La bebida del éxito
- migueldealba5
- hace 13 minutos
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Déjame que te cuente
(otra vez) un cuento:
Por Déborah Buiza
@DeborahBuiza
En el Bosque del Viento Vivo vivían los hermanos Panda Rojo y Zorro Rojo con su mamá, en casa de la abuela. Panda Rojo era sereno, curioso, noble y de corazón muy dulce. En cambio, Zorro Rojo era inquieto, valiente, perspicaz y tenaz.
La casa de la abuela era un lugar antiguo, lleno de fotos, objetos extraños y memorias suaves. Había mantas tejidas por el tiempo y hermosas estanterías habitadas por los libros que su madre había adquirido a lo largo de su vida.
Cada mañana, el aroma del café preparado por su madre para iniciar el día los despertaba como un abrazo tibio y amoroso. Se sentaban a la mesa del comedor para mirar al sol entrar por la ventana para tocar suavemente los objetos.
Al verlos, su madre los abrazaba y besaba mientras les decía:
— Empieza el día con gratitud, pies en la tierra y corazón en paz. Mantente así. Que nada perturbe tu paz.
Un día, sintieron que algo faltaba. Inquietaba su mente y su corazón.
Salieron a buscar respuestas.
— ¡A la aventura!—, dijo Panda Rojo.
Enfundados en su ropa y tenis favoritos, con sus mochilas cargadas con objetos preciados y los típicos “por si acaso”, se adentraron en el bosque. Caminaron todo el día. Zorro corría. Panda observaba. Al final, exhaustos, se sentaron en una roca.
— ¡Ya sé!—, exclamó Zorro Rojo. Tal vez deberíamos buscar esa “bebida del éxito” que, dicen, revela a quien la posee qué le dará felicidad.
Un búho que los seguía desde las alturas se acercó a escuchar. Antes de que Panda Rojo pudiera decir algo, intervino:
— No necesitas el éxito del mundo. Cuando tu mente y tu corazón están en paz lo tienes todo. Haz lo que amas y verás que puedes celebrar. No necesitas la “bebida del éxito”.
Zorro Rojo se enojó por la intromisión. Estaba a punto de reclamar cuando comenzó a llover fuertemente. Los hermanos Rojo corrieron velozmente a resguardarse, pero las mochilas los hacían muy lentos.
— ¿Qué pasa? ¿Por qué vamos tan lento?—, preguntó Panda Rojo. Revisa tu mochila.
Hay que decir que, en el camino, los hermanos Rojo recordaron momentos terribles. Se quejaron y rezongaron. Trajeron a su mente y a su corazón recuerdos dolorosos. Tanto hablaron y tanto se enfadaron que no se percataron de que, con cada pensamiento, sus mochilas pesaban más… hasta que tuvieron que correr.
Entonces comprendieron que cada vez que algo les quitaba la calma, pesaba como piedras en la mochila.
— ¡Saca todo! ¡Deja todo!
Una a una fueron quitando las cosas. A veces era una palabra hiriente… una espera… un juicio… una sobreexigencia...
Al dejar todo eso atrás, corrieron veloces a refugiarse.
Cuando dejó de llover se sintieron en paz y disfrutaban del petricor, ese olor a tierra mojada que desprende la naturaleza después de la tormenta, que huele a renacer y a esperanza.
Panda Rojo pensó que tal vez no era necesario afanarse por encontrar “la bebida del éxito”; que no había que entender, saber ni tenerlo todo. Bastaba sentir que estamos a salvo en nosotros mismos.
El panda miró al zorro y pregutó:
— ¿Lo sientes?
El zorro sonrió, con el pecho liviano.
— Sí. Estoy en paz.
Entonces, justo ahí, apareció una pequeña taza luminosa: “la bebida del éxito”. Los hermanos Rojo la bebieron juntos. Sabía a café de la mañana. A lluvia fresca. A solecito que entra por la ventana. A calma.
Supieron entonces que lo único que importa es tener paz en la mente y en el corazón.
Así es como te lo cuento: Panda Rojo y Zorro Rojo regresaron a casa felices, con la certeza de que el verdadero éxito no es llegar lejos, sino estar en paz.
