El fin de "La Niña" no es alivio; es la antesala de escenarios extremos
- migueldealba5
- 9 abr
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Actualizado: 12 abr
Por Miguel Ángel de Alba
@migueldealba
Los modelos meteorológicos a largo plazo predicen un “super” El Niño, que podría ser el fenómeno más fuerte en más de un siglo, al considerar sus efectos extensos y de gran alcance al influir en sequías, inundaciones, hielo marino, huracanes y calor extremo en todo el planeta. Entre más intenso sea El Niño, más persistentes y generalizados serán sus impactos.
En un webinar auspiciado por Covering Climate Now y Climate Central, David Dixon, meteorólogo y coordinador de participación televisiva en la organización Covering Climate Now; Jeff Berardelli, meteorólogo jefe y especialista en clima en WFLA en Tampa, Florida; Tom Di Liberto, científico climático y director de medios en Climate Central, quien anteriormente trabajó como pronosticador de ENSO para la NOAA, y Shannon Mullane, periodista que cubre la cuenca del río Colorado y el oeste de los Estados Unidos para The Colorado Sun, analizaron la ciencia tras El Niño – Oscilación Sur (ENSO) y cómo este patrón climático extremo podría llevar las temperaturas globales a niveles récord.
En la sesión informativa se destacaron los numerosos impactos climáticos que se prevé podrían producirse entre 2026 y 2027, al comparar eventos anteriores de El Niño.
La Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA) confirmó el fin del fenómeno climático La Niña, lo que dio paso a una fase neutral del sistema ENSO. Sin embargo, la calma podría durar poco pues existe una probabilidad significativa de que El Niño se forme hacia mediados del verano y podría alcanzar intensidad fuerte e incluso muy fuerte.

¿Qué pasa en el Pacífico?
El sistema ENSO es uno de los principales reguladores del clima global cada año. Actualmente, La Niña terminó oficialmente; el océano Pacífico muestra condiciones neutrales, pero bajo la superficie una gran masa de agua cálida avanza del oeste al este, señal clásica del desarrollo de El Niño.
Los modelos del Climate Prediction Center estiman 60 por ciento de probabilidades de que se forme El Niño entre mayo y julio; alta probabilidad de que se mantenga durante el invierno del hemisferio norte, y aproximadamente una de cuatro probabilidades de que sea un evento muy fuerte.

"Super" El Niño
No es sólo “agua caliente en el Pacífico”, sino un efecto dominó global, ya que cuando ese calor se desplaza, altera corrientes atmosféricas, patrones de lluvia, formación de tormentas y temperaturas globales. En pocas palabras, cambia el tablero climático completo.
Debido a ello se esperan impactos globales como más calor, ya que los científicos advierten que un El Niño fuerte puede disparar las temperaturas globales. Podría haber anomalías de 1.6 grados Celsius (°C) o más sobre los niveles preindustriales; el fenómeno liberaría calor acumulado del océano hacia la atmósfera, lo que, combinado con el calentamiento global, actúa como “esteroides climáticos”.

El planeta ya está caliente… pero El Niño aumentará el calor
También podrían producirse sequías y lluvias extremas, toda vez que los efectos de El Niño no son uniformes. Se prevé que estarían más secas de lo normal áreas de Centroamérica y El Caribe, el norte de Sudamérica, el sudeste asiático y partes de África.
Más húmedo de lo normal estarían algunas zonas del sur de los Estados Unidos y regiones del este de África, lo que puede provocar crisis hídrica, incendios forestales, inseguridad alimentaria e interrupciones económicas (incluso en el comercio global), como ocurrió recientemente cuando el Canal de Panamá sufrió afectaciones por sequía durante el último evento de El Niño.
En el Atlántico se espera una temporada ligeramente por debajo del promedio, porque El Niño genera más cambios en la dirección o velocidad del viento (cizalladura), lo que dificulta la formación de tormentas, pero los científicos advierten que un solo huracán puede ser devastador, aunque sea una temporada “tranquila”.

Agua caliente bajo la superficie
Lo más preocupante no está en la superficie, sino debajo, donde hay una gran reserva de agua cálida acumulada que emerge y se desplaza hacia el este, proceso reforzado por cambios en los vientos (los llamados westerly wind bursts).
Los científicos están en alerta porque los ingredientes están sobre la mesa: agua cálida acumulada, cambios en los vientos, modelos climáticos consistentes y Señales oceánicas típicas de eventos fuertes, además de que es raro tener semejante claridad en un pronóstico con tantos meses de anticipación.
Los expertos coinciden en algo importante: El Niño no crea todos los eventos extremos… los intensifica; funciona como un multiplicador de riesgos en un planeta ya calentado por emisiones humanas; permite anticipar impactos con meses de ventaja.
Los impactos podrían reflejarse en la salud pública, la agricultura, la energía, migración y economía, porque todo está conectado.
La Niña terminó. El Niño viene en camino. Y podría llegar con fuerza. Se sabe que cada evento es distinto, pero cuando los científicos empiezan a usar palabras como “fuerte” o “muy fuerte” con meses de anticipación… es conveniente escuchar, porque el clima no avisa dos veces.




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