La sorprendente magia de las ilusiones ópticas



Por: Fernando Silva


Una representación sin efectiva «realidad» sugerida por la facultad del cerebro que nos representa las imágenes de las cosas reales o ideales en nuestra pantalla mental y que está directamente relacionada a los sentidos, es un subvertir de la capacidad de percepción a partir del observar, cavilar y generar una sucesión de nociones. En ese entendido, las ilusiones ópticas nos permiten descubrir lo que es efectivo o tiene valor práctico de manera transformada; asimismo, tienen la eventualidad de ser de carácter fisiológico asociadas a los efectos de una estimulación visual o cognitiva, en la que intermedian nuestros conocimientos. Un aspecto interesante es que no están subordinadas a la voluntad, ya que pueden variar entre las personas, y dependen entre otros factores de la agudeza y el campo visual, el daltonismo y el astigmatismo. Por lo tanto, percibir estos fenómenos de lo que también se conoce como arte cinético es conveniente para discernir los extremos que puede alcanzar el sentido visual y la eventualidad de variación, ya sea en lo relativo a la forma, el color, la dimensión y la perspectiva de lo observado.

En las expresiones estéticas —particularmente en la plástica— un sinnúmero de autores desarrollamos pinturas y esculturas con el manejo de la ilusión óptica para dar a las piezas un aspecto asombroso, de profundidad, contraste y, por supuesto, con generosa intención lúdica, tan importante en las estrategias lúdico-pedagógicas para promover la creatividad mediante el aprendizaje significativo y las aportaciones didácticas de las bellas artes. Aprovechando, puedo garantizar la importancia de que a toda persona, desde los infantes hasta los adultos mayores, se les invite a descubrir los elementos que inciden en la formación y técnicas del dibujo y la pintura como potenciadores de la imaginativa a partir de la implementación de métodos sistemáticos para promover ideas y conocimientos accesibles, amenos y placenteros, a favor del desarrollo de herramientas pedagógicas que favorezcan las relaciones personales y sociales, que además impacten positivamente en la experiencia de preparación y progreso de habilidades motoras (finas y gruesas) vinculando técnicas cualitativas y cuantitativas que permitan la observación, la reflexión y, finalmente, la liberación de manifestaciones creativas.

De esta manera, la disposición de las imágenes, la secuela visual de los colores, el impacto de la fuente de luz u otras variables artísticas, físicas y químicas, tienen como base la Neurociencia, así como los procesos mentales que se activan ante el color y la forma. En este campo de la expresión visual existen heterogéneas ilusiones ópticas, algunas de ellas modulan el tamaño, la forma o la longitud de la imagen, otras usan la luz, la sombra o la periferia de la imagen principal, por lo que la mayoría nos ofrece un extraordinario abanico de variantes para disfrutar algo tangible de lo que se considera intangible. En términos simples, una ilusión óptica es causada por la compleja estructura de transmisión de información del ojo hacia el cerebro y cómo este centro nervioso constitutivo del encéfalo trabaja y crea todo tipo de estimulantes respuestas sensibles e intelectuales.

En tal sentido, la directora del Laboratorio de Neurociencia Integrativa de Nueva York; profesora de Oftalmología, Neurología, Fisiología y Farmacología, Susana Martínez-Conde, comentó: «En el cerebro existen períodos críticos, que son determinados en nuestro crecimiento, cuando somos muy jóvenes, en los que nuestro cerebro es completamente plástico, y en ese tiempo podemos aprender a expresarnos artísticamente e, incluso, hablar varios idiomas, y los podemos hablar además completamente como nativos. Uno de los grandes descubrimientos de mi mentor, David Hubel, en colaboración con Torsten Wiesel, fue reconocer que existen estos períodos críticos en el sistema visual. Esto quiere decir que si no recibimos experiencia visual durante nuestros primeros años de vida, aunque podamos ganar esta experiencia después, los circuitos neurales no van a estar establecidos de la misma manera, con lo cual nuestra experiencia visual va a ser más deficiente, al no tener esta primera práctica. Antes de los descubrimientos de Hubel y Wiesel, por los que recibieron el Premio Nobel, cuando los niños nacían con cataratas congénitas se esperaba a que tuvieran una cierta edad para operarlos. Pero basándose en estos descubrimientos se empezaron a operar estas cataratas inmediatamente, para que los niños recibieran esta experiencia visual lo antes posible, ya que después es muy difícil de recuperar, si no imposible. Con respecto al lenguaje, mi experiencia personal es la siguiente: Hoy por hoy, me considero bilingüe funcional, es decir, puedo comunicarme con fluidez en español o en inglés. Cuando llegué a Boston, al principio me costó mucho comunicarme, pero al cabo de unos cinco o seis meses me di cuenta de que ya no necesitaba traducir del castellano al inglés antes de decir algo, sino que podía pensar directamente en inglés. Entonces tenía 27 años, pues incluso con esa edad se retiene un grado importante de plasticidad mental».

Siguiendo con el embeleso de la óptica o leyes de la visión, un elemento fundamental lo tenemos en las matemáticas y su rama multifacética la geometría, puesto que con ella se llegó a la armonía, a las formas y a la composición estética; la proporción de la figura humana; los estudios anatómicos, de movimiento, de volumen y del espacio en la perspectiva; el número irracional áureo cuya ecuación se expresa como 1 más la raíz cuadrada de 5, todo sobre 2, y el resultado es 1.61803398874989… Todo ello como la demostración de las ciencias exactas y naturales. En consecuencia, la ilusión visual es una condición fundamental de las disciplinas que estudian la belleza, ya que sin ellas éstas no existirían, no al menos de la misma manera. Así, la abstracción geométrica obedece a lo ilusorio, al orden de lo que se puede contemplar con una mente abierta y a la facultad que tiene el ánimo de reproducir y representar lo que sólo existe en nuestros pensamientos a modo de imágenes extraordinarias y de sublimar las reales con elementos delirantes, complejos y creativos.

Actualmente, la aportación de la tecnología —en lo que se conoce como realidad virtual— es la estimulación multisensorial, es decir, que las sensaciones ya no sólo se imaginan y se perciben a través del sentido más favorecido en las expresiones plásticas, la vista, sino que interceden otros sentidos como el oído y el tacto, los cuales se están desplegando como emulación de nuestra «realidad» interna y externa. Ahora bien, llevar la realidad virtual como ciencia aplicada al ámbito de las bellas artes lo hace más complejo, ya que intervienen los criterios de que si esta tecnicidad puede usarse, entre muchas otras, para desarrollar ideas artísticas y que tiene aportaciones adicionales que pertenecen a lo artístico, como herramienta para desarrollar imaginarias visiones que estimulen nuestra sensibilidad y a los órganos de los sentidos.

Naturalmente, en la magia de las ilusiones ópticas hay un imperativo cognitivo, que es más una experiencia emocional que un pasatiempo para poner a prueba nuestras capacidades, por lo tanto, el tema reclama mayor atención e información, ya que en cada etapa de la historia de la humanidad se han aportado sorprendentes particularidades y en algunas encontramos claros antecedentes artísticos, además de que la vigente tecnología digital no surgió llanamente, sino que es resultado de múltiples procesos creativos emprendidos desde hace milenios.

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