El renacimiento de Culiacán ¿es posible?
- migueldealba5
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Por Omar Garfias
@Omargarfias
De octubre de 2022 a diciembre de 2023, según Caminos y Puentes Federales (Capufe), el aforo en las casetas de Culiacán fue de 4 millones 98 mil vehículos. En el periodo similar, estallada la narcopandemia, el aforo fue de sólo 2 millones 774 mil unidades.
Cuatro de cada 10 familiares / proveedores / compradores / amigos / socios / inversionistas / turistas dejaron de ir. Lo que hacían ahí, ahora lo hacen en otra ciudad.
La narcopandemia ubicó a Culiacán como una de las ciudades con menor capacidad de generar riqueza, empleo y bienestar.
Si se deja a la inercia, Culliacán no se recuperará de esa debilidad. La inversión y la gente se seguirán alejando.
Es posible el renacimiento de Culiacán, pero se necesitan planificación y trabajo organizado: identificar las actividades productivas que pueden ser vías de recuperación, ponerse de acuerdo en el tipo de ciudad que quiere ser; encontrar las estrategias, programas y acciones que potenciarán sus fortalezas y unirse para colaborar en un mismo sentido.
El renacimiento de Culiacán necesita que sus ciudadanos piensen y actúen.
No existen la seguridad pública ni la certeza jurídica necesarias para que Culiacán sea una economía boyante. Las personas no pueden vivir ni desplazarse con libertad. Las empresas operan con riesgos e incertidumbre. Se padece un entorno de inseguridad e incumplimiento de reglas con costos asociados a la violencia y a la ilegalidad.
Evidentemente, la tarea empieza por generar un nuevo y eficaz sistema de seguridad pública. Construir instituciones locales responsables de la prevención, investigación y persecución del delito capaces, eficaces, eficientes y honestas. Reconstruir la policía municipal y aumentar su presupuesto hasta obtener los mayores estándares internacionales respecto al número de elementos, capacitación, equipamiento, servicios de apoyo, confianza, probidad y supervisión ciudadana.
La paz se recupera, necesariamente, con una fuerza policial capaz de hacer cumplir la ley e imponer el orden.
En los últimos dos años se redujeron la proporción de centros de investigación y de patentes por habitante; el tamaño del mercado hipotecario y el número de actividades económicas que se desarrollan en el municipio.
Hay un bajo desempeño y sofisticación de la estructura productiva y escasa capacidad para generar crecimiento sostenido en actividades de alto valor agregado. Padece un desfavorable entorno económico para competir en sectores intensivos en conocimiento, tecnología y capital.
Culiacán está lejos de las mejores formas de producción y de los nuevos productos que demanda el mercado.
Es imprescindible —y posible— formar centros de innovación, científicos de élite con financiamiento público y privado, que contribuyan a cerrar las brechas que les separan de las tecnologías y prácticas económicas más avanzadas.
El porcentaje de viviendas nuevas que se construyen en la ciudad es muy bajo, 22, y va en descenso. Se construye en las orillas, lo que implica un desperdicio de las horas-hombre y la subutilización de la infraestructura. Se ocupa mal el territorio.
Es imprescindible y posible conformar un nuevo ordenamiento territorial que priorice el mejor uso de suelo, garantice el derecho a la ciudad para todos y fomente la inversión por sobre los intereses particulares fortalecidos al amparo de la corrupción gubernamental sobre la tenencia de la tierra.
Reordenar el uso del territorio en forma pública, incluyente y honesta para construir una buena ciudad.
En Saltillo, la informalidad es del 25 por ciento; en Culiacán, 38. Allá la productividad por hora trabajada es de 583 pesos. En Culiacán, 306.
No existe un mercado laboral que fomente adecuadamente la productividad, promueva empleos formales y de calidad.
Es imprescindible, y posible, llevar a cabo un plan para generar empleos formales y productivos. Determinar acciones en los planos fiscal, crediticio, educativo, regulatorio y de atracción de inversiones.
El porcentaje de menores de 15 años que asisten a la escuela bajó de 76 a 72 en dos años. La capacidad de tratamiento de aguas negras no creció (2.6 litros por habitante) y sigue muy lejos de la de Chihuahua (3.6). La proporción de personal de salud por cada 10 mil habitantes en Hermosillo es de 63; en Culiacán, de 59.
Culiacán tiene poca capacidad para ofrecer una alta calidad de vida y gestionar de manera sostenible los recursos naturales.
La política social debe construir infraestructura y fortalecer los bienes y servicios públicos, y no regalar dinero a los particulares aunque no lo necesiten. Las transferencias monetarias deben ser sólo para quienes están en situación de vulnerabilidad y ser suficientes para que salgan de la pobreza o habiliten sus capacidades.
La percepción de corrupción en el gobierno de Sinaloa es de 84.8 por ciento y de 77.5 por ciento en los gobiernos municipales. Más que en 2021, cuando empezó el gobierno de Rubén Rocha, que era de 71.5 y 69.3 por ciento, respectivamente.
Las autoridades locales no inciden positivamente en la competitividad. No hay gestión pública ni entorno político que genere condiciones propicias para el desarrollo económico. Hay corrupción y burocratismo.
Douglass Northe, premio Nobel de Economía, sostenía que las instituciones son el mecanismo para dar certidumbre a las inversiones. Es imprescindible crear organismos autónomos que funcionen como contrapeso para vigilar el uso de recursos públicos, evaluar las políticas públicas y bloquear las acciones perjudiciales.
En 2021 Culiacán estaba en el lugar dos de competitividad entre las ciudades de tamaño similar. En 2024 cayó al 11 y, en 2026, al 19, según el Instituto Mexicano de la Competitividad (IMCO), de cuyos indicadores se tomaron información y descripciones.
Culiacán aspira a ser una ciudad competitiva que eleva la productividad y mejora el bienestar de quienes la habitan.
Los sinaloenses quieren que Culiacán pueda generar empleo y bienestar, porque la ciudad es su familia, sus hijos, su comunidad y su vida.
Es posible el renacimiento de Culiacán.
