Derrames, escasez de agua y daños a la salud, el impacto del petróleo y gas en México

Por Óscar Nogueda
Vómitos, náuseas y dolores de cabeza fueron algunos malestares reportados por habitantes del ejido El Tablón, en el estado mexicano de Puebla, causados por los gases emitidos desde 2019 por el pozo Pankiwi de la estatal Petróleos Mexicanos (Pemex).
Aunque Pankiwi no está en operaciones, una visita de la organización Earthworks al ejido en 2023 documentó derrames, así como aceite que salía de los pozos de agua.
“Muchos pobladores dicen tener poco o nada de acceso al agua y en algunos lugares deben comprarla en botellas plásticas para tomarla y adquirirla en auto-tanques para regar sus plantaciones”, se lee en el informe de Earthworks.
En Paraíso, Tabasco, los alumnos de una escuela primaria percibieron olor a gas, un ruido ensordecedor, humo negro y caída de partículas, que asociaron a síntomas como dolores de cabeza, problemas respiratorios y náuseas, a consecuencia de su cercanía a la Refinería de Dos Bocas (Olmeca), proyecto emblema del ex presidente Andrés Manuel López Obrador.
De acuerdo con el Compendio de Estadísticas Ambientales 2025 de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales de México (Semarnat), Pemex ha sido responsable de siete sitios contaminados por emergencias ambientales y de 19 lugares contaminados catalogados como pasivos ambientales entre 2018 y 2024.
Sismos y malformaciones
Pankiwi-EXP1 es un pozo petrolero ubicado a 500 metros del ejido El Tablón, en Pantepec, Puebla. La organización civil “No al Fracking” afirmó que la población no fue avisada del uso de fracking.
En 2019, año en que cerró el pozo Pankiwi, la población denunció dolores de cabeza y náuseas debido a los olores y vapores emanados del pozo, además de daños en las parcelas donde hubo fisuras en la tierra y vertidos de petróleo.
Pankiwi es parte del proyecto “Aceite Terciario del Golfo”, que funciona desde 2002 y cuya finalización está prevista para 2031. Se ubica en los estados de Veracruz y Puebla e incluye 29 campos productivos de aceite y gas asociado, divididos en ocho sectores: Soledad-Coyotes, Aguafria Coapechaca, Tajín-Corralillo, Presidente Alemán-Furbero, Sitio-Tenexcuila, Amatitlán-Agua Nacida, Coyol Humapa y Miquetla-Miahuapan.
Otro punto visitado por Earthworks y la Alianza contra el Fracking fue el campo de Coapacheca y Agua Fría, donde se detectaron fugas de hidrocarburos y combustiones incompletas, que afectan el aire que se respira en las comunidades.
“Los pozos fracturados no llegan solos. Los habitantes de las comunidades donde hay fracking se ven obligados a comprar agua, porque sus manantiales y fuentes de agua se secan. A eso se agrega que, sin importar si están en operación o abandonados, los pozos emiten gases tóxicos para el ambiente y la salud humana, por lo que es momento de dejar esa sucia tecnología”, indicó Alejandra Jiménez, integrante de la Alianza contra el Fracking.

