Los magros resultados de Graciela Domínguez en educación de Sinaloa
- migueldealba5
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Por dónde empezar

Por Omar Garfias
@Omargarfias
El número de jóvenes de entre 22 y 27 años sin bachillerato terminado en Sinaloa creció de 37 mil en 2022 a 56 mil en 2024, lapso en que Graciela Domínguez fue secretaria de Educación Pública y Cultura, según los datos oficiales de la medición de la pobreza del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI).
No hizo nada eficaz para que esos jóvenes excluidos concluyeran su formación académica básica, para que ejercieran su derecho al nivel educativo esencial que garantiza la Constitución. No les dotó de la herramienta que sirve como un factor para rechazar el reclutamiento del crimen organizado.
En el Plan Estatal de Desarrollo, Rubén Rocha Moya prometió reducir en 2.5 puntos porcentuales el analfabetismo para 2027. Luego de casi tres años, el informe de gobierno y la SEP federal dicen que Graciela Domínguez sólo logró reducir 0.3, tres décimas de punto porcentual, apenas el 12 por ciento de la transformación que juraron realizar. Muy poco avance para cumplir la promesa. A ese paso lograrían la meta hasta el año 2050.
No dio resultados significativos en eliminar una de las condiciones máximas de exclusión y desigualdad, que debería ser prioritaria para alguien que constantemente repite que “por el bien de todos, primero los pobres”.
Prometieron elevar en 29.2 puntos porcentuales la cobertura de educación preescolar. A casi tres años de ser conducida por Domínguez Nava, la SEPyC sólo la subió 1.5, un punto y cinco décimas, el 6 por ciento de la transformación que juraron realizar. Al paso que llevaba la entonces secretaria lograría la meta en 2072.
Lo anterior significa que más de 39 mil niños sinaloenses en edad de recibir educación preescolar fueron excluidos de ese derecho durante el desempeño como funcionaria educativa de la hoy gobernadora.
Prometieron elevar 3n 2.1 puntos porcentuales la cobertura de primaria. Tras casi tres años de trabajo de Graciela Domínguez en la SEPyC no solo no se avanzó, se retrocedieron 0.5, cinco décimas de punto porcentual. Los llevó para atrás.
Eso implicó que alrededor de 23 mil niños y niñas quedaran excluidos de la educación primaria.
Prometieron elevar en 5.1 puntos porcentales la cobertura de secundaria. Luego de casi tres años de que Domínguez Nava estuviera al frente de SEPyC retrocedieron 0.2, dos décimas de punto porcentual. Según las cifras oficiales los dejó caminando en sentido contrario a la transformación que juraron realizar.
Eso implicó que alrededor de ocho mil adolescentes quedaran excluidos de la educación secundaria.
Prometieron elevar en 21.3 puntos porcentuales la cobertura de educación media superior. Después de casi tres años apenas avanzaron 7.9, siete puntos con nueve décimas de punto porcentual, el 36 por ciento de la transformación que juraron realizar. A ese paso no cumplirían la promesa en 2027, sino en 2031.
Cerca de 12 mil jóvenes quedaron excluidos.
El abandono escolar es un fenómeno extremo de fracaso de la política educativa de un gobierno, ya sea porque los desertores carecen de los recursos económicos para seguir asistiendo o porque consideran que lo que reciben en la escuela no es útil.
Prometieron reducir de 0.5 a 0.1 por ciento el abandono escolar en educación básica, pero cuando Graciela Domínguez dejó la titularidad de la SEPyC el problema estaba en 0.6. Aumentó, en lugar de disminuir, según los datos del INEGI. Eso significa que alrededor de 1 mil 700 niños inscritos dejaron sus estudios a lo largo del ciclo escolar.
Prometieron reducir de 3.2 a 0.5 por ciento el abandono escolar en educación secundaria, pero luego de la titularidad de Graciela Domínguez en SEPyC, el problema estaba igual (3.2). No redujo nada. Eso significa que alrededor de 4 mil 800 adolescentes inscritos dejaron sus estudios a lo largo del ciclo escolar.
Prometieron reducir de 10.8 a 3.0 por ciento el abandono escolar en educación media superior, pero tras la titularidad de Graciela Domínguez en SEPyC el problema legaba a 11.3. Se elevó, en lugar de bajar. Eso significa que alrededor de 16 mil 800 jóvenes inscritos dejaron sus estudios a lo largo del ciclo escolar.
El 1 de noviembre de 2021, Domínguez Nava nombró a tres personas muy cercanas a ella en importantes cargos en la Secretaría de Educación Pública y Cultura. Eran sus compañeros de partido y también ex diputados, a quienes había liderado en el Congreso.
Horacio Lora, subsecretario de Educación Básica; Graciela Grijalva, directora de Educación Primaria Estatal, y Delia López, directora del Departamento de Educación Preescolar Estatal.
Cinco meses después, en marzo de 2022, maestros de la sección 27 hicieron un paro de labores y denunciaron que la SEPyC entregaba plazas y paquetes de horas por “amiguismo y compadrazgo” despojando de sus derechos laborales a los docentes, a quienes legítimamente les correspondían.
Horacio Lora se declaró un hombre íntegro y Rubén Rocha lo defendió afirmando que las demandas de los maestros eran políticas y no laborales.
Los maestros inconformes demostraron con pruebas fehacientes ante el área Jurídica y la Subsecretaría de Responsabilidades y Normatividad que los beneficiarios directos de los mejores sueldos y dobles plazas no eran los docentes con mejor puntaje y antigüedad, sino los ex diputados y sus familiares y amigos.
Un año después de presentadas las denuncias, los funcionarios designados por Graciela Domínguez se separaron de sus cargos. Lo hicieron sin que se abrieran procesos penales en su contra, a diferencia de como se ha hecho en otros estados cuando se descubren esquemas similares de corrupción en el manejo de plazas. Horacio Lora apareció recientemente en la sede de Morena en la Ciudad de México, festejando el triunfo de Imelda Castro.
Para ampliar la cobertura escolar, abatir el abandono y manejar honestamente las plazas, Domínguez Nava debió construir planteles escolares, contratar más maestros, becar suficientemente a los alumnos que lo necesitaban, revisar los contenidos educativos, nombrar funcionarios por méritos y no por amiguismo, y vigilar la asignación de plazas.
No lo hizo. Prefirió ser diputada federal y se fue a mitad del sexenio. Tras de ella dejó malos resultados.




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