Transición más allá de los fósiles: comenzó la conferencia de las preguntas difíciles
- migueldealba5
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Más de 50 países de todo el mundo se reúnen en Santa Marta, Colombia, para proponer acciones concretas que lleven a la eliminación de la dependencia del petróleo, el gas y el carbón, principales responsables de la crisis climática. Pero una pregunta tan compleja trae consigo grandes desafíos para encontrar respuestas.
Por Esteban Tavera / Santa Marta, Colombia
“Esa conferencia pone sobre la mesa una de las preguntas más difíciles que la civilización ha enfrentado en los últimos tiempos porque también busca encontrarle solución justamente al más grande problema civilizatorio de nuestra época”. La frase es de Amarilys Llanos, una lideresa ambiental que durante décadas se ha opuesto a que su región, el César, en el norte de Colombia, siga siendo un territorio dependiente de las economías fósiles.
Esta idea resume el gran reto que enfrenta la Primera Conferencia Internacional para la Transición más allá de los Combustibles Fósiles, un encuentro que reúne a más de 50 países del planeta para construir propuestas, alternativas y acciones concretas que lleven a la superación de la dependencia a los combustibles que representan la principal causa del calentamiento global.
La Conferencia establece tres ejes temáticos sobre los cuales discutirán más de 2.800 personas de gobiernos, academia, sindicatos, organizaciones sociales, pueblos y comunidades, entre el 24 y el 29 de abril: la transformación de la dependencia de la economía fósil; transformación de oferta y demanda de energía, e impulso de la cooperación internacional y la diplomacia climática.
También abrirá espacio para que se presente un nuevo panel científico sobre transición energética en el contexto en que un grupo de científicos, según reveló el portal especializado Carbon Brief, llamaría a los gobiernos a frenar la expansión extractiva de combustibles fósiles .
Pero esto no es una negociación y tampoco se parece ni un poco a la lógica de una Conferencia de las Partes (COP) de Cambio Climático. En la conferencia de Santa Marta no se tomarán decisiones por consenso ni se contará con la presencia de todos los países que forman parte de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático. Tampoco se elaborará un acuerdo final que comprometa a los países participantes.
“Esta Conferencia no va a sacar una declaración uniforme, a ultranza, sino que va a construir acciones colectivas concretas que permitan acelerar la transición”, dijo en rueda de prensa Luz Dary Carmona, viceministra de Ordenamiento Ambiental del Territorio de Colombia.
Sin embargo, el origen de esta conversación sí tiene que ver mucho con las COP de cambio climático. Para comenzar, la propuesta de hacer un encuentro para hablar de cómo salir definitivamente de los fósiles viene de una acción que marcó el tramo final de la COP30, organizada por Brasil en Belém do Pará.
Allí el gobierno de Colombia, junto con 21 países, lideró la presentación de un llamado a elaborar una hoja de ruta que ayude a cada Estado a planear su transición. Pero el llamado, a pesar de contar con gran apoyo de la sociedad civil, no fue escuchado por las partes y la propuesta quedó por fuera del acuerdo definitivo de la COP.
“Para nosotros sería un fracaso que esta conferencia termine como una COP más”, dijo Llanos al aludir que, a pesar de que en 2023 se logró que el primer Balance Mundial del Acuerdo de París, aprobado en la COP28 de Dubai, mencionara la necesidad de hacer una transición lejos de los combustibles fósiles, de ahí en adelante el tema ha sido esquivado en las negociaciones multilaterales.
La razón es más o menos evidente: hay una fuerte dependencia en las economías de muchos países a estos combustibles, ya sea porque sirven para mover o calentar sus sociedades o porque generan grandes márgenes de ganancias a Estados y empresas.
En el caso de Colombia, la dependencia económica a la producción de petróleo, gas y carbón ha sido uno de los grandes obstáculos que enfrenta el gobierno de Gustavo Petro para promover su idea de abandonar esta economía.
Según la Asociación Nacional de Comercio Exterior, durante 2025 los combustibles y las industrias extractivas representaron un poco más del 38 por ciento de las exportaciones del país. Además, Ecopetrol, la estatal petrolera, sigue siendo la empresa más importante y una de las que más aporta al Producto Interno Bruto (PIB).
