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Morena y la crisis de información



Resulta difícil entender por qué

una instancia especializada

se atrevió a tachar de falso

lo que muchos observadores

afirmaron ver y acreditaron

con fotos y videos.

 

Por Miguel Tirado Rasso

 

Algo no funciona en el equipo de comunicación de la Presidencia de la República.

Lejos de cuidar la imagen presidencial, la de su titular, Claudia Sheinbaum Pardo, parece que los responsables de tan importante y estratégica área se preocupan más por ignorar, descalificar o desviar la atención de todo lo que consideran puede afectar la supuesta imagen inmaculada de su movimiento transformador.

En el concepto cuatroteísta, los gobiernos morenistas son perfectos. No cometen errores, faltas ni se equivocan. Y cuando alguna falla es inocultable, el manual de la 4T indica rechazar toda responsabilidad y endosarla a los gobiernos pasados. Un recurso cada vez menos efectivo, pues tras siete años en el poder es difícil cargar culpas a los del pasado remoto sin que el del pasado reciente salga salpicado. Por principio, no se reconocen yerros porque aceptarlos perjudica al movimiento, opinan sus “ideólogos”.

El ideario político de Morena establece tres principios: no robar, no mentir y no traicionar. Tres mandamientos que, en la práctica, violan sin rubor sus militantes destacados. En las últimas semanas, el segundo mandamiento, no mentir, ha puesto en un brete a la jefa del Ejecutivo, quien por falta de información o información no verificada por quiénes tienen la obligación de cuidar sus intervenciones, ha incurrido en imprecisiones, por decir lo menos.

Hemos comentado con anterioridad que el ejercicio mañanero cotidiano en Palacio Nacional es riesgoso para la imagen de la presidenta. La exposición diaria a preguntas irrelevantes puede dar lugar a respuestas inexactas cuando se carece de información. Errores que la mandataria no tendría por qué asumir, cuando se trata de temas que debieran ser atendidos por funcionarios de otro nivel. La presidenta debería contar con la mejor y mayor información, algo que no ocurre.

A mediados de marzo, inconsciente e imprudente, a una funcionaria de la Secretaría de Hacienda se le hizo fácil asolear sus piernas en un ventanal de Palacio Nacional. La escena fue objeto de múltiples fotos y videos que rápidamente se viralizaron en las redes sociales. A pesar de las evidencias, InfodemiaMX, la iniciativa de gobierno creada para combatir la infodemia, las noticias falsas y la desinformación, determinó que se trataba de imágenes falsas, creadas por inteligencia artificial (IA).

En contra de la versión oficial surgieron más fotografías y videos de la mujer que se asoleaba, lo que hizo que un caso de importancia menor —ciertamente reprobable por el poco respeto mostrado a instalaciones de gobierno—, llegara al nivel de la Presidencia del país.

Cuando en una mañanera se pidió a la jefa del Ejecutivo su opinión sobre el tema, la Mandataria se guardó la opinión y reviró a quien le preguntaba que mejor le hablara sobre eventos ocurridos en épocas de diversos mandatarios del pasado. Sólo 12 días después del suceso, la presidenta se refirió al tema para enmendar la plana a InfodemiaMX al reconocer que el hecho sí ocurrió. Infodemia mintió y metió en aprietos a su jefa.

Es difícil entender por qué una instancia especializada se atrevió a tachar de falso lo que muchos observadores afirmaron ver  y acreditaron con fotos y videos. Para expiar culpas, Infodemia emitió un comunicado en el que rectificaba su postura y ofrecía “una disculpa pública a los lectores y seguidores de esta plataforma”. 

Sin embargo, la ineficiencia y errores cometidos por los funcionarios responsables de una oficina de la Presidencia de la República, no tuvo ninguna consecuencia. ¡Vaya tolerancia!

El otro caso es más delicado porque en las mentiras se involucraron varios titulares de dependencias públicas, una gobernadora y la misma presidenta. La tardanza en reaccionar y reconocer la verdad del suceso tuvo consecuencias graves. Después de 60 días de ocurrir el derrame de petróleo en la sonda de Campeche, se supo de la manipulación de la información para negar las verdaderas causas del derrame y evadir toda responsabilidad de los funcionarios encargados de atender el caso.

Es impensable que con la tecnología actual no se hubieran enterado desde el inicio del derrame los funcionarios de Pemex y de la Secretaría de Marina. Fotos satelitales mostraban la mancha de crudo que crecía y se desplazaba en el Golfo de México. Ambientalistas, pescadores y medios habían dado la voz de alarma. Al estilo de la 4T, los titulares de Pemex y de las secretarías de Marina, de Energía y de Medio Ambiente minimizaron el caso y negaron que Pemex fuera responsable.

Con gran iniciativa, Rocío Nahle, gobernadora de Veracruz, repartió culpas: un barco fantasma, contratado por el gobierno de Enrique Peña Nieto, y emanaciones naturales, chapopoteras, fueron responsables del derrame que, según ella, sólo se trataba de “gotas y trazas” de petróleo. Infodemia, una vez más, negó el derrame.

Finalmente, y más de dos meses después de negar la existencia del derrame y de haber mal informado a la presidenta, resultó que la paraestatal fue la causante del derrame.

Según su director, Victor Rodríguez Padilla, a él y a los mandos superiores les ocultaron información. “Por eso no me enteré”, afirmó. ¿Se la ocultaron durante dos meses? Si es cierto, el funcionario no tiene autoridad ni capacidad para dirigir la empresa. Sus subalternos no lo respetan.

Otra vez, además de las mentiras, el problema es la desinformación en que trabaja el equipo de comunicación de la Presidencia de la República. Por eso dejan a la titular en la ignorancia y la exponen a decir falsedades en sus mañaneras. No la cuidan. Esto parecería hasta un descuido poco inocente. Y de responsabilidades y consecuencias, cero.

Algo tendrá que hacer la presidenta para ya no caer en situaciones comprometedoras que, tarde o temprano, la obligan a corregir sus propias afirmaciones.

Abril 22, 2026

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