El poder teme a la réplica
- migueldealba5
- hace 9 minutos
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Hay momentos en política en que una respuesta explica más que lo que pretende responder. Si el derecho de réplica es bueno cuando lo ejerce el poder, no puede convertirse en amenaza cuando alguien pretende ejercerlo frente al poder.
Y no se plantea como simple miedo al “qué dirán”. Es algo más político: miedo a perder la condición de emisor dominante. La “mañanera” no es solamente una conferencia. Durante años se ha convertido en una maquinaria para fijar agenda, responder críticas y establecer versiones oficiales. Precisamente por eso la propuesta opositora busca discutir sus reglas.
Eso acaba de ocurrir con el debate sobre el derecho de réplica y las conferencias mañaneras.
El Gobierno de México creó hace unos meses un espacio denominado “Derecho de Réplica”, destinado a contrastar lo que considera noticias o narrativas falsas con información oficial. La propia Presidencia de la República ha explicado que se trata de ofrecer a la sociedad elementos para contrastar versiones y formar un juicio crítico.
Hasta ahí, nada extraño. Un gobierno tiene derecho a defenderse de una información falsa. Más aún: tiene la obligación de proporcionar información verificable y permitir que los ciudadanos conozcan su versión.
El problema aparece cuando alguien plantea la pregunta incómoda: ¿y quién replica al Gobierno cuando es quien afirma algo falso, inexacto o imposible de verificar?
La oposición ha propuesto que las mañaneras se sujeten a mecanismos de derecho de réplica, precisamente por la enorme capacidad que tienen para instalar una versión oficial de los acontecimientos.
La propuesta provocó una respuesta curiosa: el Gobierno consideró a la iniciativa como un intento de los opositores por controlar o apropiarse de su información diaria.
Aquí comienza el problema, porque eso no responde al argumento. ¡Cambia el argumento!
Nadie plantea que la oposición deba controlar la información del Gobierno. La discusión es más sencilla: si el Gobierno puede exigir a otros que rectifiquen, ¿por qué el Gobierno no acepta un mecanismo equivalente cuando una persona o institución considere que fue afectada por una afirmación falsa o inexacta emitida desde una tribuna oficial?
La paradoja es difícil de ignorar.
El poder creó su propio “derecho de réplica” para responder a los medios, pero cuando alguien reclama la posibilidad de responder al poder, parece que la réplica deja de ser un derecho para convertirse en conspiración.
Esa sí parece una falla estratégica de comunicación, pero quizá no de los asesores... O no solamente de ellos. Es posible que detrás haya algo más profundo: el temor a perder el control del relato.
Un gobierno seguro de sus argumentos no debería temer a la réplica. Debería aceptarla como parte natural de una conversación pública. Si sus datos son sólidos, la réplica puede incluso convertirse en una oportunidad para demostrarlo.
El problema es que la comunicación política dejó de entenderse como intercambio para concebirse como dominio mal planeado. Entonces, cualquier voz externa parece una amenaza y cualquier crítica, una operación.
Y cualquier réplica se considera un intento de arrebatarle al poder aquello que considera suyo: el derecho de contar la historia, de controlar la narrativa.
Pero olvida que la información pública no pertenece al gobierno. Pertenece a los ciudadanos.
La “mañanera” fue una poderosa herramienta de comunicación política. Por eso necesita algo que el poder considera incómodo: límites, contraste y posibilidad de respuesta.
Una democracia no se debilita cuando alguien replica al gobierno. Se debilita cuando el gobierno cree que nadie tiene derecho a replicarle.
Tal vez por eso la reacción oficial es tan reveladora. No parece miedo al qué dirán, sino miedo a que alguien más pueda decirlo.




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