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Van 730 días de pandemia, no dos años



Por Carol Perelman

@carol_perelman


¿Cómo mides el tiempo..?

… en horas de incertidumbre,

… en meses de encierro,

… en tuits y whatsapps compartidos,

… en planes cancelados,

… en zooms tan hartantes,

… en casos confirmados,

… en cubrebocas usados,

… en tapetes sanitizantes,

… en panes horneados,

… en curvas no aplanadas,

… en pruebas realizadas,

… en personas recuperadas,

… en familiares con miedo,

… en pacientes con secuelas,

… en colegios reabiertos,

… en mensajes a los médicos,

… en vacunas aplicadas,

… en desinformación propagada,

… en antivirales ya probados,

… en recomendaciones dadas,

… en estudios publicados,

… en rutinas recuperadas,

… en nuevos hobbies aprendidos,

… ¿o en días?

Porque, sin duda, la pandemia por COVID-19 no puede ser medida en años. En segundos, minutos, horas y hasta en días, pero no en años. Es demasiado pronto. Hacerlo sería un intento demasiado simplista, una aberración insultante, especialmente hoy, cuando todo sigue tan fresco.

Ha sido tanto lo vivido y lo sentido que encapsularlo en frascos de años se siente inadecuado. Es como tratar de rellenar un tubo de pasta dental luego de haberla desparramado. Todavía hay que digerirlo con calma, a cucharadas, no de un bocado; el sólo hecho de pensarlo me hace sentir náuseas, sentirme atascada, atragantada. Finalmente, esta pandemia la vivimos día a día; para muchos, esa fue nuestra mejor estrategia.

Y es que, al menos para mí, esa técnica, robada de los programas de AA para la rehabilitación de adicciones, me permitió enfocarme sin perder el contexto y no sentirme aplastada con lo que pasaba. Especialmente en un inicio, cuando lo único seguro era la incertidumbre. Vivir día por día me mantuvo a flote.

Así, hemos llegado a 730 días de pandemia; 730 días de dolor, de trabajo, de compromiso, de frustración, de aprendizajes, de análisis, de errores, de aciertos, de predicciones, de avance, de riesgos y de toma de decisiones. Tantos días como sus respectivas noches que, con dedicación, convertí en 107 textos, 62 entrevistas a especialistas, 69 pláticas y conferencias, 11 coberturas para medios escritos, 121 para radio y televisión, 33 infografías y videos informativos, 4 artículos científicos y 1 cuento infantil. Una labor de la que estoy sumamente satisfecha, pero especialmente agradecida.

Se dice que la historia se entiende desde el futuro, y no me cabe duda. Ni el mejor futurista hubiera podido bromear aquel 11 de marzo de 2020 que 730 días después seguiríamos en esto. Claro que estamos en otra etapa y con otros pronósticos, pero el virus sigue matando a miles de personas, siendo un gran riesgo para muchos y dejando secuelas persistentes a su paso. No hay duda que, aunque hemos retornado a actividades cotidianas, esenciales y recreativas, aún hay mucho trabajo por hacer.

Al escribir este texto mi primer sentimiento es la nostalgia. Mucha melancolía, tristeza y frustración. Nos dimos a conocer en la pandemia. No miraré a varios de la misma forma. La emergencia hizo que mostráramos nuestras mejores cualidades y nuestras peores fallas. Lo que sí, siempre queda la duda de si hubiera podido hacerlo mejor, diferente. Pero el hubiera no existe.

Sin duda me invade un mar de gratitud. Esto no lo hice sola. Estoy agradecida infinitamente con mi familia, mi esposo, papás e hijos; también con tantos viejos, pero sobre todo nuevos, amigos, colaboradores, científicos, médicos, de los cuales he aprendido mucho y con los que, haciendo equipo, entendimos cómo servir mejor a la ciencia y a la sociedad. ¡Gracias por su generosidad!

A los grupos y asociaciones como VacunateYa, ThisIsOurShot, WeTweetScience, Red Mexicana de Periodistas de Ciencias, Patronato de la Facultad de Química, AMMCCyT, Weizmann México y Somedicyt por tenerme entre sus filas y multiplicar los esfuerzos de cada una de las partes.

Además, un reconocimiento a los colegas divulgadores y periodistas de ciencia y a todos los reporteros que han buscado darle voz a la evidencia científica y contexto a las notas para ayudar a cuidarnos mejor. Gracias por su apoyo y por su generoso espacio a Enlace Judío, Radio13Digital, a CDInforma y otros más, por abrirme las puertas y permitirme llenarlos de mis ideas.

Especialmente, gracias a todos quienes me han escrito a través de redes sociales, por confiar en mí, por hacer preguntas, darme críticas, pedir recomendaciones, mandarme palabras de aliento e incluso abrir conversaciones que siempre son importantes. ¡Gracias por su confianza!

Pero sobre todo, un ¡GRACIAS! de pie a los trabajadores de la salud y a los científicos que hacen ciencia por ser la luz y guía para la humanidad.

Acompañando mi gratitud tengo un gran sentimiento de esperanza. Los 730 días han sido agridulces, pero también llenos de lecciones y aprendizajes que espero perduren. Hoy sabemos que somos una humanidad más fortalecida, más interesada en la ciencia, mejor comunicada y mejor capacitada para utilizar las habilidades y herramientas adquiridas para enfrentar retos inminentes, como el cambio climático y posibles nuevas pandemias.

Los vínculos creados no van a desaparecer; la madurez y resiliencia tampoco. Quizás muchos borraremos para siempre de nuestra memoria ciertos días de los 730 transcurridos. Será inevitablemente un mecanismo hacia la tranquilidad, aceptación y resignación.

Pero la memoria por los millones de fallecidos perdurará por siempre. Y en su nombre debemos vivir. Celebremos la vida y procuremos nuestra salud, la salud global, la de nuestro entorno y de nuestro planeta. Ya entendimos que no estamos solos y que la interrelación e interconexión son nuestra sentencia. O buscamos la salud planetaria o no alcanzaremos salud plena.

Y es inaudito que a pesar de los 730 días de peste, desgraciadamente hoy somos testigos del jinete de la guerra, invadiendo las pantallas y todos nuestros corazones. No pierdo el optimismo y quiero pensar que, como humanidad, aprendimos a ser mejores, más sensibles, menos egoístas, menos apáticos… ¡más humanos!

Lo que sí, es que los días de pandemia se irán agotando. Hacia allá vamos. Pero no porque los días se refieran como años debemos olvidar que la lucha por la supervivencia fue nuestro motor, ni que el sentimiento por la conservación de la vida siempre tiene que reinar.

¡Gracias siempre!

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