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Del aula al reto empresarial: las maestrías co-creadas con industrias



Redacción

 

La discusión sobre posgrados entró a una nueva etapa. Durante años, el debate se enfocó en duración, modalidad o prestigio. Hoy el punto central es la pertinencia: ¿qué tan rápido un programa traduce conocimiento en desempeño profesional y qué tan bien prepara a personas que toman decisiones en entornos con alta presión, datos incompletos y tecnologías en evolución constante?

El cambio no es menor. El Foro Económico Mundial advierte que la brecha de habilidades se mantiene como la barrera más importante para la transformación de los negocios, y que 63 por ciento de los empleadores la considera el principal obstáculo.

Además, prevé que 40 por ciento de las habilidades requeridas en el trabajo cambiará hacia 2030, lo que reduce el espacio de contenidos “estables” y eleva el valor de rutas formativas que se ajustan con oportunidad y método.

En paralelo, la preocupación aparece en la conversación de alta dirección. En la 28 Encuesta Global de CEO de PwC 22 por ciento de los directores generales se declara “alta” o “extremadamente” expuesto en los siguientes 12 meses a una menor disponibilidad de talento con habilidades clave, cifra que no describe un problema futuro y abstracto, sino una restricción operativa, cercana, que impacta ejecución, competitividad y crecimiento.

En ese contexto, crece un modelo que une dos mundos que caminaban en paralelo: la co-creación curricular entre universidad y empresa. No se trata de pedir consejo al sector productivo ni de sumar una conferencia aislada. Es un proceso de diseño que inicia con un diagnóstico compartido: ¿qué retos dominan el sector; qué capacidades faltan en los equipos actuales; qué herramientas se usan cotidianamente y qué habilidades sostienen el liderazgo en los próximos años? Con esos insumos, el plan de estudios incorpora casos, proyectos aplicados y criterios de evaluación que reflejan estándares del entorno laboral.

Para el estudiante de posgrado, el beneficio más visible es la transferencia inmediata. Un programa co-creado acerca el aula a la realidad: escenarios con restricciones, prioridades que compiten entre sí, indicadores de desempeño y criterios para justificar decisiones ante audiencias diversas.

También fortalece la capacidad de conectar tecnología con estrategia, no como una lista de tendencias sino como un conjunto de herramientas que exige criterio, gobernanza y evaluación de riesgos.

El enfoque también eleva la exigencia. Cuando el aprendizaje se vincula con retos reales, la evaluación es más clara: entregables concretos, soluciones argumentadas, impacto medible y comunicación efectiva. El estudiante construye evidencia de competencia, no sólo constancias de asistencia.

Para los profesionales que ya ocupan posiciones clave o aspiran a ellas, esa evidencia es tan relevante como el contenido, porque abre conversaciones laborales basadas en resultados.

Maru Castillo, directora nacional de Posgrados en Tecmilenio explica: “Más que nunca, las empresas necesitan líderes capaces de resolver problemas reales y de adaptarse a tecnologías y modelos de negocio que cambian cada día. Por eso desarrollamos maestrías en colaboración con corporativos y empresas tecnológicas, para que los estudiantes aprendan exactamente lo que el mercado demanda y estén listos para liderar desde el primer día”.

Desde esa perspectiva, el rol de la universidad se reafirma: aportar rigor académico, estructura pedagógica y visión de largo plazo. El papel de la industria también se precisa: compartir prácticas, estándares y retos que definen el desempeño profesional.

Cuando ambos aportan con claridad, la formación deja de ser una lista de temas y se convierte en una ruta de capacidades: pensamiento analítico, innovación con propósito, liderazgo y uso responsable de la tecnología.

En los próximos años, la diferencia entre un posgrado “actualizado” y uno “pertinente” se verá en su método. Los programas con mayor valor serán los que conecten teoría y práctica con consistencia; que formen criterio, no sólo habilidad técnica, y que sostengan un diálogo real con el entorno productivo para ajustar contenidos con oportunidad.

“La colaboración academia–industria ya no es un extra; es un mecanismo para asegurar que el aprendizaje tenga impacto profesional desde el aula. Tecmilenio impulsa esta visión a través de su modelo educativo MAPS y con sus maestrías, que nacen de alianzas estratégicas y procesos de co-creación con empresas líderes y especialistas, con énfasis en habilidades críticas para liderar en sectores tecnológicos, corporativos y globales”, afirmó Maru Castillo.


Acerca de Tecmilenio

Es una institución educativa que forma personas con Propósito de Vida y las competencias para alcanzarlo, a través de una educación flexible y de alta calidad, que integra el aprendizaje con el trabajo, promueve el bienestar integral y prepara a sus estudiantes para los desafíos del presente y el futuro. MAPS, su nuevo modelo educativo, permite personalizar la ruta de aprendizaje mediante certificados cocreados con empresas y expertos y experiencias de formación integrada al trabajo como la Estancia Empresarial, donde los estudiantes resuelven retos y proyectos en empresas o en sus propios emprendimientos, mientras desarrollan competencias técnicas para el trabajo y humanas para la vida. De este modo, impulsa la empleabilidad sostenible, al lograr que nueve de cada diez estudiantes obtengan empleo antes de graduarse. Actualmente se conforma por 31 campus tradicionales y 13 espacios Connect, distribuidos en 29 ciudades de México. Su comunidad se integra por más de 52 mil estudiantes, cinco mil docentes, 2 mil 480 colaboradores y más de 163 mil egresados.

Para conocer más sobre su proyecto educativo, visite www.tecmilenio.mx

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