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Convertir el dolor compartido en organización, derechos y reconstrucción (II)

hace 3 horas
4 min de lectura

© Riodoce
© Riodoce

Por Omar Garfias

@Omargarfias

 

Sinaloa tendrá un movimiento social auténtico para dejar de ser una sociedad narca e insegura cuando el dolor y el miedo dejen de vivirse como una experiencia individual y se reconozcan como un agravio compartido.

Existe la sociedad civil cuando los ciudadanos que no son parte de la sociedad política irrumpen en la escena pública para intervenir sobre los asuntos que atañen a todos, sobre la cosa pública.

Existe sociedad civil cuando el ciudadano se une a otros y forma un movimiento social contra un agravio y se organizan para documentar, denunciar, negociar, litigar y exigir respuestas frente al poder.

El concepto sociedad civil explicó que la lucha por la democracia y por modificar el estado de cosas no solo se hace desde la política formal y con el ciudadano como espectador.

Si los ciudadanos no se organizan para ejercer y exigir sus derechos a la paz y al modo honesto de vivir no existirán esos derechos. Deben hacer escuchar la voz y convertirse en actores de lo público.

Los movimientos sociales han sido los hilos con los que se han tejido las democracias, explica Mauricio Merino.

La reconstrucción de Sinaloa requiere que funcione la sociedad civil como un movimiento que genere los cambios necesarios; que desate una acción unificada de los sinaloenses para erradicar las malas prácticas e impulsar las nuevas maneras.

Del poder no va venir el cambio.

La reconstrucción de Sinaloa requiere que el programa de la reconstrucción esté detalladamente establecido y científicamente fundamentado. Que sea resultado de la inteligencia colectiva que integre a muchos pensamientos y provenga de una deliberación con procesos que permitan análisis y diálogos suficientes.

El tamaño de la crisis que padece Sinaloa implica un trabajo serio de construcción de soluciones que nunca antes se ha hecho en el estado.

El populismo anti-intelectual de Andrés Manuel López Obrador, el que decía que gobernar “no tiene mucha ciencia”, ha convencido a la misma oposición que con una hora de desahogo de unos cuantos ya se obtiene un proyecto alternativo. Eso ha originado el empobrecimiento y la simplificación de la oferta política.

También se requiere que la vinculación para la acción entre los sinaloenses sea ágil, con procedimientos sistematizados y basada en la confianza y la horizontalidad. Muchos compañeros que actúen juntos sin una jerarquía que los detenga.

Existe organización y representación democrática en un movimiento de la sociedad civil cuando hay autonomía para pensar y actuar en sus miembros; pluralidad interna, transparencia en el funcionamiento y la posibilidad efectiva de que los representados contradigan a quienes hablan en su nombre.

Una organización democrática tiene como objetivos agregar intereses, producir voz, construir conocimiento, disputar políticas públicas, expresarse de manera programática y convertir esa nueva voz en nuevas reglas y políticas.

La organización social posibilita combinar los recursos individuales y convertirlos en poder para el cambio social.

El primer adversario de la organización democrática de la sociedad civil para resolver un problema común es la falsificación de los movimientos sociales para suplantarlos por pseudorrepresentantes que gestionan beneficios personales.

Los representantes impostores procuran apropiarse de la voz de aquellos a quienes dicen representar.

Se presentan como expresión de los ciudadanos sin haber recibido ninguna votación o manifestación expresa de la voluntad de la sociedad civil para ser representada por ellos, y cuando consiguen monopolizar la relación con el poder terminan por sustituir las demandas sociales por los beneficios personales.

Pululan los autodenominados “líderes” de membretes que despliegan un ceremonial adulador a su alrededor.

La capacidad de movilización de una sociedad no depende del grado de dolor, agravios e injusticias que padece.

Tanto la historia como el periodismo muestran que hay sociedades que sufren mucho y no se movilizan ni protestan, y sociedades que sufren poco y se movilizan y protestan rápidamente.

La diferencia no es genética. La diferencia es que las sociedades movilizadas cuentan con estructuras que vinculan eficazmente a los afectados, formal e informalmente. Los agraviados se comunican ágilmente, poseen un repertorio experimentado de formas de lucha, un sistema para conjuntar los recursos necesarios y la capacidad analítica para definir un paquete de demandas claras para enfrentar al poder.

La diferencia es que saben lo que quieren y han construido procedimientos y estructuras para exigirlo. El ciudadano común ve una demanda que le parece la solución a su problema y un proceso que lo invita a participar respetándolo.

Los movimientos sociales no son un desahogo, son un proceso cultural. No son un grito, son un ejercicio que se aprende, se acumula y se desarrolla.

No son producto de las cualidades de una persona (un iluminado), sino resultado de la edificación de una organización.

No hay líderes si no hay movimiento. No hay movimiento si no hay causa compartida y si las rutas para juntarse, moverse, plantear las demandas y encarar al poder no están construidas.

No se producen líderes en probeta, buscando buenos oradores guapos, sino en el tedioso trabajo de reunir, discutir, acordar, desarmar los guetos, estandarizar procesos, etcétera.

Es necesario aprender a tender puentes, a negociar diferencias y a construir visiones de futuro compartidas.

La reconstrucción de Sinaloa requiere un movimiento social con proyecto de reconstrucción y con representatividad real.

La oferta de repetir ocurrencias viejas y aisladas no atraerá plenamente a la ciudadanía y la suma de membretes no la involucrará.

La oportunidad de la sociedad civil en este momento histórico es recoger la bandera tirada enmedio de la cosa pública y sobre la cual ha pasado la clase política sin verla: es la bandera del pensamiento, la organización desde abajo y el futuro desvinculado del crimen organizado.

En las sociedades gobernadas por el crimen organizado, como dice Nhora A. B., sostener la vida en medio de la muerte es la forma más radical de resistencia.

Continuará la próxima semana.

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