Entonces, pensar en dejar atrás esta economía, aunque sea una idea más que sustentada por la evidencia científica, no sólo genera temor en muchos sectores sociales que dependen de estos ingresos, sino que trae a la mesa las difíciles preguntas que quiere hacerse la conferencia de Santa Marta.
Por ejemplo, no es posible obviar la pregunta sobre cómo dejar de explotar estos combustibles en países con altos índices de pobreza, donde podrían quedar sin empleo muchas personas que durante décadas han trabajado en minas de carbón o en empresas petroleras y gasíferas, y en cómo hacerlo sin poner en riesgo las finanzas del país.
Aún más, en un contexto de crisis energética como consecuencia de la guerra en Irán, en el que muchos países han evidenciado que la dependencia no es sólo de los países que exportan petróleo, sino también de aquellos que no tienen una matriz energética preparada para funcionar en momentos en que escasea el hidrocarburo.
Para Santiago Aldana, coordinador del programa de Ecología y Sustentabilidad de la Fundación Heinrich Böll en Colombia, hay un elemento que va más allá de los impactos de la actual crisis de los precios del petróleo. “El incremento de los precios de las gasolinas y la crisis en los precios del carbón, pero también el hecho de que haya comunidades que ni siquiera tienen acceso a energía es una muestra de que los combustibles fósiles no han garantizado lo que las comunidades necesitan”, comentó.
Y para eso, comunidades, pueblos y sindicatos participarán en la conferencia y ayudarán a construir las soluciones que esperan salir de allá. De hecho, tendrán su propia asamblea y se espera una movilización durante el fin de semana.
Para Juan Pablo Soler, un líder ambiental con larga historia de construcción de soluciones energéticas comunitarias con su organización Comunidades SETAA, existe la expectativa de que este espacio sí tenga una intención sincera de escuchar a las comunidades, algo que no ha pasado antes en los espacios multilaterales.
“Creo que lo más difícil en esta conferencia va a ser llegar a consensos en los temas donde hay intereses de por medio. Por ejemplo en el tema del multilateralismo. No es un misterio que dentro de los ministerios está metida la cooperación internacional y no es fácil que esas organizaciones se alejen de esos poderes”, resaltó.
Como dijo la viceministra Carmona al inicio, este evento internacional no espera emitir un acuerdo unánime entre los más de cincuenta países asistentes. Según ella, los logros podrían apuntar más bien a tener acciones que ubiquen al encuentro como un punto de partida para avanzar en algo muy parecido a una hoja de ruta.
“Pensamos, por ejemplo, en construir una herramienta como una secretaría técnica, con una coordinación entre países, que permita dar seguimiento a las acciones concretas que propongamos en la Conferencia y lograr entonces que se extienda más allá de los países; que también permita una coordinación entre los pueblos de los diferentes países”, señaló Carmona.
La sociedad civil parece más ambiciosa con sus objetivos. “Sería un éxito empezar a formular acciones que nos encaminen a un instrumento vinculante, normativo y global. Ese sería el éxito”, dice Llanos, quien sabe que esto no se va a lograr en los seis días de la conferencia, pero espera que se empiecen a dar pasos hacia allá.
Según Andrés Gómez, coordinador para América Latina del Tratado de No Proliferación de Combustibles Fósiles, se espera que el resultado de esta Conferencia haga parte de la propuesta de hoja de ruta que actualmente trabaja Brasil, como Presidencia de la COP30, y que entregará al presidente de la COP31, a desarrollarse en Turquía.
“Esperamos que se genere un camino claro hacia cómo abordar este vacío en la gobernanza internacional, que sea complementario al Acuerdo de París y que sea un tratado sobre combustibles fósiles”, señaló Gómez.
Por lo pronto, en Santa Marta el escenario de discusión está dispuesto y el ambiente muy marcado por la actual contienda electoral que atraviesa Colombia, donde las discusiones energéticas han sido claves.
Al final de la conferencia sabremos si los más de cincuenta países lograrán ponerse de acuerdo en cambios concretos que arrojen más claridad sobre cómo salir de una dependencia que contamina tanto.
Este texto fue producido por Climate Tracker América Latina con el apoyo de Heinrich Böll Stiftung
