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En Sinaloa, el reclutamiento criminal venció a la prevención social



Por Omar Garfias

@Omargarfias


El reclutamiento criminal es el mecanismo de reproducción del crimen organizado. Sin adolescentes y jóvenes reclutados no hay capacidad operativa, control territorial ni una fuente inagotable de combatientes para que las guerras duren al antojo de los capos.

Por su importancia, el reclutamiento criminal es un sistema planificado.

La decisión de ingresar al crimen organizado no es un acto individual. Es uno de los nodos de un entramado social muy amplio de personas y acciones que producen, sostienen y encubren a la delincuencia.

Ante el nuevo fenómeno de la militarización de las mafias, que necesitan construir capacidad para desencadenar una constelación de diferentes tipos de violencias, el gobierno carece de una  política de prevención social eficaz como respuesta.

La prevención social acciona los factores no punitivos que detienen la incorporación de los jóvenes al crimen organizado: el empleo, la cultura cívica, la familia, la salud mental y de adicciones, la integración social mediante el deporte y el arte, la educación como expectativa de oportunidades de desarrollo, la rehabilitación de primodelincuentes.

Marisol Ochoa, de la Universidad Iberoamericana, hace una distinción, sintetizada en el documento ā€œGeografĆ­as de la Crueldadā€, entre reclutamiento urbano y rural. En las zonas urbanas, el reclutamiento funciona entre pares, de joven a joven, mediante seducción y promesas de ingreso económico. En las zonas rurales, el reclutamiento tiende a ser mĆ”s directo y forzado: la presencia del grupo criminal en el territorio es visible y la negativa tiene consecuencias inmediatas.

En los últimos dos años, alrededor de 80 mil jóvenes sinaloenses tuvieron la necesidad de incorporarse al mercado laboral. De febrero de 2024 a febrero de 2026 se perdieron 26 mil empleos formales en Sinaloa.

El desempleo no es una determinante automƔtica que lleva al reclutamiento, pero sƭ un factor de riesgo.

La precariedad laboral tiene un primer efecto de desvaloración del joven: ā€œno trabajo - no valgo / tengo poco - valgo pocoā€.Ā La doctora Ochoa encontró que los jóvenes reclutados consideran vivir en un mundo donde se puede vivir extremadamente bien, pero tambiĆ©n extremadamente mal, y piensan que nacieron en entornos marginados con menores recursos y oportunidades para salir adelante.

La variable explicativa de la violencia homicida no es la pobreza, sino la desigualdad, la comparación social.

Cada caso individual presenta una combinación diferente de factores de riesgo. Familias disfuncionales y hasta con miembros de la delincuencia; adicciones y enfermedades mentales; fracaso escolar; valores éticos basados en la impunidad delictiva que advierten y en la notoria vida de riquezas de los capos.

No hay una política gubernamental que identifique a los jóvenes con riesgo de ser reclutados.

Las acciones gubernamentales no son focalizadas, evaluadas, contĆ­nuas ni con los programas especĆ­ficos para casos concretos.

El gobierno trabaja bÔsicamente con plÔticas esporÔdicas con contenidos iguales para jóvenes con riesgos como para los sin riesgos. Muchas plÔticas, pocos resultados y miles de reclutados.

No hay un programa de empleo especial para los jóvenes con mayor vulnerabilidad para ser reclutados.

Las instituciones de educación pública no tienen una estrategia para evitar que los niños, adolescentes y jóvenes que desertan de la escuela sean cooptados por el crimen organizado.

Los jóvenes de familias con antecedentes de violencia intrafamiliar, de delincuencia de los padres u otras características de disfuncionalidad no reciben un acompañamiento especial. Tampoco hay un sistema de cuidados para los hijos que pasan mucho tiempo solos porque sus padres trabajan horarios incompatibles con la vida familiar.

No hay un trabajo integral con los adictos que aborde su problemÔtica de empleo y educación.

En los territorios de reclutamiento forzado no hay presencia gubernamental para impedirlo.

No hay mecanismos de desvinculación para jóvenes reclutados.

El gobierno del estado no ha cumplido su responsabilidad de fomentar los valores, la formación cívica y la cultura de la legalidad.

Una ley estatal lo obliga a hacer un diagnóstico preciso del tema por territorios y grupos de edad. No lo ha hecho. Le mandata a definir acciones, responsables y tiempos. No lo ha hecho. Le obliga a apoyar e impulsar la participación de la sociedad. No lo ha hecho.

La Universidad Iberoamericana, El Colegio de México y México Evalúa convocaron a las Jornadas para la Reducción de la Violencia, donde se concluyó que es condición necesaria para cualquier proceso de construcción de paz, la participación de las víctimas organizadas, la academia, el periodismo de investigación, las comunidades religiosas, el empresariado y las organizaciones de la sociedad civil. La misma ley responsabiliza al gobierno de crear un espacio institucional de coordinación. Tampoco lo ha hecho.

En Sinaloa no hay una política de paz. Prueba de ello es que no hay un programa eficaz de prevención social del reclutamiento.

Al gobierno, a losĀ polĆ­ticosĀ y a muchas organizaciones les gusta realizar acciones con los niƱos, adolescentes y jóvenes sin riesgo de ser reclutados. Con ellos hacen festivales, excursiones, fiestas, plĆ”ticas y un sinfĆ­n de eventos con las palabras ā€œpazā€, ā€œfuturoā€ y ā€œvaloresā€ como eje central.

A los jóvenes con riesgos, los desempleados, adictos, desertores de la escuela, con padres en la cĆ”rcel, que no creen en las instituciones, irreverentes, forzados… muy pocos se acercan.

Cada uno de los miles de jóvenes presos, asesinados y reclutados son una prueba del fracaso de la prevención social que se ha hecho.

Sinaloa padece la guerra porque el crimen organizado es eficiente para reclutar y la prevención social es insuficiente, integral, científica, evaluada y coordinada. Ha ganado a miles de jóvenes.

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