Mira Luma, la cervatilla con perspectiva especial
- migueldealba5
- hace 17 horas
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Deja te cuento un cuento
Por Déborah Buiza
@DeborahBuiza
En el Bosque del Viento Vivo vivía Mira Luma, una pequeña cierva de ojos hermosos y enormes: dulce, amigable, bondadosa y con un corazón de acero, fuerte y guerrero.
Como les pasa a muchas personas inteligentes, Mira se daba cuenta con suma facilidad no sólo de lo que podía pasar, sino de todo lo que no podía pasar e incluso de lo que podía salir mal. Esa habilidad de ver muchos escenarios posibles a partir de un solo evento no siempre jugaba a su favor, y en ocasiones le causaba malestar y estrés.
A Mira Luma le gustaba la aventura. Aprender cosas diferentes e intentar cosas nuevas. Tenía una gran lista de experiencias por vivir. Sin embargo, a pesar de su energía y su buena intención, su mente a veces le jugaba chueco:
— ¿Qué tal si sale mal?
— ¿Y si ya estoy grande para intentar eso?
— ¿Y si nadie en la familia ha hecho algo parecido?
A pesar de esas ideas no se detenía. Seguía adelante y enfrentaba las situaciones. Decidida a no dejarse vencer por esos pensamientos, generalmente obtenía buenos resultados. Pero las voces seguían ahí y no le permitían disfrutar del todo.
Un día decidió aprender teatro. Tomó clases durante meses. Era muy participativa y se empeñaba mucho en los ensayos. Siempre trataba de dar lo mejor de sí.
El día del cierre de curso presentarían la obra final. Una obra a la que habían dedicado mucha energía. Tras la cortina, la cervatilla observaba cómo se llenaba el teatro. Veía a su familia y amigos, quienes habían ido a apoyarla. De repente sintió una punzada en el pecho. Se puso muy nerviosa.
Era la primera vez que lo hacía y le preocupaba hacerlo bien…
— ¿Y si sale mal?
— ¿Y si me equivoco?
— ¿Y si no sirvo para esto?
— ¿Y si se burlan de mí?
La Lechuza Sabia, que observaba todo tras el telón, notó cómo el bello rostro de Mira Luma se ensombrecía por la preocupación. Como si leyera sus pensamientos, le dijo:
— ¿Y si pruebas cambiar el “estoy muy nerviosa… y si me equivoco…” por “esto es emocionante, sé hacer esto y será divertido”?
Mira Luma la observó con sus grandes ojos y, sin tiempo para responder asintió con la cabeza. Estaban a punto de la tercera llamada. Respiró profundo, cerró los ojos y se dijo en silencio: “Esto es emocionante… esto será divertido”.
Tercera llamada… ¡Comenzamos!
Mira Luma salió a darlo todo en el escenario. No sólo mostró lo que meses de ensayo habían construido en ella; puso el corazón. El público se emocionó con su actuación y ella disfrutó las luces, la música y cada instante. Fue un momento realmente maravilloso.
Cuando terminó la función el público aplaudió con entusiasmo. Mira Luma se emocionó hasta las lágrimas.
Después de la función, siguió practicando esos pequeños giros de pensamiento que hizo en el escenario. Cambiaba el “está muy difícil” por “es sólo una prueba, puedo intentarlo”. Si fallaba, transformaba el “no podré lograrlo” por el “sólo tengo que volver a intentarlo”.
Con el tiempo y la práctica, algo empezó a cambiar. Ya no enfrentaba las cosas desde el mismo lugar. Cuando algo la ponía nerviosa se decía: “esto es emocionante”.
En otras ocasiones intentaba con:
— Es divertido...
— Es un reto…
— Es una aventura...
— Es sólo una práctica…
También entendió que no siempre funcionaba. Hay situaciones que simplemente son lo que son y no hay forma de romantizarlas o transformarlas. Pero aquellas en las que sí se puede, vale la pena intentarlo.
Y así te lo cuento: hay situaciones que podemos resignificar para disfrutarlas más o para salir adelante de la mejor manera posible. Al cambiar de perspectiva, la vida puede volverse más interesante, emocionante… o más ligera.




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