El imperialismo ataca otra vez
- migueldealba5
- hace 5 días
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Temas centrales
Por Miguel Tirado Rasso
Lo que le funcionó bien a Trump
en un principio, sus amenazas
de aranceles a diestra y siniestra
y a nivel global, que dobló voluntades,
ha perdido efectividad en países
que le salieron respondones.
Imprevisible como el que más, el presidente de los Estados Unidos (EEUU), Donald Trump, continúa con el manejo de los aranceles como su arma favorita para amedrentar y ablandar a los países que no se ajustan a sus caprichos o a sus ocurrencias.
A partir de que asumió la Presidencia del país más poderoso del planeta, hace poco más de un año, encontró la fórmula para gobernar sin necesitar el aval del Congreso, a través de órdenes ejecutivas. Sólo en su primer año de gobierno emitió 225.
A Trump le urge ganar tiempo. Sólo tiene tres años más para cumplir sus promesas de campaña y concretar sus obsesiones expansionistas. Pero, además, tiene otra amenaza más próxima: en noviembre serán las elecciones intermedias en su país, en las que corre el riesgo de perder el control de la Cámara de Representantes.
Actualmente, las encuestas no le favorecen pues está por debajo del 50 por ciento en las preferencias y sigue en descenso. De perder parte del Congreso, su acelerado gobierno se verá obligado a bajar el ritmo y deberá negociar con la oposición, que no siempre aceptará sus ocurrencias. Además, tendrá que cumplir enfadosos requisitos que imponen las leyes para sus actos de gobierno.
Lo que le funcionó bien en un principio, su amenaza de aranceles a diestra y siniestra y a nivel global, que dobló voluntades, ha perdido efectividad en países que le salieron respondones. La imposición de aranceles alteró la economía mundial y afectó la economía norteamericana, entre otras cosas por el aumento en los precios de los productos importados. Finalmente, el consumidor norteamericano es quien paga esos incrementos.
El manejo del mandatario estadounidense de los derechos aduaneros como arma de presión y amedrentamiento ha topado en ocasiones con reacciones inesperadas por algunas naciones dispuestas a responder con la misma moneda.
Además, ante las reacciones negativas en los mercados, ha tenido que dar marcha atrás con sus órdenes ejecutivas, algo que en un año ha convertido en una práctica recurrente. Al estilo de poner y quitar o reducir aranceles sin más, Robert Amstrong, columnista del diario británico Financial Times, lo bautizó como “Trump siempre se acobarda” (TACO, por sus siglas en inglés), lo que ha ocurrido no pocas veces.
El más reciente ejemplo del TACO ocurrió hace poco, cuando Trump amenazó a los países europeos que se oponían a su intención de apoderarse de Groenlandia por las buenas —compraventa— o por las malas —intervención militar—, con imponer un arancel del 10 por ciento a partir del 2 de febrero, que podría subir hasta el 25 por ciento si para el primero de junio no se llegaba a un acuerdo sobre la compra del país danés.
Los países amenazados (Dinamarca, Reino Unido, Finlandia, Suecia, Alemania, Noruega, Países Bajos y Francia) plantaron cara al magnate. No nos dejaremos chantajear, dijeron.
En una respuesta firme y coordinada de la Unión Europea (UE), se consideró la posibilidad de activar el Instrumento Anticoerción. Una “bazuca comercial” diseñada para proteger a sus estados miembros ante una coerción económica proveniente de otros países. Las medidas van, desde la disuasión hasta el cierre del acceso al mercado único de UE, en casos extremos.
Esta amenaza no es menor por el alto costo que podría significar a las empresas norteamericanas y su impacto en la economía mundial, por lo que “convenció” al Presidente Trump para moderar su prepotencia y cancelar los aranceles anunciados.
Pero Trump es Trump y si bien anunció la cancelación de sus amenazantes aranceles, no desiste en la intención de apoderarse de Groenlandia, cuya soberanía están decididos a defender los países europeos.
Trump alega que necesita a Groenlandia desde el punto de vista de seguridad nacional, ante la amenaza que, según él, representan China y Rusia, pero en el fondo hay otras razones: el acceso y explotación de sus ricos yacimientos de petróleo, gas, oro, titanio y tierras raras, indispensables para la industria militar. Groenlandia ocupa el octavo lugar mundial en reservas de estos elementos químicos.
Y la tercera razón del interés trumpiano por la isla es, de imaginar, su obsesión imperialista.
Groenlandia y la Unión Europea no la tienen fácil.
Enero 29, 2026
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