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El futuro de Mazatlán ¿hacia dónde y cómo?



Por Omar Garfias

@Omargarfias

 

En diciembre de 2023, antes de iniciar la actual crisis de inseguridad, el aforo vehicular de la carretera Mazatlán-Durango fue de 424 mil 47; en diciembre de 2024, ya en narcopandemia, fue de sólo 310 mil 576 y, en diciembre de 2025, de 362 mil 85.

Según la información de Caminos y Puentes Federales (Capufe), el aforo en julio de 2023 fue de 607 mil 247 vehículos y en julio de 2025 bajó a 461 mil 888. En agosto de 2023 fue de 539 mil 962 y en agosto de 2025 disminuyó a 459 mil 638.

El vínculo con el centro / norte del país es afectado por la inseguridad.

El promedio mensual de trabajadores registrados ante el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) en Mazatlán en 2024 fue de 128 mil 360; en 2025, de 127 mil 997. Se perdieron 363 puestos de trabajo, bajó 0.3 (tres décimas). En 2024, respecto a 2023, había subido mil 766 empleos, un crecimiento de 1.4 por ciento.

La creación de empleos formales se estancó.

En 2018 el número de carpetas de investigación abiertas por homicidio doloso fue de 102; en 2021, de 47; en 2024, de 62 y, en 2025, de 117. El peor año ha sido 2017, cuando asesinaron a 174 personas, según información del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública.

El número total de delitos en 2018 fue de 4 mil 310; en 2021, 4 mil 830; en 2024, 7 mil 461 y, en 2025, 8 mil 495, el peor año.

La narcopandemia también sucede en La Perla del Pacifico.

El comportamiento delincuencial en Mazatlán tiene características propias. En los últimos 10 años hay más robos a casa habitación que en Culiacán y que en el promedio del estado, ponderados mediante la tasa por cada 100 mil habitantes: 35 en la ciudad porteña, cuatro en la capital y 13 en la entidad, en 2025.

Igual sucede con la extorsión por cada 100 mil habitantes: siete en Mazatlán, dos en Culiacán y tres en promedio estatal, aunque este delito sí ha subido en el contexto de la narcopandemia.

Mazatlán no es un municipio que goce de paz. En Mérida suceden 307 delitos por cada 100 mil habitantes. En Mazatlán, mil 521.

La percepción de inseguridad antes del arribo de Morena al gobierno municipal y federal en diciembre de 2018, era de 56.4 por ciento, de acuerdo a la Encuesta Nacional de Seguridad Urbana del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI).

Tres años después de gobiernos municipal y estatal morenistas y al inicio del gobierno estatal del doctor Rubén Rocha, en septiembre de 2021, la percepción de inseguridad se había reducido a 46.1.

Antes del inicio de la actual narcopandemia, en septiembre de 2024, el porcentaje era de 40.

En la primera encuesta levantada durante la actual crisis de inseguridad, en diciembre de 2024, el miedo de vivir en Mazatlán subió a 67.7; en marzo de 2025, fue de 75.5; en junio de 2025, de 64.5; en septiembre de 2025, de 52.8, y en diciembre de 2025, de 80.4.

El comportamiento de la percepción de inseguridad corre con cierto paralelismo con la cantidad de asesinatos que suceden en el municipio. Suben y bajan en forma parecida, aunque no automática. El miedo de los mazatlecos depende de las decisiones del crimen organizado, de su voluntad de matar o de esconder los cuerpos. Ninguna estrategia de gobierno tiene evidencia de haber recuperado algún territorio. Los asesinatos se cometen en cualquier lugar y horario.

Antes del arribo de Morena al gobierno municipal, en diciembre de 2018, el 38.8 de la población consideraba efectivo al Ayuntamiento para resolver las problemáticas urbanas. Tres años después, el porcentaje se redujo a 26.7 y al inicio de la crisis de inseguridad, en septiembre de 2024, había subido a 29.2.

En la primera encuesta levantada durante la narcopandemia, en diciembre de 2024, el porcentaje de la población que consideró efectivo al gobierno municipal para resolver la problemática urbana de Mazatlán bajó a 24.4; en marzo de 2025, fue de 22.4; en junio de 2025, de 24.8; en septiembre de 2025, de 25.1, y en diciembre de 2025, de 21.3.

Hay un déficit de ese continuo político formado por Guillermo Benítez-Edgar González-Estrella Palacios. Los ayuntamientos mazatlecos nunca han tenido un porcentaje alto de ciudadanos que lo consideren efectivo en las encuestas del INEGI. Están muy lejos del 68 por ciento que le dan sus pobladores al gobierno municipal de Piedras Negras, Coahuila. Falta profesionalización, tecnología y combate a la corrupción.

La ciudadanía de Mazatlán es su activo más importante. Destaca por muchas cualidades positivas en México y en el mundo. Del mismo modo, tiene un diagnóstico muy claro de sus problemas y propuestas muy fundamentadas de solución.

Como Sandra Guido, sobre el déficit del agua y la necesidad de conformar un consejo de cuenca que revitalice la fuente fundamental de abastecimiento; o Ernesto Hernández Norzagaray y la pertinencia de tener un mecanismo eficiente para analizar y resolver los problemas sociales y económicos de la región; o Jorge González Olivieri y las formas de hacer del puerto una potencia; o Gustavo Rojo Navarro y la lucha por la transparencia y la honestidad en el manejo de los recursos públicos.

Hace poco se reunieron con unos 160 mazatlecos más y coincidieron en la necesidad, esbozada ahí profundamente por Manuel Clouthier, Isaac Aranguré, Gabriela Armenta y Juan Alfonso Mejía, de conformar un diálogo plural, abierto y basado en evidencia para establecer un horizonte común que convierta a Mazatlán en una comunidad con mayor capacidad de unirse para resolver sus problemas de seguridad y desarrollar sus potencialidades.

La ruta es provocar muchas conversaciones que generen ideas y acciones que solucionen problemas. Sin agendas ocultas.

Florecerán muchos conversatorios ciudadanos más.

El futuro de Mazatlán y de Sinaloa debe ser como lo necesitan sus ciudadanos.

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