferencia de otras formas de monitoreo, no depende de que las personas acudan a un centro de salud, tengan acceso a pruebas, presenten síntomas o cambien alguna rutina. Además, al parecer, es sumamente sensible. Expertos aseguran que se podrían encontrar restos virales incluso si hay solamente una persona positiva entre 100 mil habitantes.

Claro que este sistema no sustituye la importancia de que las personas se hagan una prueba diagnóstica nasofaríngea cuatro días después de haber estado en contacto con alguien positivo o si tienen síntomas, pero con esta ventana de tiempo se tiene una oportunidad para actuar con premura.

Así lo han hecho varias universidades de los Estados Unidos, como Colorado State que, revisando el drenaje de los dormitorios, ha podido controlar los contagios entre los estudiantes.

Como mencioné, las personas desechan virus a la tubería antes de saber que tienen COVID-19, y antes de que la carga viral sea detectable en las pruebas aleatorias que muchas universidades realizan. Por ello esta ventaja es increíble… y más económica.

En una llamada telefónica con la Doctora Blanca Lucía Prado Pano, del grupo de Suelo y Ambiente, del Instituto de Geología de la UNAM, quien desde marzo de 2020 trabaja con la Facultad de Medicina y Ciencias Aplicadas y Tecnología para tomar muestras de aguas residuales, me explicó que la idea ha sido por un lado confirmar que este monitoreo resulta un buen parámetro del pulso de la pandemia.

Pero también, al buscar la presencia no sólo del virus sino también de tres fármacos muchas veces recetados contra COVID-19, como la ivermectina, están tratando de evaluar la huella de la pandemia en el suelo, su impacto ambiental.

El enfoque de este trabajo académico ha sido hasta ahora en sitios en Hidalgo (en el campo y en influente y efluente de plantas de tratamientos de aguas residuales) y en la Ciudad de México (en drenaje urbano y un centro hospitalario), y hasta el momento han confirmado que en efecto, las tendencias sí siguen la curva epidemiológica del país, pero va un poco desfasada, adelantada; pudiendo ser un buen predictor.

Mientras existan conexiones a un sistema de drenaje, el monitoreo puede implementarse donde sea, y es precisamente por la clara utilidad que los Estados Unidos han invertido millones de dólares para crear el National Wastewater Surveillance System (NWSS) con información directa al Centro para Control y Prevención de Enfermedades (CDC). La idea es poder alertar a las comunidades sobre las condiciones de contagios de COVID-19 en sus zonas y seguir el movimiento de la pandemia.

Claro que el sistema no es perfecto. Es complicado referirse al número de casos positivos (aunque se pueden hacer estimaciones), ya que cada persona puede estar arrojando distinta cantidad de carga viral y hay muchas variables y sustancias que interfieren o diluyen las tomas, pero hasta ahora con este sistema de vigilancia se han podido comprender las tendencias de la epidemia en varios sitios.

La ciudad de Boston pudo predecir que la ola por ómicron había llegado a su pico antes de que las curvas por casos confirmados comenzaran a bajar, gracias a este sistema de monitoreo.

Además, con este sistema se podrían detectar variantes del virus que, de otra forma, no necesariamente se encuentran, ya sea porque las personas no acuden siempre a tomas de muestras diagnósticas y posiblemente se esté gestando una variante que pasa de forma silenciosa, o bien, como está sucediendo en Nueva York, se podrían detectar variantes del SARS-CoV-2 aún no identificadas en humanos y posiblemente arrojadas por algún animal como ratas, perros callejeros o gatos, que estén sirviendo como reservorios del virus y que, potencialmente, podrían provocar una zoonosis inversa. Irónicamente, el monitoreo de aguas negras es una de las formas más elegantes y claras de visibilizar la situación del coronavirus.

Desde el inicio de la pandemia, cuando no había suficientes pruebas diagnósticas de COVID-19, varios autores recomendaron empezar a tomar muestras del drenaje para entender la prevalencia y tomar decisiones de salud pública. Después de todo, ya se había usado este sistema de monitoreo con patógenos como poliovirus, en los años 1990, en que, similar al coronavirus, este virus puede transmitirse de forma no detectable entre poblaciones.

Con la polio, buscar el ARN del virus resultó ser cinco veces más sensible para detectar brotes que los monitoreos comunitarios en búsqueda de individuos con la enfermedad, ya que la mayoría de las infecciones son asintomáticas, sólo en el 1 por ciento da la parálisis característica. Importante mencionar que a diferencia de la polio, el coronavirus se propaga principalmente por vía aérea y no preferentemente por vía fecal-oral.

La plataforma COVIDPoops19, de la Escuela de Ingeniería de la Universidad de California Merced, desde un inicio buscó reunir los sitios de toma de muestra a 58 países en este esfuerzo para tener en un solo lugar todos los reportes de aguas residuales en el mundo.

En su página indica que en México hay algunas iniciativas que utilizan este método de vigilancia en Querétaro, Hidalgo y la Ciudad de México. Por su parte, el Tec de Monterrey realiza este tipo de monitoreo en sus 23 campus, a través de su proyecto MARTEC en colaboración con la Universidad del Estado de Arizona.

Sería genial poder ampliar esta estrategia, sin sustituir las demás medidas, para tener un panorama más certero de la propagación de COVID-19 en regiones y comunidades, especialmente ahora que posiblemente entremos a una nueva fase de la pandemia.

Con este sistema es posible encontrar tendencias, patrones y estacionalidad, información sumamente útil, no sólo para la academia y la investigación, sino también para las mejores tomas de decisiones y modelos de prevención.

¡Revisemos el drenaje!

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