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África no debe ser laboratorio de la geoingeniería marina


Conferencia Nuestro Océano, en Mombasa, Kenia.
Conferencia Nuestro Océano, en Mombasa, Kenia.

Redacción


Mombasa, Kenia.- La Conferencia Nuestro Océano dejó al descubierto una creciente disputa sobre el futuro de los océanos en la lucha contra el cambio climático: mientras gobiernos e instituciones anunciaron nuevas inversiones para impulsar la eliminación de dióxido de carbono marino (mCDR, por sus siglas en inglés), organizaciones de la sociedad civil denunciaron que son una peligrosa expansión de la geoingeniería marina que podría convertir a África en un campo de pruebas para tecnologías aún no demostradas.

Los cuestionamientos surgieron tras el lanzamiento de una Hoja de Ruta Africana para la Eliminación de Dióxido de Carbono Marino, promovida por el Centro de Innovación Climática Oceánica de Kenia, y un compromiso financiero de la Iniciativa Carbono al Mar para ampliar la investigación internacional sobre el aumento de la alcalinidad oceánica, una de las técnicas propuestas para capturar carbono en el océano.

Organizaciones ambientales sostienen que estas tecnologías se presentan como soluciones frente a la crisis climática, a pesar de no existir evidencia científica concluyente de que puedan capturar y almacenar carbono de forma efectiva, permanente y segura.

Falsa solución climática

Activistas y especialistas consideran que la expansión de la geoingeniería marina desvía la atención del verdadero desafío: reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en su origen.

Amos Nkpeebo, de la Fundación FIDEP, en Ghana, señaló que el rápido interés por estas tecnologías es impulsado por mercados de carbono e intereses financieros.

"África debe analizar cuidadosamente quién obtiene los beneficios, quién asume los riesgos y quién controlará la gobernanza futura de las intervenciones climáticas basadas en los océanos".

Añadió que África tiene la oportunidad de liderar una gobernanza basada en el principio de precaución, la participación democrática y la responsabilidad intergeneracional, y no solamente limitarse a aceptar propuestas diseñadas fuera de la región.



Los críticos advierten que la expansión de experimentos en mar abierto podría transformar amplias zonas del océano —especialmente en el Sur Global— en laboratorios para tecnologías cuyos efectos aún son inciertos.

Entre los riesgos señalados destacan: alteraciones en la química del océano; cambios en la disponibilidad de nutrientes; impactos sobre ecosistemas marinos; afectaciones a pesquerías; riesgos para la seguridad alimentaria, y consecuencias para comunidades indígenas, pescadores y poblaciones costeras.

Según las organizaciones, la magnitud de los recursos económicos destinados a estas investigaciones podría acelerar su implementación antes de contar con suficiente respaldo científico.

"Otra forma de colonialismo"

Uno de los pronunciamientos más contundentes provino de Kwami Kpondzo, de la Coalición Forestal Global, y del Centro para la Justicia Ambiental de Togo, quien calificó la expansión de los mercados de carbono vinculados al océano como “otra forma de colonialismo”, mediante la cual la economía azul busca apropiarse de los océanos y de los recursos de las comunidades costeras.

Añadió que África rechaza todas las formas de geoingeniería, incluida la marina, porque el continente “no es un laboratorio para tecnologías peligrosas”.

Sin embargo, las organizaciones ambientales destacaron un anuncio considerado positivo durante la conferencia.

El ministro de Minería, Economía Azul y Asuntos Marítimos de Kenia expresó su respaldo a una moratoria preventiva sobre la minería en aguas profundas con el argumento de que existen riesgos para la pesca, las comunidades costeras y los ecosistemas marinos mientras persista la incertidumbre científica.

Para los grupos ambientalistas, ese principio de precaución debería aplicarse también a la geoingeniería marina.


El Dr. Mfoniso Xael, de la Fundación Salud de la Madre Tierra, afirmó que hay el riesgo de que el océano deje de verse como un ecosistema vivo para convertirse en un sitio destinado al almacenamiento de carbono y la experimentación tecnológica.

La oposición también proviene de organizaciones indígenas. Aakaluk Adrienne Blatchford, de la Red Ambiental Indígena, sostuvo que la geoingeniería marina es una continuación de los procesos históricos de colonización.

Explicó que las soluciones tecnológicas no pueden sustituir el conocimiento tradicional desarrollado durante milenios por pueblos que han aprendido a vivir en equilibrio con los ecosistemas.

“El conocimiento tradicional encierra la verdad y miles de años de experiencia vivida. La geoingeniería no es la solución”.

Las organizaciones recordaron que hay un marco internacional que limita estas intervenciones, en el cual destaca la moratoria de facto sobre geoingeniería, reafirmada en 2024, así como las restricciones establecidas por el Convenio de Londres y el Protocolo de Londres, que regulan tecnologías de geoingeniería marina bajo el principio precautorio.

A juicio de los especialistas, acelerar esas tecnologías sin respetar dichos acuerdos debilitaría la gobernanza internacional destinada a proteger los océanos.

El océano, aliado frente al cambio climático

Para Mary Church, del Centro para el Derecho Ambiental Internacional (CIEL), el océano ya enfrenta presiones derivadas del calentamiento global, la contaminación y la sobreexplotación. Convertirlo en un espacio para experimentos tecnológicos pondría en riesgo su función como el mayor sumidero natural de carbono del planeta y desviar recursos financieros y voluntad política de soluciones climáticas que han demostrado ser eficaces.

Al cierre de la conferencia, las organizaciones hicieron un llamado a los gobiernos para impedir experimentos de geoingeniería marina en mar abierto; proteger los ecosistemas marinos mediante el principio de precaución; fortalecer una gobernanza internacional estricta, y priorizar la reducción directa de emisiones sobre soluciones tecnológicas aún no comprobadas.

Para los firmantes, la verdadera respuesta a la crisis climática no es convertir el océano en un laboratorio de experimentación, sino reducir aceleradamente el uso de combustibles fósiles y proteger los ecosistemas que sostienen la vida y el equilibrio climático del planeta.

 

Fuentes: Declaración conjunta de organizaciones de la sociedad civil difundida al cierre de la Conferencia Nuestro Océano (Mombasa, Kenia); Convenio sobre la Diversidad Biológica; Convenio de Londres y Protocolo de Londres; Centro para el Derecho Ambiental Internacional (CIEL).

 

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