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¿Qué tan cómodo estás?


Por Déborah Buiza

@DeborahBuiza


Por razones que no vamos a explorar hoy, desde hace tiempo se ha hecho mala campaña a “estar cómodo” o a buscar tener algún tipo de “comodidad”, como si valiera más aguantar estoicamente la incomodidad o nos dieran más puntos por resistir o fuera más valiente dejar la comodidad para ir en busca de lo incómodo, pero si por un momento le quitáramos las connotaciones negativas y nos detuviéramos a preguntarnos ¿qué tan cómodo estás en el lugar donde te encuentras, qué responderías?

Recuerdo un día en una sesión en el que el terapeuta interrumpió lo que le estaba diciendo para preguntarme si me sentía cómoda en la manera como estaba sentada. Hasta ese momento yo no me había “dado cuenta” que había pasado más de diez minutos sentada al filo del sillón. Por supuesto que no era una posición cómoda, por lo que me instó a darme tiempo para sentarme como estuviera más cómoda, antes de seguir con lo que le estaba contando. Entonces me di a la tarea de acomodar los cojines para tener una mejor postura y, definitivamente, eso marcó una diferencia.

¿Cuántas veces permanecemos incómodos porque no nos damos cuenta de que lo estamos?

Sin pensar en la búsqueda de comodidad como algo que nos detenga o nos cause daño, sino en un tema de bienestar ¿qué podrías hacer para estar más a gusto? Si fuera posible eliminar la incomodidad de tu vida ¿qué pasaría?

Y no digo que a veces hay cosas que son inevitables e irremediablemente incómodas, pero hay otras que sí podemos modificar, pero que quizá no nos hemos percatado por estar inmersos en ellas, no “tomarnos” en cuenta o por no hacernos una sencilla pregunta: ¿cómo puedo estar más cómodo?

En el mundo y en el día a día hay bastantes cosas incómodas. ¿Valdría la pena procurarse y consentirse un poquito con tantita comodidad (aunque eso parezca o se sienta frívolo)?

Te propongo el ejercicio de revisarte y revisar los espacios donde habitas y preguntarte qué tan cómodo te sientes ahí y si pudieras modificar algo para estar mejor.

¿La ropa y el calzado que frecuentemente utilizas te resulta cómodo? ¿Tu cama es tan cómoda que te permite un descanso reparador? El lugar que siempre ocupas para comer ¿es el que más te gusta...?

A veces sólo es cuestión de modificar pequeños detalles que no requieren mucha inversión de recursos; otras, tal vez requieran un poco más, pero sin duda puede valer la pena… ¿Y si lo intentas?

Sin llegar a la exageración de la búsqueda única y exclusivamente del placer por el placer y sólo del placer, me parece que sí podríamos buscar cómo procurarnos mayor comodidad en nuestros días, en tratarnos bonito, en privilegiar momentos que nos brinden placer y bienestar. Y ya en un plus, extender estas acciones a la gente que amamos y nos importa ¿cómo podríamos hacer su experiencia más agradable, más confortable?

Y tú ¿qué podrías hacer para estar más cómodo en los lugares donde te encuentras?

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