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Sinaloa equitativa, democrática, segura y próspera



Por Omar Garfias

@Omargarfias


Nuestra sociedad no se derrumba. Se sostiene agarrada de algunos sectores muy exitosos, pero ya es inocultable la debilidad del campo y la pobreza urbana. Como un viejo campeón, fingimos fortaleza ante los golpes que nos asesta la inseguridad, pero nos preocupa mucho el futuro.

Vienen las elecciones.

Sin proponerse, antes que todo, abatir la desigualdad y la pobreza, cualquier propuesta política es hueca, intrascendente, habla de otro mundo.

Hay 525 mil sinaloenses en rezago educativo; 820 mil sin acceso a los servicios de salud, y un millón 208 mil sin seguridad social.

Sin proponerse democratizar seguiremos encadenados a los grupos que han capturado instituciones, potencialidades y la vida pública.

Se han achicado los espacios para que las distintas voces y los diferentes intereses que componen la sociedad influyan en las decisiones del poder.

El proceso electoral no es pacífico; los contrapesos ejercen débilmente su función de control, evaluación y denuncia; la opinión pública y la sociedad civil están mayormente excluidas de las esferas donde se determina el rumbo estatal y las demandas sociales no tienen cauce.

Un ejemplo de nuestra disfuncionalidad democrática se puede apreciar en el caso de la justa causa de las madres buscadoras: están prácticamente solas, evadidas por los partidos políticos, defraudadas por las administraciones de justicia y por la gubernamental y sin respaldo efectivo de la sociedad. No las acompaña la suficiente acción social que requiere su importantísima demanda.

Aquí, el que tiene algún tipo de poder hace lo que se le antoja.

Sin proponerse garantizar la seguridad pública y desarrollar un proyecto económico profesional, no volveremos a ser ejemplo de prosperidad.

Todos contamos historias terribles en voz baja.

En PIB per cápita estamos en el lugar 18 en el país y crecemos por debajo del promedio nacional.

No hay bienestar para la mayoría. Hay miedo y dificultades económicas.

Es posible vivir de otro modo.

Las campañas electorales son el momento para deliberar sobre una vida diferente.

La desigualdad ha generado altos contrastes. Un Sinaloa paraíso de gran lujo, refrigerado y elitista que, para la quinceañera de la familia presidencial, es un ensueño donde celebrar su cumpleaños, y otro Sinaloa infierno de 17 mil casas con pisos de tierra, caluroso y violento para las adolescentes de las colonias populares.

Es fundamental entender que el reclamo contra la desigualdad no es una solicitud para no trabajar.

Es falso que el beneficiario de los programas sociales dejó de laborar por recibir su apoyo. El 80 por ciento está en edad no laboral: son adultos mayores o estudiantes.

Los montos no son suficientes para que una persona se retire: tres mil pesos mensuales.

La solución es una política social que ayude a quien lo necesita; democratice la productividad y garantice niveles básicos de educación, salud, vivienda, servicios, alimentación, seguridad social e ingreso para todos.

Concentrar y aumentar los apoyos en quienes no tienen pensión o la que tienen es insuficiente para vivir, y en los jóvenes que corren riesgo de desertar.

Impulsar la productividad del sector informal que emplea al 53 por ciento de las personas ocupadas, pero sólo produce el 26 por ciento del producto interno bruto.

Ocuparse de que todo sinaloense pueda estudiar, atender su salud, habitar una vivienda digna, contar con los servicios básicos, tener una alimentación nutritiva y de calidad y acceder a seguridad social.

El autoritarismo ocasiona injusticia y malos resultados en la sociedad.

La existencia de poderes fácticos, por encima de la regulación social y la transparencia, ahonda el abuso y la inoperancia.

Es necesario censurar y combatir la existencia de “dueños” de partidos, escuelas, territorios, instituciones, etc.

Es fundamental fomentar las actividades de vigilancia, control, denuncia, evaluación y obstrucción democráticas por parte de los organismos correspondientes, la opinión pública y las instancias ciudadanas.

Es importante fomentar y alentar la organización de las personas que no son parte de la sociedad política (partidos y gobierno) para que tengan visibilidad y representación sus aspiraciones y proyectos; esto es, consolidar la sociedad civil.

La seguridad pública y el desarrollo económico son dos pilares de la calidad de vida del estado.

Es esencial construir políticas públicas en ambos sentidos.

Abandonar la inercia y planear acciones de gobierno con base en evidencia.

Los malos resultados dan cuenta que se necesita una profunda revisión y no solo seguir, por obediencia política, lo que determinen las lejanas oficinas del gobierno central.

El deterioro del campo no debe continuar.

Es posible vivir mejor.

Es posible salir adelante.

Es posible ser una sociedad equitativa, democrática, segura y próspera.

No lo somos.

Podemos serlo.

De eso se tratan las elecciones.

No de lo que quieren ser un puñado de políticos.

Se trata de lo que queremos ser todos.

Usted decide.

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