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La sequía y el cambio climático


Agua para Todos


Por Juan Carlos Valencia

@valenciajuanc


El clima está cambiando,

y nuestro mundo

está en peligro.

Audrey Azoulay

Directora General

de la UNESCO


Las manifestaciones se multiplican por diversas partes del país, especialmente en el norte, donde naturalmente la escasez de agua es mayor y, por lo tanto, la presión sobre este recurso es muy alta, pero también en el centro y el sur del país esta ocurriendo, y es que estamos entrando a la parte más severa de la temporada de estiaje (o de secas, como se le conoce coloquialmente). Vean ustedes: la lluvia promedio en nuestro país es del orden de 760 mm anuales, pero alrededor del 70 por ciento de esas lluvias se presenta en sólo cuatro meses, entre junio y septiembre; el resto del año, las lluvias son escasas, aunque se presentan fenómenos puntuales (huracanes) que incluso causan desastres de grandes magnitudes.

En buena parte del país, las lluvias comienzan más regularmente hacia finales de mayo y tienden a estabilizarse en junio. O al menos así ocurría antes... La verdad es que, en los últimos años, que ya suman décadas, se ha incrementado la variación en la ocurrencia de las lluvias; se ha incrementado el número e intensidad de los ciclones y huracanes, pero también la duración e intensidad de las sequías. Paradójico ¿no? Por eso, abril es el mes más crítico, porque ya han pasado muchos meses desde que las ultimas lluvias ocurrieron y las reservas de agua en las presas se han agotado o están por hacerlo. Algo similar ocurre con las aguas almacenadas en el subsuelo, que brotan a través de los manantiales o se extraen por medio de los pozos, que tienden a reducir su caudal.

Además, abril es de los meses más calurosos del año, por lo que la demanda de agua es mayor. Esta demanda produce una mayor extracción, que prácticamente agota los cuerpos de agua superficiales en las zonas mas pobladas del país y pone en riesgo la subsistencia de las especies animales que viven en esos sitios.

En el mundo, el escenario no es muy distinto. Según la UNESCO, alrededor de un millón de especies animales y vegetales se enfrentan a la extinción. De éstas, las especies de agua dulce han sufrido el mayor declive, disminuyendo en 84 por ciento desde 1970. Pero, desde luego, los seres humanos también nos hemos visto afectados: alrededor de 4 mil millones de personas experimentamos actualmente una grave escasez física de agua durante, por lo menos, un mes al año, situación agravada por la crisis climática.

A medida que el planeta se calienta, el agua se ha convertido en una de las principales formas en que experimentamos el cambio climático.

No obstante, la palabra "agua" rara vez aparece en los acuerdos climáticos internacionales, a pesar de que desempeña un papel clave en cuestiones como la seguridad alimentaria, la producción de energía, el desarrollo económico y la reducción de la pobreza.

Dichas potencialidades del agua deben ser exploradas, pues nuestras acciones para reducir el calentamiento global van rezagadas en relación con nuestras ambiciones, a pesar de la amplia adhesión al Acuerdo de París.

El agua no se trata sólo de desarrollo; es un derecho humano básico. Es esencial para la paz y seguridad en todo el mundo. Abordar la cuestión del agua no es una tarea que se deba tomar a la ligera. Debemos crecer ante el desafío, si queremos dejar un mundo en el que puedan vivir las futuras generaciones.

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