El Proyecto Aceite Terciario del Golfo comenzó a utsar el fracking de manera extensiva, ya que el espacio es considerado un yacimiento no convencional. Es decir que la perforación vertical es fundamental para obtener el hidrocarburo, menciona el especialista Luca Ferrari.
La primera evaluación realizada por la Comisión Nacional de Hidrocarburos en 2010 reveló que en 1.323 de los 1.740 pozos en la zona se uso el fracking, aunque para 2023 la cifra se elevó a 3.350 fracturas, documentó la Alianza Mexicana contra el Fracking.
Otro proyecto que utiliza el fracking es Burgos, en los estados de Tamaulipas, Nuevo León y Coahuila, el cual prevé evaluar yacimientos de geología compleja en la parte norte de la Cuenca Tampico-Misantla.
En 2023, Carto Crítica reportó la existencia de 4,71 recién nacidos con malformaciones del sistema digestivo en madres expuestas a los pozos de gas en la provincia de Burgos.
El análisis subrayó que 71 por ciento de la población reside en áreas con niveles bajos, medios o altos de exposición a los pozos activos de gas, mientras el resto vive en áreas sin exposición.
“Es posible inferir que la exposición a las emanaciones de los pozos de gas pudo tener un impacto negativo en la salud fetal. Los resultados más alarmantes incluyen la asociación entre la exposición alta a pozos de gas y las malformaciones en los sistemas circulatorio y digestivo, que pueden tener graves consecuencias en la salud y calidad de vida de los niños afectados”, señala el estudio de Carto Crítica
Por su parte, Greenpeace relató que la exposición al fracking se relaciona con cánceres, enfermedades respiratorias, problemas cardiovasculares y afectaciones a la salud mental. En comunidades de los Estados Unidos cercanas a pozos se han documentado riesgos durante el embarazo, como partos prematuros, bajo peso al nacer y complicaciones obstétricas.
“El país (México) enfrenta serios vacíos en la regulación de la contaminación química asociada a prácticas como el fracking, así como a la exposición a plásticos y microplásticos, vinculada con alteraciones hormonales, procesos inflamatorios y diversos tipos de cáncer”, explicó Greenpeace en un comunicado de prensa.
Según un informe, en 2022 la agencia informativa Reuters reportó que los residentes de la colonia El Carmen, en Chiapas, cerca del Complejo de Procesamiento de gas “Cactus”, tuvieron un incremento de malestares como dolores de cabeza, tos, problemas respiratorios, ojos irritados y picores en la piel.
La infancia que huele el gas en el sur mexicano
Casi 400 infantes de las escuelas primarias rurales “Agustín Melgar” y “Abías Domínguez Alejandro”, en Paraíso, Tabasco, relataron el olor a gas, el humo negro en la zona y la caída de partículas por el proceso de refinación en la refinería Olmeca o Dos Bocas, obra emblematica del gobierno del ex presidente Andrés Manuel López Obrador.
Una barda separa la refinería de las dos escuelas, pero los olores a gas y el ruido ensordecedor de las operaciones de la refinería afectan diariamente a los alumnos.
“Los niños tienen problemas de salud, respiratorios, les sangra la nariz; algunos vomitan en horas de clase, tienen dolores de estómago… Y lo peor que nos puede pasar como padres de familia no solo es la salud de nuestros hijos, sino el riesgo latente de que vaya a pasar algo”, explicó la madre de familia Rosaisela Robles.
“Desde la instalación y operación de la refinería, nuestra realidad cambió radicalmente. El lugar donde vivimos y donde intentamos formar a nuestros hijos se ha convertido en un foco de riesgo permanente. Lo que era un verdadero paraíso hoy es un lugar que enferma y amenaza todos los días”, dijeron en la rueda de prensa donde presentaron su solicitud dirigida a los gobiernos estatal y federal.
Desde 2019 los tutores han exigido la reubicación de las escuelas. El 6 de junio de 2026, Areanna Nava, vicepresidenta de la Asociación de Padres de Familia, confirmó la recepción y revisión del plan de trabajo. Sin embargo, dijo a Animal Político que la comunidad escolar pidió cambios al proyecto, así como la incorporación de servicios y espacios en los planteles para que sean aptos para recibir a los menores.
De acuerdo con el Centro Mexicano de Derecho Ambiental, A. C. (CEMDA), las familias han evidenciado los riesgos de estar a menos de 500 metros de instalaciones como los tanques de aguas amargas y la planta recuperadora de azufre, de donde podría liberarse ácido sulfhídrico.
La Ley General del Equilibrio Ecológico y la Protección al Ambiente (LGEEPA) establece la creación de Zonas Intermedias de Salvaguarda con motivo de la realización de actividades riesgosas.
Por otro lado, la Ley General de Asentamientos Humanos, Ordenamientos Territoriales y Desarrollo Humano señala la necesidad de una delimitación de zonas de riesgo y el establecimiento de polígonos de protección, amortiguamiento y salvaguarda para garantizar la seguridad de las personas y de las instalaciones estratégicas de seguridad nacional.
Los familiares contaron a Animal Político que desde 2024 sus hijos presentaron síntomas que, de acuerdo con personal médico, en 66 por ciento de los casos pueden estar asociados a los contaminantes de la refinería: ácido sulfhídrico, dióxido de azufre y compuestos orgánicos volátiles.
En contraste, la presidenta Claudia Sheinbaum afirmó que “se hizo un dictamen técnico de las afectaciones que pudiera haber y no salió que se requiere reubicar (las escuelas)”. Aun así, señaló que se pidió a Pemex hacerlo.
“Los olores a gas y las emisiones de humo negro han provocado problemas respiratorios en los niños. Lo que más angustia es que un día me llamen para decirme que se fugó azufre o alguna sustancia mortal”, relató una madre a Conexiones Climáticas.
Otro impacto de la industria fósil en México fue el derrame de hidrocarburos en el Golfo de México a inicios de 2026. Con imágenes satelitales, Greenpeace detectó que el vertimiento comenzó en febrero, pero el gobierno mexicano reconoció hasta abril que el derrame fue ocasionado en las instalaciones de Pemex.
“Existe evidencia de que sí hubo un derrame de hidrocarburo en las inmediaciones de la plataforma de Abkatún Cantarell. No es en la plataforma donde ocurrió el incidente, sino en un oleoducto de 36 pulgadas. Ahí fue donde ocurrió la fuga. Está en una zona de plataformas, que es el activo Abkatún-Pol- Chuc, en donde hay tres yacimientos en tres zonas distintas. Por ahí pasa una serie de ductos”, mencionó en conferencia de prensa el entonces director de la petrolera estatal, Víctor Rodríguez.
Por este hecho, la paraestatal separó a tres funcionarios de su cargo. Pese a las negativas iniciales, el evento afectó a al menos seis especies, a más de 900 kilómetros de la costa y al corredor arrecifal del suroeste.
La organización ambientalista detectó que los pobladores recogían los restos de hidrocarburos sin el equipo de protección necesario, además de que este hecho afectó su fuente de trabajo y aumentó los riesgos a la salud de la población.
Este artículo fue producido con el apoyo de Climate Tracker América Latina




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