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Las mujeres, a la vanguardia del clima, la paz y la seguridad


Mujeres y organizaciones comunitarias restauraron 440 hectáreas de bosque en Kivu del Sur, en particular el árbol oruga, una fuente vital de alimento. / ©PIFEVA
Mujeres y organizaciones comunitarias restauraron 440 hectáreas de bosque en Kivu del Sur, en particular el árbol oruga, una fuente vital de alimento. / ©PIFEVA

Redacción


En un mundo cada vez más afectado por crisis climáticas y conflictos armados, las mujeres emergen como actoras fundamentales para sostener los medios de vida, restaurar ecosistemas y fortalecer la cohesión social en comunidades vulnerables.

Sequías prolongadas, inundaciones cada vez más intensas y la degradación acelerada de la tierra presionan sistemas alimentarios y economías locales, especialmente en regiones donde la paz y la estabilidad ya son frágiles. Los impactos climáticos agravan la pobreza, pero también intensifican disputas por recursos escasos como el agua y la tierra, lo cual eleva el riesgo de conflicto.

De acuerdo con estimaciones internacionales, alrededor de 1.100 millones de personas viven en situación de pobreza multidimensional, y cerca del 40 por ciento reside en países afectados por conflictos, fragilidad institucional o bajos niveles de paz.

La crisis se agrava porque casi ocho de cada diez personas que viven en pobreza multidimensional están expuestas directamente a riesgos climáticos, como calor extremo, inundaciones, sequías o contaminación del aire.

Impactos desiguales

En este contexto, las mujeres enfrentan riesgos desproporcionados. En muchas regiones rurales dependen de actividades altamente sensibles al clima, como la agricultura o la recolección de productos forestales, pero al mismo tiempo tienen menor acceso a la tierra, a financiamiento y a espacios de toma de decisiones.

La presión climática también altera la estructura social de muchas comunidades. Cuando los medios de subsistencia se deterioran, los hombres migran en busca de ingresos o seguridad y dejan atrás comunidades cada vez más feminizadas, donde las mujeres asumen mayores responsabilidades económicas y sociales, sin contar con los mismos derechos ni protecciones.

Además, el colapso de los medios de vida y el desplazamiento forzado incrementan los riesgos de violencia doméstica, violencia sexual, matrimonios precoces y otras formas de explotación que afectan principalmente a mujeres y niñas.

Sin embargo, en estas crisis surgen nuevas formas de liderazgo femenino.


Con los centros agroecológicos las mujeres alcanzan la independencia financiera y transformar el tejido político y social de sus comunidades. / © PNUD Chad
Con los centros agroecológicos las mujeres alcanzan la independencia financiera y transformar el tejido político y social de sus comunidades. / © PNUD Chad

Restaurar medios de vida y fortalecer la cohesión social

En contextos frágiles o afectados por conflictos, impulsar medios de subsistencia resilientes al clima se ha convertido en una estrategia clave para la adaptación climática y la construcción de paz.

Un ejemplo se observa en Yemen, donde años de conflicto debilitaron los sistemas alimentarios y las economías rurales. El cambio climático ha intensificado las sequías y la escasez de agua, lo que agrava la crisis.

En estas comunidades, las mujeres conservan conocimientos tradicionales transmitidos por generaciones sobre cómo gestionar recursos limitados. Con el apoyo del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), las agricultoras se capacitan en gestión científica del agua para mantener la producción agrícola en zonas con escasez hídrica.

Además, mediante asociaciones y grupos comunitarios de usuarios del agua, las mujeres participan activamente en la gestión de recursos compartidos y en la resolución de disputas locales, con lo que fortalecen la cooperación y la estabilidad social.

Iniciativas similares se desarrollan en Chad, donde programas respaldados por la Iniciativa Global de Mujeres, Paz y Seguridad han capacitado a más de cinco mil mujeres, a las que han dado equipamiento para mejorar su seguridad financiera, mientras que más de 500 agricultoras han adoptado prácticas agrícolas climáticamente inteligentes para adaptarse a cambios en los patrones de lluvia y la degradación del suelo.

Seguridad, dignidad y recuperación

La resiliencia climática también está vinculada con la seguridad y el bienestar en comunidades afectadas por violencia.

En Jamaica, iniciativas de adaptación lideradas a nivel local combinan oportunidades económicas con espacios seguros para mujeres que han sufrido violencia doméstica.


© PNUD
© PNUD

Un proyecto incluye un invernadero alimentado con energía solar, donde las participantes reciben capacitación agrícola y generan ingresos. Al mismo tiempo, el lugar funciona como un espacio de apoyo psicológico y convivencia, donde las mujeres pueden compartir experiencias y reconstruir redes de apoyo.

En regiones donde coinciden la precariedad económica y la violencia, el acceso a ingresos, redes comunitarias y espacios seguros reduce la vulnerabilidad y permite a las mujeres recuperar el control de sus vidas.

Construir futuros resilientes

Históricamente, las mujeres han sido piezas centrales en la respuesta comunitaria ante los cambios ambientales, la mayoría de las veces sin reconocimiento ni remuneración.

Ahora hay programas que buscan fortalecer su participación en la planificación local y en las instituciones comunitarias para asegurar que las decisiones sobre la gestión de recursos naturales respondan a las necesidades de la población.


Ingenieras instalan paneles solares en Mongolia para ampliar el acceso a energía limpia y a una calefacción más eficiente en las comunidades rurales. / © PNUD Mongolia
Ingenieras instalan paneles solares en Mongolia para ampliar el acceso a energía limpia y a una calefacción más eficiente en las comunidades rurales. / © PNUD Mongolia

En Mongolia, por ejemplo, iniciativas lideradas por mujeres amplían el acceso a energías limpias y sistemas de calefacción eficientes en zonas rurales, lo que reduce la presión sobre los bosques y mejora las condiciones de vida de las comunidades.

La inclusión de mujeres en la toma de decisiones también contribuye a una gestión más sostenible de los recursos y a una mayor estabilidad en regiones remotas.

Restauración ambiental y cohesión social

Otro ejemplo se encuentra en Kivu del Sur, en la República Democrática del Congo, donde grupos de mujeres lideran proyectos para restaurar los llamados árboles de oruga, importante fuente de alimento e ingresos.

En los últimos años, estas iniciativas han restaurado alrededor de 440 hectáreas de bosque, con lo que no sólo se recuperaron ecosistemas degradados sino se reconstruyeron medios de vida y se fortaleció la cohesión social.

“Empoderar a las mujeres es fundamental. Cuando las mujeres están empoderadas, toda la comunidad se beneficia y esto transforma a las generaciones futuras”, afirma Veronique Bulaya, coordinadora del proyecto.

Una pieza clave para la paz y el clima

Las experiencias en distintas regiones del mundo muestran que las mujeres son fundamentales para enfrentar simultáneamente tres grandes desafíos globales: el cambio climático, los conflictos y la fragilidad institucional.

Desde la protección de los medios de subsistencia hasta la restauración de ecosistemas y la construcción de redes comunitarias, su liderazgo demuestra ser una pieza clave para avanzar hacia sociedades más resilientes, pacíficas e inclusivas.

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