La piñata mexicana en EEUU
- migueldealba5
- 3 jun
- 4 min de lectura

TEMAS CENTRALES DE LA POLÍTICA MEXICANA

…la Mandataria buscó,
con el argumento de
defender la soberanía,
desatender la solicitud
de los estadunidenses.
Por Miguel Tirado Rasso
La relación entre México y los Estados Unidos (EEUU) siempre ha sido compleja. No es fácil tener de vecino al país más poderoso del planeta. Si históricamente nunca lo ha sido, en la actualidad se elevó la dificultad con un mandatario que es impredecible, autoritario y obsesionado en hacer realidad su lema de campaña: “Haz grande a América (EUA) otra vez (MAGA, por sus siglas en inglés)”.
Para lograrlo, Donald Trump no ha parado en mientes y en pocos meses alteró el orden, la economía y la paz mundial. Es el personaje con el que hay que convivir y negociar, y para México es importante mantener una buena relación con él.
Seguridad y narcotráfico han sido, quizás, los temas más sensibles en la relación entre ambos países. Esa sensibilidad se ha agudizado durante la administración del Presidente Trump. El 20 de enero de 2025, el mismo día de su toma de posesión, firmó una orden ejecutiva que calificó como organizaciones terroristas extranjeras a varios cárteles latinoamericanos. La orden incluyó a los cárteles de Sinaloa y Jalisco Nueva Generación, entre otros.
En el combate a las drogas ha habido colaboración entre los dos países. Sin embargo, para la Casa Blanca el esfuerzo de México no ha sido suficiente.No son pocas las veces que el mandatario norteamericano ha declarado que los cárteles de la droga gobiernan y controlan nuestro país; que el gobierno está petrificado por ellos; que la presidenta Claudia Sheinbaum tiene miedo a los cárteles del narcotráfico y no acepta el envío de tropas norteamericanas que le ha ofrecido, reiteradamente, para combatirlos.
Para despresurizar el ambiente, sólo en este año México envió a los Estados Unidos a 92 narcotraficantes, sin mediar solicitud de Washington ni aportación de pruebas. Estados Unidos agradeció el envío, pero quedó insatisfecho. No atendía su interés en personajes que desde el poder político o del gobierno estuvieran asociados y/o protegieran actividades de los cárteles de la droga. Los narcopolíticos, pues.
El reclamo subió de tono cuando solicitó, con base al acuerdo de extradición firmado por ambos países, la detención provisional con fines de extradición de 10 funcionarios y políticos del gobierno de Sinaloa, entre ellos el gobernador en funciones, el presidente municipal de Culiacán y un senador de la República. Ardió Troya.
La Presidenta Sheinbaum evadió la solicitud del gobierno norteamericano con el alegato de no haber recibido pruebas que justificaran el procedimiento de extradición y dio vuelta a la hoja. De manera sorprendente —aunque no tanto por tratarse de personajes de Morena—, la mandataria buscó desatender la solicitud, con el argumento de defender la soberanía. Para fortalecer su posición, decidió aprovechar el informe de la celebración de su segundo año de gobierno, un acto multitudinario replicado a nivel nacional, para politizar la petición estadounidense y calificarla como un acto injerencista.
La protección presidencial de los presuntos acusados puede resultar muy costosa para el país, pero parece que la mandataria tomó la decisión de enfrentar a los Estados Unidos sin medir las consecuencias.
Alega defender la soberanía del país. Una postura legítima, salvo por el detalle de que la usa para proteger los intereses de los presuntos culpables de narcotráfico y no los del país. A partir de la solicitud de detención con fines de extradición, la presidenta acusa al Departamento de Justicia de los EEUU de intentar convertirse en gran elector en México: “…vienen por unos, luego por otros, hasta que el Departamento de Justicia se convierta en el principal elector de México…”, señaló en su informe.
La mandataria convirtió su asamblea informativa en un acto político de público apoyo —inconcebible, inadecuado e improcedente—, a quienes Estados Unidos pretende juzgar como presuntos narcotraficantes. La solicitud de detención sirvió de pretexto a la presidenta para curarse en salud y enviar el mensaje de que su gobierno no aceptará más reclamos de la justicia norteamericana contra personajes de la 4T.
Algo habrá dicho el secretario de Seguridad Nacional de Estados Unidos, Markwayne Mullin, a la Presidenta Sheinbaum en su reciente visita a Palacio Nacional, que la puso en modo alerta, lo que explicaría el inusual tono elevado de su discurso el domingo pasado.
Si en el tiempo de la Cuarta Transformación la política contra el crimen organizado fue de “abrazos y no balazos”, en el segundo piso pinta para ser de rechazo absoluto a cualquier acusación proveniente del extranjero contra morenistas.
Según la mandataria se trata de peticiones injerencistas que amenazan nuestra soberanía. “…Cuando del extranjero se dicta quién es culpable o se presiona, es injerencia”, afirmó. Son campañas contra el gobierno, ataques de sectores de la ultraderecha conservadora de ambos países.
Como control de daños que difícilmente funcionará, Claudia Sheinbaum eximió al día siguiente al Presidente Trump de la ofensiva contra su gobierno. No creo que encabece esos ataques, señaló. Probablemente no esté enterado de ello, concluyó. Habrá que ver qué opina Mr. Trump.
México no es piñata de nadie. Absolutamente de acuerdo, pero no estaría de más cuidar que no la vayan a romper. Por aquello del dale, dale, dale…
Junio 3, 2026




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