México corre detrás de El Niño
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Por Miguel Ángel de Alba
@migueldealba
+ La diferencia entre anticiparse y reaccionar es de meses… y esos meses pueden costar vidas
La diferencia entre los mensajes de la Organización Meteorológica Mundial (OMM) y del Gobierno de México no es el diagnóstico. AMbos coinciden en lo esencial: El Niño se fortalece rápidamente y hay alta probabilidad de que evolucione a un episodio fuerte entre julio y septiembre de 2026, con mayores riesgos de olas de calor, lluvias torrenciales, sequías y ciclones más intensos. (World Meteorological Organization).
La diferencia está en el tiempo. Y en la gestión del riesgo el tiempo es todo.
Mientras la OMM comenzó a movilizar desde hace más de un mes al sistema de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), coordinando reuniones con organismos humanitarios, fortaleciendo los servicios climáticos y exhortando a los gobiernos a preparar sistemas de alerta temprana antes de que los impactos se materialicen, México apenas anuncia que espera tener listo en dos meses un sistema de alertamiento por telefonía celular. (World Meteorological Organization).
Dos meses.
El problema es que esos dos meses nos ubican en septiembre, cuando el propio Servicio Meteorológico Nacional reconoce que comenzaría el periodo de mayor intensidad del fenómeno y el pico de la temporada de ciclones del Pacífico.
Esto quiere decir que el país intenta sonar la alarma cuando el incendio ya avanzó.
La prevención no comienza al aparecer el riesgo
La OMM publicó el 2 de junio su actualización El Niño/La Niña Hoy, en la que informó que había 80 por ciento de probabilidad de que El Niño se desarrollara entre junio y agosto y más de 90 por ciento de que permaneciera hasta noviembre. (World Meteorological Organization).
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Históricamente, El Niño ha causado sequía en el centro, occidente y norte de México; olas de calor y temperaturas extremas; cambios en las lluvias; impactos en agricultura, abastecimiento de agua y generación hidroeléctrica, y alteraciones en los ecosistemas marinos del Pacífico.
El 3 de julio, la OMM elevó el tono y habló de una rápida intensificación, de un evento potencialmente fuerte y de un incremento en la probabilidad de fenómenos meteorológicos extremos. Y anunció algo más importante: la activación de mecanismos internacionales de coordinación y preparación. (World Meteorological Organization).
En contraste, el Gobierno mexicano apenas informa el 9 de julio que trabaja para que las alertas lleguen a los teléfonos celulares.
La pregunta es: ¿por qué apenas ahora?
No se trata de una tecnología nueva. Los Estados Unidos utilizan el sistema Wireless Emergency Alerts (WEA) desde 2012; Chile tiene el Sistema de Alerta de Emergencia (SAE) desde hace más de una década; Japón, Corea del Sur, Nueva Zelanda y numerosos países europeos emplean sistemas de difusión celular para las advertencias meteorológicas.
Si México reconoce que sólo tres países del continente cuentan con esta herramienta y presume estar entre ellos, es complicado explicar por qué todavía afina el sistema para huracanes cuando la temporada ya está en marcha.
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El Gobierno federal anunció un monitoreo permanente y la actualización de los pronósticos conforme evolucione el fenómeno de El Niño.
La historia no ayuda
México tiene una larga tradición de reaccionar después del desastre.
Los ejemplos abundan.
Después del huracán Paulina se fortalecieron los protocolos. Después de Wilma se revisaron planes turísticos. Después de Ingrid y Manuel se habló de coordinación.
Después de Otis se descubrió que el sistema de alertamiento tenía vacíos operativos y enormes desafíos de comunicación.
Ahora, ante un fenómeno que la ciencia internacional anunció con meses de anticipación, nuevamente el discurso gira alrededor de algo que "estará listo en dos meses".
No es una crítica al trabajo técnico del Servicio Meteorológico Nacional.
Por el contrario.
La exposición de Fabián Vázquez Romaña fue clara, pedagógica y científicamente sólida. Explicó con precisión qué significa un evento fuerte de El Niño, las probabilidades y las incertidumbres inherentes a cualquier pronóstico climático.
El problema comienza cuando esa información debe traducirse en política pública.
Ahí surge el desfase.
Hay otro detalle que llama la atención.
La OMM insiste en que las alertas tempranas deben integrarse con preparación comunitaria, infraestructura resiliente, protección social y capacidad institucional, no sólo con mejores pronósticos. (World Meteorological Organization).
Y pese a ello México apuesta otra vez buena parte de su estrategia a un sistema de mensajes por telefonía celular. Es una herramienta útil, pero no sustituye a los drenajes urbanos capaces de soportar lluvias extremas; ordenamiento territorial; mantenimiento de presas; reubicación de asentamientos en zonas inundables; restauración de cuencas, ni al fortalecimiento de la protección civil municipal.
Una alerta sirve para avisar. No evita que un río se desborde. No impide que una ladera colapse. No protege una vivienda construida sobre un cauce.
Sería injusto afirmar que el Gobierno no hace nada.
La instalación de puestos de mando, la actualización del Atlas Nacional de Riesgos y la coordinación entre dependencias son avances importantes, pero sería ingenuo suponer que con eso basta.
La gestión moderna del riesgo climático se mide por la capacidad de anticiparse.
Hoy, otra vez, México parece llegar cuando el reloj ya empezó a correr, porque mientras el mundo científico lleva semanas diciendo "prepárense", el mensaje oficial sigue siendo "estamos trabajando para que el sistema esté listo".
La diferencia parece semántica. En realidad es la diferencia entre prevenir y reaccionar.
En un país donde los fenómenos hidrometeorológicos son responsables de la mayor parte de los desastres registrados cada año, esa diferencia puede medirse en pérdidas económicas, infraestructura destruida y, en el peor de los casos, en pérdidas de vidas humanas.
La ciencia hizo su trabajo.
Ahora el Estado debe demostrar que puede actuar con la misma velocidad.
Fuentes
Conferencia matutina de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, 9 de julio de 2026.
Organización Meteorológica Mundial. Global Seasonal Climate Update y comunicado sobre la intensificación de El Niño. (World Meteorological Organization)
