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Ni en tus zapatos...


Por Déborah Buiza

@DeborahBuiza


Se dice que si quieres saber porque el (la) otro (a) es como es, habría que caminar unos kilómetros en sus zapatos, y si bien la frase nos remite a la importancia de valorar a los (las) demás, ser empáticos, comprensivos y respetuosos, mientras corría por las hermosas calles de Querétaro me pregunté si sería posible que alguien pudiera correr en mis tenis.

He de confesar que me gusta correr y ver correr. Al paso de los kilómetros y las distancias he encontrado que cada corredor (a) es distinto (a).

Aunque la ruta propuesta sea la misma, todos (as) tienen algo diferente. Puede ser el motivo para estar ahí, la meta propuesta, el entrenamiento previo, lo que hay en su mente y en su corazón que los (las) hace correr. Y digo corredores (as) por poner un ejemplo, pero igual aplica para cualquier profesión, oficio, afición o deporte (a pesar de los clichés y los estereotipos).

Cada uno (a) es distinto (a) y con una misión distinta -incluso el camino se encuentra diferente porque para cada uno (a) tiene variados significados- por lo que nadie puede caminar ni correr los kilómetros destinados, o los que quieras o debas hacer. Podrán acompañarte en el trayecto, ser tu porra en los momentos en los que sientas que tus piernas ya no dan más o que te falta el aliento; podrán estarte esperando en la meta para festejar, pero no pueden correr por ti (ni aún con tus tenis preferidos, ni con las mejores intenciones).

Si bien no comparto ese dicho que dice que nadie experimenta en cabeza ajena (y si no, podríamos preguntar su opinión a la ciencia), sí creo que la misión o el proyecto que tengas en la vida nadie puede realizarlo más que tú. Nadie puede correr como tú, a tu ritmo, con la misma velocidad, energía y respiración. Nadie puede aprender lo que tú necesites para salir adelante.

Nadie puede hacer por ti lo que tú tengas que hacer por ti mismo.

Claro, desde otro ángulo, puedes decidir ser el (la) que espera en la meta, el (la) que sale a las calles a motivar; el (la) que está en un puesto de hidratación refrescando a los y las participantes; puedes ser quien corre animando a todo aquel que va a su lado. No siempre tienes que ser el (la) corredor (a); lo importante es que conozcas cuál es tu papel y lo desempeñes lo mejor posible.

Por eso, no esperes; nadie vendrá a correr por ti. Cada kilómetro es tuyo, sólo tuyo. ¡Sal y conquístalo!

Pero sobre todo, disfruta del camino.

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