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La reina del misterio


¡¿Qué hay de nuevo… viejo?!

 

Por Araceli Mendoza

@Arinmaldoza


La lectura de misterio es motivadora. En los años 70, la gran Agatha Christie fue acaparada por sus lectores en obras como Los cuatro grandes, Pasajero para Frankfurt y la Puerta del destino, entre muchos más.

A más de 100 años de la publicación de su primera novela El misterioso caso de Styles (1920), donde apareció el célebre detective belga Hércules Poirot, y a medio siglo de su muerte (12 de enero de 1976), la popularidad de Christie no ha desaparecido.

Hoy atrae a nuevos lectores. A diferencia de novelas que revelan al asesino, la reina del misterio llevaba a los lectores la respuesta correcta mientras los desviaba del camino. Su ingenio era único.

Agatha encontró en la novela policiaca un territorio donde podía explorar emociones, miedos y conflictos personales sin exponerse directamente .

Se casó en 1914 y tuvo una hija. Se divorció cuando el marido confesó estar enamorado de otra mujer. La disolución de su matrimonio se dío en circunstancias misteriosas, que incluyeron su desaparición durante once días, cuando en diciembre de 1926 abandonó su coche en una carretera cercana al pueblo de Albury.

En un viaje al Medio Oriente conoció al arqueólogo Max Mallowan, con quien se casó en 1930. Lo asistió en sus excavaciones por Siria e Irak, donde fotografiaba y catalogaba artefactos mientras se daba tiempo para escribir.

Al usar escenarios como casas de campo, pueblos pequeños y trenes, creó una atmósfera de seguridad y control que sirvió para hacer más perturbador el crimen y exponer odios familiares, resentimientos económicos, celos, traiciones y deseos de venganza.

Fue una mujer entre autores que defendían preceptos inviolables para la ficción de misterio. La desobediencia de Christie a las reglas para la ficción impregnó una resistencia de género en muchas de sus novelas.

En los años 70 se hicieron adaptaciones de sus novelas al cine. Por ejemplo, Asesinato en el Expreso de Oriente, con Albert Finney como Hércules Poirot, e Ingrid Bergman. Tras el éxito, John Guillermin dirigió Muerte en el Nilo.

Agatha Christie fue capaz de intercalar temas cómicos con trágicos y convirtió la violencia en un ejercicio intelectual, antes que emocional, por lo que la experiencia de leerla resulta placentera y lúdica.

Hasta la próxima.

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