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Pudieron pacificar sus ciudades



Por Omar Garfias

@Omargarfias


La experiencia más exitosa de esta época en México es la pacificación de la región de La Laguna.

El seminario sobre violencia y paz de El Colegio de México documentó el proceso y de ahí entresacamos datos y descripciones.

Un millón 800 mil personas viven en la comarca lagunera.

Son seis municipios de Coahuila y quince de Durango. Torreón es la ciudad más grande. Lala, Soriana, Modelo y Peñoles son empresas originadas ahí.

La región tiene una enorme importancia estratégica. Es el principal nodo de comunicación del Pacífico y la frontera del noreste mexicano con Estados Unidos.

Durante mucho tiempo, el Cártel de Juárez dominó ese territorio; Rafael Aguilar Guajardo y Amado Carrillo Fuentes tuvieron residencias en La Laguna en los años 80. Al disolverse la alianza de Juárez con el Cártel de Sinaloa a principios del siglo XXI, este último pasó a controlar el territorio. Cuando los Zetas empezaron su expansión hacia varias partes de México, decidieron disputarles ese espacio, lo cual llevó a una guerra brutal entre organizaciones.

31 de enero de 2010. Masacre de al menos diez personas en el bar “Ferrie”. 1 de febrero de 2010. Balacera frente a Galerías Laguna con saldo de ocho muertos. 14 de mayo de 2010. Masacre de ocho personas en el bar “Las Juanas”. 26 de junio de 2010. Matanza de al menos nueve personas en un centro de rehabilitación en Gómez Palacio. 18 de julio de 2010. Masacre de 17 personas en la Quinta Italia Inn. 20 de agosto de 2011. Balacera en las afueras del estadio de futbol mientras se llevaba a cabo un partido transmitido a nivel nacional. 6 de enero de 2013. Masacre de siete personas en el bar “Tornado”.

La primera reacción después de cada crisis fue aplicar la sobada estrategia de enviar miles de soldados durante unos meses, se conseguía un impasse momentáneo, luego se retiraba el operativo especial, volvían los factores de violencia, se acumulaban y estallaba otra crisis.

Repitieron y repitieron la misma fórmula simplona, se resistían a cambiar hasta que algunos laguneros llamaron a hacer cosas distintas y complejas.

En La Laguna invirtieron el proceso de elaboración de la política de seguridad pública. En lugar de juntar a unos pocos ciudadanos para que ayudaran a implementar las políticas definidas en la CDMX, convocaron a una gran cantidad de laguneros a diseñar programas adecuados a la realidad concreta de la región y pidieron a las autoridades del centro sumarse.

Estructuraron, por ejemplo, un intenso diálogo entre colectivos de víctimas y gobierno estatal, que ha fructificado en leyes y políticas públicas.

Pusieron al centro a la policía local.

Conformaron una original estructura de mando de la cual depende la Policía Metropolitana y la Unidad Metropolitana Antisecuestros, que ha permitido la coordinación entre las autoridades federales y los gobiernos estatales y municipales de dos estados.

Subrayo que los dos factores clave fueron:

1) los tres niveles de gobierno hicieron a un lado diferencias partidistas para coordinarse, partiendo de lo local hacia lo federal; y,

2) dialogar y responder las peticiones de actores sociales.

Convocaron a un gran ejercicio de unidad y acción por la paz.

No consistió en un evento, una marcha, un día, el trámite de uno más de los tradicionales consejos, o un encargo a una buena persona.

Se trató de un ambicioso plan que creó instituciones para la deliberación y creación de soluciones que involucró a todos. ¡A todos!

El resultado fue que se logró el mejor modelo de seguridad en México. Calificado así, incluso, por el propio ex secretario de seguridad pública del actual gobierno federal.

En 2011 la tasa de homicidios dolosos fue de 63.9; en 2012, de 95.62; en 2013, de 52.6; en 2014, de 26.2; en 2015, 17.8; en 2016, de 12; en 2017, 14 y en 2019, de 16.

El modelo lagunero no es una fórmula trasplantable ciegamente, pero sí una fuente de enseñanzas.

El real y masivo involucramiento ciudadano en el combate a la delincuencia es una constante en las historias de éxito.

Evidentemente los programas contra la pobreza y para favorecer la cohesión social tienen un rol que desempeñar para alcanzar la seguridad. Sin embargo, es pertinente diferenciar entre el delito que se comete orillado por la necesidad y el que es originado por la codicia. Los delitos de alto impacto son cometidos por la delincuencia organizada, que no los lleva a cabo para conseguir un pan para cenar.

En La Laguna no viven en el paraíso, pero sí lograron salir del infierno. Demostraron que sí se puede.

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