¿Cuántas guerras puede soportar el planeta?
- migueldealba5
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Guerra y Clima
Por Amira Armenta
Cuando miramos imágenes en la Internet o en la televisión de los bombardeos en Teherán, el Donbás, en los depósitos de petróleo e instalaciones energéticas de Medio Oriente, y vemos las columnas de humo negro levantándose hacia la atmósfera, pensamos estar lejos de esas catástrofes.
Hoy aquí, en mi ciudad, por ejemplo, el cielo amaneció azul y sin una nube. Pero, ¿de verdad estamos lejos del desastre ecológico que significan esas explosiones? ¡No! Las bombas nos afectan a todos, aunque vivamos a miles de kilómetros de distancia de Teherán. Nos afectan porque todos vivimos en el mismo planeta y lo que pasa en aquel punto de la Tierra repercutirá tarde o temprano también en el nuestro.
Por eso sorprende la indiferencia de los medios sobre el tema, para quienes la guerra es solamente un asunto geográfico, político, económico y puede ser que hasta humanitario (por la pérdida de vidas), e ignoran el factor ecológico, que finalmente es y será el más grave de todos los anteriores.
No es que la gran prensa internacional no escriba sobre el tema, sino que esos artículos rara vez van a las primeras planas. Quedan escondidos en las páginas interiores y hay que buscarlos para encontrarlos. Yo encontré ayer este buen artículo del New York Times sobre la crisis ambiental que causa la llamada Furia Épica de Donald Trump, sumada al Rugido del León, de Benjamín Netanyahu. ¡Vaya nombres que inventa esta gente!
“Durante el fin de semana, los ataques israelíes incendiaron cuatro depósitos de combustible cerca de Teherán, lo que provocó nubes tóxicas de humo negro sobre la ciudad de unos 10 millones de habitantes y escenas apocalípticas en toda la capital iraní. Con el fuego, parecía que la noche se había convertido en día, y luego, con todo el humo, el día volvió a convertirse en noche”. [Citado del artículo del NYT, traducido con DeepL]
Imaginen lo que sería un ataque a un depósito de petróleo en medio de Manhattan. Así han sido los bombardeos a Teherán. Además de los efectos inmediatos para la salud, está demostrado que la exposición al humo tóxico puede generar diversos tipos de cáncer.
El petróleo quemado o derramado por los ataques a tanques y barcos petroleros contamina las vías navegables, el suministro de agua, las plantas desalinadoras de las que depende el agua fresca para millones de personas. Todo, en una región que vive desde hace tiempo una crisis de agua por causa del cambio climático, entre otras razones.
Esta contaminación no se queda sólo en los límites de Irán. Se ha visto que las columnas de humo se han extendido a Afganistán, China y Rusia. Cito: “Más allá de simplemente esparcir la contaminación por todo el mundo, el humo que se extiende abre la puerta a la acumulación de hollín a gran altitud, donde podría acelerar el deshielo de los glaciares”.
La crisis ambiental que generan las guerras sobrepasa los campos de batalla, con consecuencias que todavía no alcanzamos a imaginar.
Otro asunto que han dejado en claro estas 'furias épicas' u operaciones militares (eufemismo para guerras) es la enorme dependencia que tienen todavía los países de las energías fósiles, y las pocas perspectivas de que esto vaya a cambiar en un tiempo cercano, a pesar de que se sabe —y se dice desde hace décadas— que deben ser reemplazadas por energías que no generen (tanto) gas carbónico.
Ello, a pesar de que las formas alternativas —solar y eólica— han crecido en algunos países, aunque su desarrollo es insuficiente. Han crecido un poco incluso en los Estados Unidos, a pesar de la pelea que ha hecho Donald Trump a los molinos de viento y a las placas solares. Con todo y eso, el dominio de los fósiles es todavía incomparable.
Lo poquísimo que ha avanzado la reducción de la contaminación de la atmósfera con el uso de la energía solar y eólica es contrarrestado con los rugidos de leones y la furia de Donald Trump, a quien lo única que le preocupa es el aumento del precio del barril de petróleo. Por eso, es inevitable preguntar ¿de qué sirve poner más placas solares si una guerra deshace en horas todo esfuerzo por reducir la contaminación del planeta?
Llegará el día en que no volvamos a ver más cielos azules de este lado del mundo. Días en que los amaneceres serán grises y smoggy, como dicen sucede ya en Delhi, Bombay y otras ciudades grandes de la India, donde las enfermedades respiratorias se han vuelto epidémicas.
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