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Tren con estación


¡Qué hay de nuevo… Viejo!


Por Araceli Mendoza

@Arinmaldoza

Dos mil veintidós se fue y ahora tenemos 365 días para saber qué proyectos tenemos. Las fiestas, los abrazos, las risas, los regalos también ya quedaron atrás; ahora, la creatividad de cada uno debe traer cosas que motiven día a día.

Tal vez iniciar el ahorro para unas vacaciones… Ser más organizado con el dinero es más importante que nunca, porque administrar los recursos es todo un reto.

Recordaremos cosas buenas —o no tanto— del año que ya se fue. A veces iniciar un año nos asusta porque no sabemos cuales serán los retos a vencer.

Es como cuando te subes a un tren y ves el paisaje: es hermoso, con un río o un lago, una montaña, y muchas cosas que no conocíamos o no sabíamos que estaban ahí, como los colores de la tierra, del agua, del cielo… El tren sigue su curso y sólo se detiene en las estaciones, donde suben y bajan personas.

Son personas con prisa por llegar al trabajo o a una cita importante. Hoy se vive tan rápido que muchas veces no disfrutamos del entorno; nos abruman tantas cosas, que nos impiden ver con claridad hacia dónde vamos. El tren sí sabe a dónde va y cada estación está programada. Así deberíamos programar la vida, con calma, sin caer en la apatía o en la irresponsabilidad.

Podría hacer una comparativa con el ascenso y descenso de pasajeros; así la vida: subes y bajas con las emociones.

Hay estaciones muy especiales, como la que siempre estaba llena de familiares: primos, tíos, sobrinos, abuelos… Las reuniones eran padrísimas y los paseos eran dignos de disfrutar y de recordar.

Pero con el tiempo la estación se deterioró. Hoy no tiene luz; murieron las personas que unían a la familia; eran personas sin prisa, que sólo querían juntar a la familia.

La estación está abandonada porque, además, esas familias que la frecuentaban hoy están distanciadas por diversas razones: la herencia, el maltrato a los padres. Esa estación era envidiable porque siempre tenía luz propia y siempre recibía a todos.

¿Sería un espejismo esa estación? ¿Realmente las personas pueden acabar con un tren, con una estación que se veía fuerte, resistente a todo? La intriga, el dinero, las mentiras, las máscaras, ¿pueden hacer tanto daño, al grado que muchas personas prefieren reunirse con amigos y no con la familia? ¿Por qué desaparecen las familias?

La casa de los abuelos o de los tíos era grande, muy grande. Se podía jugar futbol, escondidillas y muchos otros juegos, todos al mismo tiempo. Hoy los departamentos son tan pequeños que es difícil invitar a alguien.

Es bueno recordar. Súbete a un tren —real o imaginario— que te lleve a un lugar bonito, con paisajes hermosos, con emociones reales, con sentimientos y con amor.

quehaydenuevoviejo760@yahoo.com.mx

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