Escribir es un acto de resistencia
- migueldealba5
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Por Déborah Buiza
@DeborahBuiza
Preguntas rápidas: ¿Cuándo fue la última vez que escribiste a mano? ¿Qué escribiste?
Hace poco, la maestra de mi hijo mayor hizo una dinámica de control de lectura: los alumnos debían escribir cartas a los papás y mamás para contar lo que leían en el libro Instrucciones para convertirse en pirata, de Erika Zepeda. A su vez, debíamos responder a sus preguntas por la misma vía. Debo decir que fue un ejercicio maravilloso.
Escribir a mano tiene profundos beneficios. La ciencia sugiere que el trazo manual activa regiones del cerebro vinculadas al aprendizaje y la memoria, al requerir una coordinación motora más compleja, que obliga a procesar la información con calma. Por algo se ha puesto de moda el journaling.
Yo empecé muy chica con mis "locuras" de escribir, en una libreta de taquigrafía. En ese entonces mi cabeza iba mucho más rápido que mis pequeñas manos; pensaba que necesitaba una grabadora o una máquina de escribir.
En la secundaria aprendí mecanografía, pero mis ideas aún volaban más rápido que mis veloces dedos. Ya en la universidad, todavía escribía mis ensayos a mano; los corregía y sólo cuando estaban listos los transcribía en la máquina eléctrica. Aún conservo algunas tareas en el baúl de los recuerdos.
Dejé de escribir con frecuencia en papel al aparecer la computadora. Ahora escribo en el celular y poco veo mi propia letra.
Por eso me pareció genial la tarea de mi hijo. Me di cuenta de lo mucho que me gusta escribir a mano. Hay magia en sentarse frente a una hoja y contestar una carta. Aún soy esa niña cuya mano va más despacio que su cabeza, pero ya no me inquieta.
Con esta reflexión, quiero proponerte algo: escribe.
No te pido escribir con el propósito de que te conviertas en el gran escritor que va a revolucionar la literatura; para dejar un gran legado o para que te lean. Escribe para encontrarte. Escribe para conocerte. Escribe para conectar contigo. Hazlo sin poses, sin buscar la corrección gramatical perfecta. Escribe para estar en el presente, aunque hables del pasado o sueñes con el futuro.
Escribe a tu yo del pasado: “Querida Deby, quiero contarte que, veinte años después, las cosas duelen un poco menos, pero seguimos sin entender mucho”.
Escribe a tu yo del futuro: “Querida Déborah, ojalá hayas encontrado el modo. Yo aún no lo hallo. Es más, ya me cansé de buscarlo”.
Sólo necesitas hojas, lápiz y unos cuantos minutos. No hace falta redactar el gran tratado de la vida. Simplemente arrastra el lápiz.
Escribir a mano en un mundo enloquecido con la tecnología, la inteligencia artificial y la velocidad es un acto de resistencia. Es revolucionario. No dejes que el silencio te abrume. Escribe.
P. D. Gracias, Miss Itzel, por tan bella actividad. Estoy segura de que no sólo los pequeños aprendieron. Para las mamás y papás también fue una gran lección.
