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¡Qué cara está la vida!


Por Deborah Buiza

@DeborahBuiza


El otro día vi en un post en redes sociales la siguiente pregunta, que yo modifiqué un poco, pero iba más o menos así y hoy quiero ponerla sobre la mesa: ¿Cuánto te cuesta el ritmo y estilo de vida que llevas? Y no sólo en el aspecto financiero, sino ¿cuánto le cuesta a tu vida de pareja?, ¿a tu vida familiar?, y aún más importante ¿cuánto le cuesta a tu salud física, mental y emocional?

No siempre tenemos tiempo para observar la vida que llevamos; simplemente la experimentamos, nos dejamos llevar por el frenético ritmo que toma ante las responsabilidades, obligaciones, deudas y exigencias de altos estándares y la percepción del poco tiempo o de los recursos limitados.

Parece que vivir a la carrera es lo de hoy; entre más ocupados, mejor. Vivimos hiperocupados, hiperconectados y bastante saturados en busca de alcanzar o tener “algo más”, “algo mejor”; nos hemos comprado completo (y lo hemos escalado a otros niveles) el discurso de la excelencia, la alta productividad y eficiencia.

- Si es la pareja, queremos la superpareja, esa que sea siempre —y todo el tiempo nos proporcione— una maravillosa compañía y que las experiencias a su lado sean fabulosas, que sea super-responsable afectivamente, empático, comprensivo, apoyo y, además, un increíble compañero en la alcoba, con una conexión casi de fibra óptica en tanto la intimidad sexual, emocional y espiritual…

- Si es dinero, no sólo queremos tener dinero para cubrir nuestras necesidades y deseos, sino muchísimo para acumularlo… Si es casa, no sólo queremos la casita de nuestros sueños, sino una para vacaciones, otra para rentar y una más por si acaso… y además, laa queremos super-arregladas, amuebladas, equipadas…

- Si es familia, no sólo queremos ser una madre o padre, sino ser los mejores, los que nunca se equivocan y quienes aplican los mejores modelos de crianza todo el tiempo, que están super-presentes y tienen un increíble vínculo con sus criaturas…

- Si es una vida sana, queremos ser superfit, con alimentación supersana…

- Si es una vida feliz, queremos la vida hiperfeliz cotidiana y constantemente…(¿Cuánto nos cuesta tratar de alcanzar una vida así? ¿Cuánto dejamos de disfrutar la vida que tenemos ahora?).

Y, con todo, ponemos las varas demasiado altas, lo cual no sólo nos exige un sobreesfuerzo que, lejos de motivarnos, nos drena, frustra y enferma, sino que no nos permite disfrutar lo que sí hay, lo que sí tenemos, lo que sí hemos conseguido, lo que sí está a nuestro alcance.

Quizá no nos hemos dado cuenta y, con frecuencia, nos auto sobreexplotamos; sostenemos con todas nuestras fuerzas vidas que nos destrozan, que nos dejan agotados, lejos de nuestros seres amados y de nosotros mismos.

(¿Por cuánto tiempo podemos sostener este ritmo y estas condiciones, antes de rompernos?).

Necesitamos encontrar cómo ir a un paso más cómodo, en un trote que alcance pero no canse; como bajar el ritmo, permitirnos descansar, tener tiempos libres y tiempos muertos; tener tiempo para cuidar de nosotros, para disfrutar de lo simple.

Saber cómo intentar crear una vida en la que con frecuencia sintamos paz, alegría, satisfacción y momentos felices, divertidos, y no la exigencia del deber ser feliz y exitoso 24/7 x 365.

Debo aclarar que este no es un llamado a la mediocridad ni a dejar de fantasear con una vida de sueño tipo Hollywood. Más bien es un llamado a disfrutar de lo que tenemos y a encaminar nuestros pasos hacia una vida no sólo productiva en términos del capitalismo y el consumismo, sino a algo más simple, que nos permita gozar de salud mental, emocional y espiritual, cambiar una realidad que puede encadenarnos por otra que nos inspire y libere.

Y a ti ¿cuánto te cuesta la vida que llevas?

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