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Asertividad con perspicacia al comunicarnos



Texto e imagen de Fernando Silva


Todos transmitimos emociones, sensaciones, conocimientos y hasta sandeces a través de los diversos tipos de lenguaje construido, particularmente, desde las experiencias individuales hasta las colectivas. Por lo tanto, si la educación y la formación se establecieran a partir de principios morales humanistas, seguramente —en alto porcentaje— seríamos seres avenidos a diversas circunstancias o condiciones con mayor generosidad e inteligencia en los múltiples entornos, tanto homogéneos como heterogéneos. Evidentemente, la manera de interactuar con nuestros semejantes puede —de no tener tacto ni respeto— llevarnos a desmedidas desavenencias. Por lo que es vital cultivar valores, saberes y conciencia con la sana intención de atenuar cualquiera de los estados de preocupación o tensión mental, aleccionándonos en la defensa de los legítimos derechos humanos de cada uno sin violentar ni ser violentados. Es decir, ser personas afables, firmes, certeros y veraces con el objetivo de abonar al bienestar personal, familiar y social, fortaleciendo las habilidades que nos permiten expresar inquietudes, opiniones y pensamientos en el momento oportuno y de forma adecuada, sin desconsiderar el conjunto de criterios y normas expresivas en la idea de justicia y orden, que vinculan las relaciones humanas en toda sociedad y cuya observancia puede ser ejercida de manera coactiva.

Por consiguiente, la aserción involucra miramiento y consideración hacia uno mismo, entendidos de que no siempre se obtiene —como inferencia— la ausencia de discrepancias e incluso alteraciones, pero su objetivo es la potenciación de las derivaciones benévolas. De ahí que el interés y disposición para elevar la calidad humana sea uno de los eslabones más significativos de la vida para las sanas relaciones personales y sociales, teniendo en sensata deliberación que cuando es preciso nos podemos escapar de negativos desenlaces, lo que nos lleva a perfeccionar nuestras destrezas de coexistencia, es decir, desenvolvernos con acierto en las diferentes situaciones interpersonales requiere de una gran propiedad, de lo que se deduce que en varias —si no es que en todas— las oportunidades, podemos echar mano de nuestra inteligencia, paciencia y tolerancia para expresar sentimientos, juicios de valor o defender nuestro punto de vista, detener una discordancia, más si se presenta una imprudente o irracional reyerta y, lo más importante, salvaguardar con argumentos y evidencias verificables lo que reconocemos legítimamente como justo y/o meritorio.

En ese sentido, no es «liar los bártulos» para estar tan sólo en mejor condición, sino que hay que hacer lo necesario para vivir en dignidad, en armonía y en paz, para ello es urgente profundizar en pro de un diálogo circular en bien de todos. Por ésta y otras razones, la formación en valores y la capacitación en didácticas para la realización de los mismos son tan necesarias como estratégicas en favor de modelos teóricos-metodológicos adecuados a la seguridad pública con eficacia, el desarrollo sostenible, la equidad de género, fortaleciendo la economía castigando con justicia a quien haga cohecho y, por ende, al servidor público que caiga en actos de corrupción, pregonando la participación de los sectores privados y ciudadanos en democracia, la representatividad de los pueblos originarios en la toma de las decisiones, la productividad de las administraciones públicas en la implementación de las actividades y la transparencia en el uso de los recursos materiales y naturales, así como en la comunicación de las políticas públicas. Todo en una perspectiva clara y explícitamente comprometida con el humanismo, en otras palabras, con la defensa correspondiente y proporcionada al justo mérito y la consiguiente voluntad hacia el bien común.

Por consiguiente, es trascendental observar y entender la morfología o configuración de las políticas existentes y que los investigadores sociales identifiquen parvedades e inconvenientes; que hagan un inventario de proyectos con programas sociales y planes realizables en bien de todo ser viviente y el medio ambiente; formalicen análisis críticos con su respectivo esquema de recomendaciones. Así, los estudios de determinación pueden ser coetáneos o retrospectivos, debido a lo cual pueden tener como objeto una política en bien de la sociedad, en donde los términos de la inspección ofrezcan ajustar rumbos en una gestión gubernamental-administrativa, además de permitir o no la continuidad de un enfoque (planeación) así como una actividad iniciada por anterior gestión.

En concreto, apostar por la construcción de una sensata y justa convivencia ciudadana, en diversidad y armonía con la naturaleza, para alcanzar el buen vivir, cuyo fin no sea la mera acumulación material o el enriquecimiento ilícito, sino la generación y distribución de la riqueza desde la atención a las necesidades de todas las personas, promoviendo la equidad de oportunidades y el fortalecimiento de las libertades, la cultura, a la vez que se ponga un alto a la violencia de todo tipo y las sinrazones de orden jurídico y ministerial.

Entendiendo la acción y efecto de comunicar como un generoso proceso para transmitir ideas, conocimientos, experiencias, costumbres, tradiciones, sensaciones, emociones, intuiciones…, el mensaje debe ser categórico como lo más sustancial y, para ello, el sano hábito de la comprensión, la sensibilidad, la fraternidad y la creatividad cognitiva son los factores clave para lograr el efecto adecuado en el o los receptores, pues los beneficios de bien social ya no se pueden quedar en simples intenciones. Aquí tiene relevancia la activa participación social como campo transmisor de valores. Seres humanos colaborando en el bienestar general y que, al mismo tiempo, sean ejemplo de calidad humana y de voluntad para motivar a más gente con el respetable objetivo de que se adhieran a una causa que beneficia a todo ser viviente.

Es aquí donde la comunicación debe ser asertiva y perspicaz, ya que la manera en que se brinda juega un papel primordial en la acción comunitaria, empezando con uno mismo y siguiendo con la familia, parientes, amistades, vecinos, compañeros de trabajo… Por lo cual, una de las premisas es que la educación desde los hogares y el conocimiento adquirido en las aulas o de la experiencia, son en sí factores de desarrollo y relevancia, en donde las tradiciones, usos y costumbres, es decir, la cultura en cada sociedad, no constituyan una barrera para que la humanidad alcance mejores grados de progreso personal y socioeconómico.

Estimado lector, le hago altruista invitación para cuestionar la concepción del bien hacer sobre la base de reflexionar por qué hay tanta violencia, conflictos bélicos y estupidez, a partir de la noción central de que el mal radica en lo ínfimo. Hagamos todo lo que esté a nuestro alcance para llevar a buen puerto un cambio transformador. A partir de ahí, nos daremos cuenta de las condiciones de sana y justa posibilidad para procurar una conducta basada en el principio de no-contradicción y que podría ser entendida en función de la ponderación y de la conducta ética-moral, es decir, significando el bien como bandera hacia una espléndida evolución humana.

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