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Trump y su cruel intervencionismo en Latinoamérica



Texto e imagen © Fernando Silva


La perversa concepción dogmática del actual presidente de los Estados Unidos de América, en liga vituperable con sus dirigentes republicanos, evidencia cómo manifiestan con mendacidad, hipocresía y desvergüenza a sus gobernados que sus decisiones brindan protección, estabilidad, fiabilidad, libertad, justicia no sólo en su nación, sino en el mundo, sin importar los métodos o medios empleados, revelando intenciones no precedidas por la razón, sino por una endiosada petulancia que intensifica su trastocada y pérfida moral para acometer ese criminal modelo de gestión con múltiples actos de represión, provocando terror y destrucción, particularmente contra los habitantes, edificaciones y patrimonio cultural de países que tienen generosos recursos naturales.

Lo calamitoso es que tal menesterosidad racional es secundada por un alto porcentaje de crédulos conterráneos y, peor aún, por adoctrinados conciudadanos que consideran pasadera su complicidad.

En este entendido, tener presente que en los múltiples intervencionismos realizados en Latinoamérica y el Caribe por EEUU han contado con la ilícita participación de la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por sus siglas en inglés), la Administración para el Control de Drogas (DEA, por sus siglas en inglés) y por sus fuerzas armadas, bajo el «amparo» de la injusta Doctrina Monroe —aquel apartado del mensaje expresado por el ex presidente James Monroe al Congreso de los Estados Unidos de América el 2 de diciembre de 1823— en el que se exteriorizaron las ideas:

a) Principio de panamericanismo: Tanto Norteamérica como Latinoamérica formaban parte de una zona, «el hemisferio occidental», con un sistema político propio y sin ninguna relación con las potencias europeas.

b) Principio de no intervención: Norteamérica consideraba como una amenaza para su paz y seguridad cualquier intento por parte de las potencias europeas de intervención en la zona.

c) Principio de no colonización: Norteamérica, además, consideraba como una amenaza para su seguridad cualquier intento por parte de las potencias europeas de colonización en esta región del mundo.

Convenientemente, tal doctrina ratificó sus principios fundacionales y, para quienes desde entonces han tenido influencia en los sectores geoeconómicos y geopolíticos, se ha conformado en parte integral de sus dictámenes sobre la política exterior norteamericana, misma que perniciosamente sintetizaron en la frase «América para los americanos».

No obstante que inicialmente se usó como advertencia contra el colonialismo europeo, en la actualidad malamente se pondera como «América para los estadounidenses», que parece lo mismo pero no son iguales, para escudar su disparatada hegemonía y sus lacerantes intervenciones en América Latina.

Para conocer y entender cómo nos afecta el proceder de desquiciados personajes desprovistos de sentido moral que representan a la derecha recalcitrante y a oligarquías cuyo objetivo es revivir e implementar las doctrinas del nazismo promoviendo la opresión, el odio, la discriminación y la violencia, tenemos a uno de sus mejores representantes: el empresario, economista, personaje televisivo y político conservador que responde al nombre de Donald John Trump, individuo declarado culpable en 2023 —en casos civiles— por abuso sexual, difamación y fraude empresarial, y un año después culpabilizado penalmente por falsificar documentos comerciales, convirtiéndose en el primer presidente estadounidense condenado por un delito grave.

Asimismo, el 20 de enero de 2025, posterior a convertirse en el segundo presidente en ejercer dos mandatos no consecutivos, recibió una condena sin pena de prisión y dos acusaciones por otros delitos en su contra (retención de documentos clasificados y obstrucción de las elecciones de 2020) que fueron indebidamente desestimadas.

En diciembre de 2025 su nombre apareció repetidamente en los miles de documentos puestos a disposición del público, en los cuales abundan correos electrónicos en los que diferentes personas enlazan noticias relacionadas, por ejemplo, con los viajes que realizó en el avión privado de Jeffrey Edward Epstein e, incluso, el testimonio de alguien que mencionó a una mujer que aseguró haber sido violada por el hoy presidente de los Estados Unidos de América.

Y en el 2026 es considerado cómplice de genocidio, al proporcionar apoyo militar y logístico al primer ministro israelí Benjamín Netanyahu.

Con tan singular currículum, este malévolo presidente, para encubrir sus malintencionadas acciones y su terrorismo de Estado, centra la atención social con una narrativa cargada de ojeriza e insultos utilizando medios corporativos de información intencionadamente manipulados a su servicio, particularmente, en su propia red social Truth Social, lo que le permite a este portento de altanería difundir asechanzas con cínica procacidad.

Asimismo, en evidente síndrome catatónico, propagó su agenda America First (América Primero), enfatizando un retorcido nacionalismo estadounidense. Además, el 20 de enero de 2025, en su primer día de mandato, exigió a su secretario de estado, Marco Antonio Rubio (de ascendencia cubana), identificar a cárteles y otras corporaciones para designarlas como organizaciones terroristas extranjeras (FTO, por sus siglas en inglés) o terroristas globales especialmente designados (SDGT, por sus siglas en inglés).

El asunto es que las actividades de los «cárteles identificados» no cumplen con las definiciones legales de actividad terrorista, amenazando de esta manera la inmunidad de millones de ciudadanos estadounidenses y mexicanos, entre otros, así como la soberanía de algunas naciones latinoamericanas.

Un año después, enero de 2026, en una consecuencia lógica que se dedujo a partir de hechos previamente demostrados, el Departamento de Justicia publicó un expediente con parte de los correos electrónicos que funcionarios del Buró Federal de Investigaciones (FBI, por sus siglas en inglés) recopilaron en 2025, en un resumen de más de una decena de pistas recibidas por la agencia en relación con actos de pederastia entre Trump y Epstein.

Sin duda, ese constante intervencionismo y terrorismo hacia Latinoamérica, generado por el conjunto de polémicas resoluciones o acuerdos que ha tomado el presidente número 47 de los Estados Unidos de América sin previo examen, deliberación ni autorización de su congreso, permite observarlas con detenimiento, reflexionarlas y deducir la gravedad de las consecuencias que genera a los países de la región en materia de desarrollo, derechos humanos, garantías y libertades fundamentales —que nos protegen frente a los Estados—; las facultades y prerrogativas de carácter económico —que forman parte del patrimonio sociopolítico en cada sociedad—; la libertad de intercambios —importaciones o exportaciones— sin restricciones de bienes y servicios entre dos o más países; el equilibrio ecológico, la protección al medio ambiente, los derechos de los animales y especies vegetales, la salvaguarda y gestión del patrimonio cultural material e inmaterial…

No hay tiempo que perder. Seamos responsables y levantemos la voz, la dignidad y nuestra calidad humana en pro del bienestar general.

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