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Rubén Rocha quiere más

Actualizado: 28 jul


Por Omar Garfias

@Omargarfias

 

Ernestina Godoy es fundadora de Morena y candidata de ese partido en tres ocasiones, la más reciente en 2024. No tiene estudios de posgrado en Derecho ni especializaciones en investigación y persecución del delito. Como actual Fiscal General de la República le tocó investigar a Rubén Rocha Moya, su compañero de movimiento. Ya dijo que no encontró nada.

Según el Instituto Nacional de Geografía y Estadística (INEGI), en 2025 el porcentaje de percepción de corrupción sobre la Fiscalía General de la República fue de 57 por ciento, y en 2024 el 94 por ciento de los delitos enterados a la FGR y a la Fiscalía estatal en Sinaloa quedaron impunes.

En caso de que la investigación sobre el doctor Rocha se hubiera llevada ante el Poder Judicial Federal habría caído en el ámbito del nuevo magistrado de lo penal, electo por acordeones distribuidos a los votantes, quien destaca en su currículum haber sido colaborador en la campaña del gobernador con licencia y candidato a presidente municipal de Elota por el Partido Verde.

La aplicación de la justicia federal del caso Rubén Rocha está en manos de sus compañeros de luchas políticas y electorales.

Si hubiera acusaciones de delitos del fuero común que lo inculparan, las investigaciones debería hacerlas la Fiscalía General del Estado de Sinaloa, la misma que montó un falso video sobre el asesinato de Héctor Melesio Cuén.

Si el caso llegara al Poder Judicial estatal estaría en el ámbito de los jueces y magistrados seleccionados por el senador Enrique Inzunza Cázarez.

La aplicación de la justicia estatal del caso Rubén Rocha está en manos de sus subordinados, descalificados éticamente por la propia FGR.

El Departamento de Justicia de los Estados Unidos solicitó la detención del doctor Rubén Rocha Moya a partir de una acusación formal emitida por un Gran Jurado federal en el Distrito Sur de Nueva York.

El Gran Jurado, integrado por ciudadanos independientes, respaldó la acusación por presuntos delitos de narcotráfico, conspiración, uso de armas y asociación con el crimen organizado.

Una vez que se ejecute la detención provisional solicitada, el Departamento de Justicia de los Estados Unidos tiene 60 días para presentar las pruebas necesarias para iniciar el proceso de extradición. Como el doctor Rocha no ha sido detenido, no se ha iniciado el plazo de presentación de documentos y testimonios probatorios, según establecen los artículos 3 y 11 del tratado firmado por ambos países.

La doctora Claudia Sheinbaum ha apelado a la soberanía para no hacer la detención y los militantes de Morena sostienen que no hay sustento en las acusaciones contra Rocha y todo se trata de una conspiración de la derecha internacional. Es una víctima inocente, dicen.

La aplicación de la justicia en un país que resiente los delitos del caso Rubén Rocha está en manos de las decisiones de la presidenta, quien privilegia proteger a la élite en el poder.

A la invulnerabilidad contra la aplicación de la justicia, Rubén Rocha suma que mantiene el control del gobierno estatal. La gobernadora interina no se atreve ni a usar el espacio de comunicación con la población conocido como la conferencia semanera.

El control del Congreso del Estado es también una garantía de impunidad que le permite proseguir con el proceso de aprobación de una ley que disminuirá las posibilidades de que los ciudadanos accedan a la información sobre lo que hace el gobierno.

Dentro de Morena no hay una sola crítica. Ni siquiera se atreven a diferir sutilmente con alguna medida o política de gobierno. Las señales de continuidad están proclamadas en todo lo alto.

Los vínculos con el crimen organizado no son rechazados y sus apoyos son consentidos. Hasta el ex jefe policiaco municipal de Escuinapa —capturado incidentalmente junto con un presunto delincuente—, fue respaldado públicamente por el alcalde de la cuarta transformación.

Sabiéndose intocable, ahora Rocha Moya tantea el terreno para volver a la Gubernatura. Quiere hacer la mayor demostración de poder: humillar a los insolentes inconformes con su trabajo.

La arrogancia de quienes se sienten invulnerables se llama hubris. Es más que soberbia. Es la convicción de que su poder puede vencer cualquier límite, ignorar cualquier advertencia y desafiar cualquier realidad.

Su impunidad proclama que no importan las consecuencias de su gobierno. Demuestra que el pacto con el crimen organizado, hábilmente administrado, da riquezas y poder. Es una lección de vida para jóvenes y niños. Exhibe cómo se triunfa en Sinaloa.

El espectáculo de los acarreados en las precampañas adelantadas lo convierten en la escenificación de su dominio sobre quien necesita una despensa o una promesa de ayuda futura.

El discurso en las calles es tajante: hay un enemigo que no debería existir. Los precandidatos no exponen que los críticos de Rocha Moya son sinaloenses que proponen políticas equivocadas. No. Argumentan que es la intrínsecamente mala derecha la que quiere perjudicar al pueblo.

Los videos muestran cómo dicen que el problema de Sinaloa es que hay opositores. Al crimen organizado ni lo mencionan.

En la historia, ese discurso siempre escala. Al superar a los adversarios armados, sigue con los desarmados. Ya está implantada la justificación para hacer lo que sea para mantener el poder.

Ensoberbecido, Morena no toma en cuenta las lecciones básicas de las crisis: los grandes poderes a veces se derrotan a sí mismos. Caen porque dejan de entender sus errores. Así se derrumban los héroes trágicos que creen haberse convertido en dioses.

El poder no exime de la realidad de que, como gobierno estatal, no tienen logro alguno en ninguna materia y que su relación con el crimen organizado ha causado un profundo daño a Sinaloa.

El respaldo de Sheinbaum no los disculpa del hastío de la gente ni del veredicto popular de que son un narcogobierno.

La oposición está en cada gente inconforme callada en sus casas. Su hubris no les deja verlos.

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