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Los perfumes y el arte en tiempos de consumismo

hace 2 horas
1 min de lectura

Imagen ilustrativa generada con ChatGPT.
Imagen ilustrativa generada con ChatGPT.

Por Profa. Mayra Núñez P.

YouTube: Mayra Gallery Art

Galeria Mayra

 

Hay libros que huelen a humedad. Otros a soledad y algunos a perfume. Entre mis perfumes preferidos hay tres con distintos nombres, todos de la casa Chanel.

Pienso que igual que un libro deja huella en quien lo lee, un perfume también deja su huella invisible en quien lo porta.

El arte ofrece imágenes que dialogan con nuestra memoria y el perfume nos envuelve en una atmósfera invisible que recuerda quiénes somos.

Sin embargo, esa intimidad enfrenta la mercadotecnia del lujo, que convierte a la fragancia en símbolo de estatus y al cuadro en mercancía.

Lo que debería ser un gesto personal, un aroma que acompaña, una obra que conmueve, se transforma en un objeto aspiracional, diseñado para ser consumido, más que para ser sentido.

Crear una obra de arte conlleva creatividad, esfuerzo y muchas horas de trabajo. Detrás de cada lienzo hay una búsqueda, una disciplina y una entrega silenciosa. Del mismo modo, tras un perfume hay investigación, pruebas, fórmulas y un delicado equilibrio de notas que se construye como un cuadro invisible.

Ambos son fruto de un proceso complejo que rara vez se muestra, porque al público sólo llega el resultado final: la obra expuesta o el frasco elegante.

El contraste es evidente: mientras el mercado busca vender exclusividad, el arte y el perfume, en su esencia, buscan compartir emociones.

Quizá el verdadero lujo recuerda que la belleza está en la huella invisible que deja en nuestra memoria.

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