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Seguirá la evolución del SARS-CoV-2 al presionarlo con nuevas vacunas: OMS

El SARS-CoV-2 es un virus que ha mutado más rápido de lo que se esperaba; que tuvo una exitosa adaptación al ser humano; que se transmite cada vez más fácil; que puede acelerar sus cambios al ser presionado con vacunas más dirigidas, como las bivalentes; que tiende a ser menos agresivo y va rumbo a sumarse a la constelación de virus respiratorios estacionales.

Ese es el retrato actualizado del SARS-CoV-2 desde la perspectiva evolutiva del principal experto en virus de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), Jairo Méndez Rico, Ph. D., asesor regional de Enfermedades Virales, entrevistado en exclusiva en Buenos Aires, Argentina, por Medscape en español.

¿Cuál es su valoración de las vacunas contra COVID-19 que se han aplicado hasta ahora?

Definitivamente, han servido y han funcionado muy bien. Disminuyeron dramáticamente los casos graves y las muertes. Por supuesto, no son perfectas. Sabíamos desde el comienzo que iba a seguir habiendo casos de transmisión, incluso en vacunados.

¿No había una expectativa inicial de que pudieran bloquear mejor la transmisión?

Cada vez que hacemos algo que presiona al virus a evolucionar, va a tratar de cambiar para evadir la respuesta y por eso sigue infectando. Es un proceso evolutivo normal. Los virus tienden a evolucionar para hacerse más transmisibles y poder subsistir, pero no se vuelven más agresivos. Eso es lo que hemos visto. Por eso, cada vez tenemos variantes que se transmiten muy rápidamente e incluso pueden generar infecciones porque son capaces de evadir la respuesta inmune, pero no generan enfermedad más grave ni matan más. Era muy previsible que hubiera reinfecciones, no fue una gran sorpresa. Fueron cosas que estudiamos sobre la marcha, porque no teníamos toda la evidencia. Podemos decir, con toda seguridad, que la vacunas funcionan: aun si una persona se puede reinfectar [después de tener una infección previa] de manera natural o vacunada, la posibilidad de que esté grave o muera es muy baja.

¿Qué pasa con las vacunas bivalentes, como la que acaba de aprobar el Reino Unido?

Se ha discutido en grupos de trabajo de la Organización Mundial de la Salud (OMS). En este momento, la evidencia demuestra que, como están, las vacunas funcionan y lo hacen bien. Una vacuna bivalente —que incluye un componente específico para una variante— puede funcionar eventualmente como refuerzo. Ahora no hay indicación de que sea necesario, aunque, si está disponible, se puede aplicar como refuerzo para proteger un poco más sobre algunas variantes. Sin embargo, hay que tener mucho cuidado: cuando lo presionamos, el virus va a seguir su evolución. Por eso, si hago una vacuna un poco más dirigida contra ómicron, es probable que esta variante baje, pero abre la puerta para que otras variantes del virus puedan venir a ocupar ese nicho.

¿Esa otra posible variante sería más transmisible y benigna; hay manera de anticiparlo?

Como virólogo, siempre pienso en los procesos de evolución virales. Los virus tienden a evolucionar hacia ser muy transmisibles, porque necesitan un cuerpo humano, una célula viva, para poder replicarse. Necesitan ser muy exitosos en transmitirse, porque es la manera de mantenerse en la naturaleza. Si matan a un individuo [huésped] muy rápido, no van a tener dónde vivir. Por eso es muy difícil tener una pandemia con virus como el del ébola, porque mata tan rápido que no tiene tiempo de transmitirse, evolucionar y adaptarse al humano. El virus de COVID-19 está completamente adaptado al humano; ha tenido un proceso de adaptación muy exitoso, en el que se transmite cada vez más fácil, a la vez que genera más mecanismos de evasión de la respuesta inmune para subsistir.

Es probable que aparezcan nuevas variantes que se puedan transmitir mejor, pero pienso que no van a ser más agresivas, que no van a generar una enfermedad más grave o van a ser más mortales. Seguramente serán mucho más controlables con las vacunas y otras medidas que también son buenos para otros virus, como la influenza, que están a la vuelta de la esquina.

