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La policía de Sinaloa es la peor del país



Por Omar Garfias

@Omargarfias

 

En 2025, el número de policías estatales por cada mil habitantes en Sinaloa fue de 0.6. En Yucatán fue de 2.1. Es una de las razones de por qué en Sinaloa los delincuentes pudieron asesinar a 1 mil 654 personas, y allá a 42.

La función de la policía estatal es ocupar el territorio de modo que puedan prevenir la comisión de delitos. No hay suficientes elementos para hacerlo bien, como en Yucatán.

Ante la narcopandemia, al gobierno del estado de Sinaloa no le pareció necesario contratar una cantidad significativamente mayor de policías. Mantuvo prácticamente la misma tasa de policías por habitante que había antes de la crisis de inseguridad: 0.5. Incluso, el personal total que laboró en la Secretaría de Seguridad Pública en 2025 (1 mil 791 personas) fue menor al que había en 2021, cuando inició la administración de Rubén Rocha (1 mil 811).

Todos son datos oficiales del Censo Nacional de Seguridad Pública Estatal del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI).

Cualquier ciudadano podría suponer que por tener años de enfrentar a los cárteles reconocidos como los más poderosos del mundo, la policía estatal sinaloense estaría entre las integradas por la mayor cantidad de elementos. Eso no sucede. Al contrario, se mantiene entre las cinco peores en todos los censos del INEGI desde 2020.

En Querétaro, los policías estatales fueron capaces de desempeñar funciones de prevención, reacción, proximidad social e investigación. En Sinaloa, nadie hizo proximidad social ni investigación. Esa es una de las razones por las que el número total de delitos aumentó 16.9 por ciento respecto a 2024 y allá se redujo en 4.6 por ciento. Sólo en tres estados la práctica policiaca fue tan incompleta.

El Certificado Único Policial acredita los conocimientos, las habilidades y aptitudes de los policías de las instituciones de Seguridad Pública. Para obtenerlo es necesario contar con formación inicial y resultados aprobatorios vigentes en relación con las evaluaciones de competencias básicas y de desempeño.

Tener el certificado significa que ese policía está bien capacitado y sabe trabajar. En Chiapas, Chihuahua y Querétaro, todos los policías estatales lo tienen. En Sinaloa, sólo 57 por ciento. Abajo del promedio nacional, que es de 70 por ciento.

La capacitación de la policía estatal ha empeorado. En 2024, el 61.5 por ciento de los policías contaba con certificado; en 2021, antes de que Morena gobernara el estado, el ciento por ciento.

En 2025, en Colima, 96 por ciento del personal policial obligado a presentar evaluaciones de control de confianza tuvo evaluaciones aprobatorias vigentes. Esto es, hubo cierta garantía de que no estaban cooptados. El promedio nacional es de 72 por ciento. En Sinaloa, apenas 46 por ciento pasó la prueba.

También la ética ha empeorado. El porcentaje de evaluaciones aprobatorias vigentes en 2024 era de 48.

El presupuesto que ejerció en 2025 la Secretaría de Seguridad Pública del gobierno de Chihuahua fue de 1 mil 381 pesos por habitante; en Sonora, 1 mil 443; en Nuevo León, 1 mil 534. La de Sinaloa, apenas 301. Hasta el gobierno de Nayarit, con menos recursos, invierte más que el de Sinaloa: 816. Los peores recursos para cumplir su función.

De las nueve prestaciones laborales indagadas por el INEGI, los policías estatales sinaloenses carecen de cinco. También las condiciones de trabajo son de las peores del país.

Un grupo de mujeres custodias del Centro Penitenciario de Goros II, dependientes de la Secretaría de Seguridad Pública del Gobierno del estado, se manifestó para denunciar abusos de autoridad, hostigamiento laboral y violaciones a sus derechos humanos y laborales, ya que son enviadas recurrentemente a otros penales del estado —principalmente a Culiacán— sin viáticos, transporte ni hospedaje y sin fecha definida de regreso.

Expresaron temor por sus vidas al periodista Ernesto Torres, tras el reciente asesinato de María de los Ángeles Ruiz Salazar, una custodia penitenciaria originaria del ejido Macapule, en Ahome, quien fue privada de la libertad y localizada sin vida en Culiacán.

En 2025, ningún policía estatal fue asesinado en 11 estados. En seis, asesinaron a uno. En Sinaloa mataron a 13. No hay peor estado. Carecen del entrenamiento y equipamiento necesarios para evitar que ellos mismos sean las víctimas.

La policía estatal de Sonora detuvo y puso a disposición de las autoridades a 4 mil 163 presuntos delincuentes en 2025; la de Chihuahua, a 2 mil 926; Nuevo León, a 9 mil 226; Nayarit, a 14 mil 573; Yucatán, a 18 mil 112. La de Sinaloa, sólo a 601.

Tener los peores resultados es obvio para una policía estatal con los peores indicadores de cantidad de elementos, presupuesto, capacitación, ética, equipamiento y condiciones laborales.

La policía estatal sinaloense puso a menos personas a disposición que en 2024, cuando detuvo a 751 presuntos delincuentes o infractores. Empeoró en plena narcopandemia. Eso demuestra que lo puede hacer más mal año con año.

Las preguntas obvias son: ¿está tan debilitada la policía estatal porque el gobierno estatal es muy inepto o porque está coludido con el crimen organizado? ¿Omar García Harfuch y el general Ricardo Trevilla Trejo no saben que es necesario fortalecer las instituciones locales de seguridad?

Sinaloa no tendrá paz ni seguridad mientras la Secretaría de Seguridad Pública no tenga 7 mil 500 personas y no 1 mil 791 y ejerza 5 mil 200 millones de presupuesto y no 965 millones como en 2025, con el ciento por ciento de elementos con certificados únicos policiales, con sueldos de 32 mil pesos mensuales —como en Nuevo León—, bono anual de 70 mil pesos, servicio médico de primer nivel, apoyo de vivienda y becas para estudios superiores; equipados y entrenados con calidad mundial; que su actuación tenga la certificación CERTIPOL, una evaluación independiente de expertos y ciudadanos.

Y, sobre todo, que la gobernanza criminal morenista no ponga al frente de la Secretaría de Seguridad Pública del estado a generales que reciban 100 mil dólares mensuales para colaborar con la mafia.

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