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Día de la Tierra: México contamina, simula y ¡tiene responsables!


Imagen ilustrativa creada con ChatGPT.
Imagen ilustrativa creada con ChatGPT.

Por Miguel Ángel de Alba

@migueldealba



Cada 22 de abril se celebra el Día de la Tierra como si repetir consignas cambiara la realidad.

En México, la crisis ambiental no es abstracta ni inevitable. La crisis tiene responsables y decisiones que son muy identificables.

La política energética reciente no cayó del cielo. Tiene firma. Durante el gobierno de Andrés Manuel López Obrador se definió una ruta clara: fortalecer a Petróleos Mexicanos y a la Comisión Federal de Electricidad como ejes del desarrollo, aun cuando implicara frenar la transición energética.

No es interpretación. Es política pública.

Se construyó la refinería de Dos Bocas como símbolo de autosuficiencia… en un mundo que abandona el petróleo.

Se cancelaron subastas eléctricas que habían detonado inversión renovable.

Se impulsaron cambios regulatorios para privilegiar la generación de energía fósil sobre energías limpias.

El mensaje fue claro: primero los fósiles. Luego —si queda tiempo—, el clima.

Hay responsables. Y es fácil identificarlos.

El Tren Maya —impulsado directamente desde la Presidencia de la República— no es sólo un proyecto de infraestructura. Es una intervención masiva sobre ecosistemas frágiles realizada por la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), encargada de tramos clave, y por el Fondo Nacional de Fomento al Turismo (Fonatur), operador del proyecto.

Las instrucciones fueron acelerar obras, fragmentar evaluaciones de impacto ambiental y priorizar tiempos políticos sobre criterios técnicos.

El resultado fue deforestación, presión sobre acuíferos y debilitamiento deliberado de los controles ambientales.

El mismo patrón se repitió con la cancelación del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (NAICM), con un alto costo ambiental y económico, y la sustitución por el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles (AIFA), que no resuelve la saturación aérea, así como el impulso al Corredor Interoceánico sin una evaluación ambiental integral transparente.

Es evidente que no hay estrategia ambiental. Hay decisiones aisladas, políticamente rentables, pero ambientalmente costosas.

Desde la Secretaría de Energía se consolidó una política que prioriza las plantas fósiles de la Comisión Federal de Electricidad (CFE); redujo incentivos a los generadores privados de energías renovables y se aumentó la dependencia del gas importado.

Pero dicen que México mantiene compromisos internacionales bajo el Acuerdo de París.

Sí, pero la realidad es que el país va tarde… o en reversa. Mientras México se aferra al petróleo, Chile acelera el cierre del uso del carbón; Brasil mantiene una matriz mayoritariamente renovable y Colombia plantea una transición energética como política de Estado.

México tiene recursos y capacidad técnica, pero carece de decisión política.

Es fácil hablar de “el país”, “el modelo”, “el sistema” y “la soberanía”. Eso diluye lo esencial.

Las decisiones que hoy comprometen el futuro ambiental de México fueron tomadas por personas conocidas, en cargos concretos, con información suficiente. No hubo engaño. Hubo elección.

El problema no es que México no pueda cumplir sus compromisos climáticos, sino que, hoy por hoy, parece no querer hacerlo. Y eso tiene consecuencias económicas, ambientales y políticas.

El Día de la Tierra no debería celebrarse en México. Debería servir para recordar que la crisis ambiental no es un accidente, sino resultado de decisiones… y que hay responsables, y que tarde o temprano alguien tendrá que pagar.

 


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