Sin la vacunación masiva ¿ómicron no habría aparecido?; ¿cómo habría sido la evolución natural del SARS-CoV-2 sin vacunas?

El proceso de evolución del virus causante de COVID-19 ha sido bastante disperso. No ha sido solamente guiado por la respuesta inmune, por las vacunas, sino por otros factores. Por ejemplo, en aquellos países donde hubo restricciones muy severas y el virus dejó de circular por un tiempo, en el momento en que se le dio la oportunidad, empezó a evolucionar muy rápidamente, generó diversos sublinajes y subvariantes en muy corto tiempo. Algunos virus que tenemos en este momento no provienen de una misma raíz, sino que han empezado a "microevolucionar", dependiendo de la región geográfica, lo cual significa que hay un componente de cómo se vivió en cada país y área geográfica que ha modelado un poco la manera en que el virus se ha venido comportando. Es el mismo virus, pero con una capacidad de evolucionar que fue más rápida de lo que esperábamos. Se empezó a diversificar muy rápido. Y cuantas más oportunidades le damos de transmitirse, más posibilidad tiene de mutar.

¿Se han combinado, entonces, vacunas que presionan para mutar y altos niveles de transmisión?

No sólo las vacunas. La respuesta inmune de las personas infectadas también presiona al virus para que cambie. La vacuna, en todo caso, le pone una capa adicional. Todos esos factores son lo que llamamos "presiones de selección" y hacen que el virus vaya cambiando.

¿El SARS-CoV-2 se va a sumar a los virus respiratorios estacionales con los que ya convivimos?

Es el escenario más probable. Es un virus que ya está muy bien adaptado al humano, por lo que seguramente seguirá circulando, aunque no sabemos si va a ser una circulación por temporadas, como la influenza, o si se va a mantener en algunos grupos de riesgo en particular... Esos aspectos epidemiológicos las vemos y aprendemos ahora. Lo más probable es que el virus haya llegado para quedarse y, precisamente, parte de lo que hacemos ahora y a futuro es integrar la vigilancia de la influenza con la de la COVID-19 y otros patógenos respiratorios ya conocidos.

¿Podría haber en el futuro una vacunación estacional similar a la de la influenza para COVID-19, con la composición de las vacunas ajustadas a las variantes circulantes?

Es muy probable. Hacia allá van los estudios. Por eso vemos cuál es la dinámica de producción de respuesta inmune y de protección: cuánto dura la protección —según la combinación y el tipo de vacuna y el antecedente o no de la infección, lo que se llama "inmunidad híbrida"—, que podría dar un poco más de tiempo. Hacemos todos esos estudios y eso nos permitirá formular la recomendación de tener una vacunación periódica, como la de la influenza, por temporadas, por hemisferios, con una composición de las vacunas que puede depender de lo que vaya sucediendo en el futuro. Es probable que vayamos hacia allá.

Un virus de esas características ¿nos tiene que dejar de preocupar?

No diría eso. Lo que nos ha mostrado la COVID-19 es que, cuando pensamos que ya todo está bien, el virus encuentra siempre un camino y debemos estar preparados. Hay que poner en marcha lo que ya aprendimos y seguir trabajando en el control. Es un momento clave para no bajar la guardia. Cuando el virus empieza a bajar, también puede ser el momento en el que la gente se descuida más y ese puede ser el escenario perfecto para que el virus vuelva a subir su transmisión. Si bien eso no implica necesariamente que vaya a ser más agresivo o matar a más gente, es una enfermedad y tenemos que ser capaces de mantenerla controlada para evitar que se saturen los sistemas de salud y para que las personas puedan seguir trabajando. No se trata de estar menos preocupados, sino de estar vigilantes en todo momento.


Jairo Méndez Rico, Ph.D., es asesor regional de Enfermedades Virales en el Departamento de Emergencias en Salud de la OPS/OMS en Washington D. C., Estados Unidos.

("Hay que tener cuidado con las vacunas bivalentes: si presionamos al SARS-CoV-2, seguirá evolucionando", dice virólogo de la Organización Panamericana de la Salud - Medscape - 18 de agosto de 2022.)

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