El uso de la ciencia como disfraz en el tema del "fracking"
- migueldealba5
- hace 1 día
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Por Miguel Ángel de Alba
El gobierno convocó a un comité “técnico-científico” para evaluar el “fracking” o fractura hidráulica del subsuelo para explotar el gas shale . Suena bien. Se oye serio. Suena responsable. Suena, incluso, necesario.
Pero no hay que engañarnos: la pregunta no es quiénes están en ese comité, sino si ese comité puede decir que no. Si no puede, todo es teatro. Escenografía.
Es ponerse el disfraz de la ciencia para avalar una decisión que ya fue tomada.
El anuncio de la presidenta Claudia Sheinbaum no abre una discusión pública; la encapsula. La reduce a términos cómodos: tecnología, eficiencia, producción de gas. Un terreno donde la política se disfraza de neutralidad técnica y las decisiones incómodas se diluyen en el lenguaje especializado.
Es una vieja jugada. Cuando una decisión ya se tomó, se convoca a expertos.
Hay que llamar a las cosas por su nombre. Un comité que no puede concluir que México debe prohibir el fracking no es tal. Es una coartada.
Un mecanismo para legitimar lo ya decidido.
Organizaciones como la Alianza Mexicana Contra el Fracking lo han advertido con claridad: sin independencia real, sin posibilidad de disentir, sin apertura pública, cualquier ejercicio de este tipo valida, no evalúa. Y validar no es deliberar.
Minimizar el problema para manipularlo
El gobierno insiste en encuadrar el “fracking” como un asunto técnico. ¿Cuánto gas se necesita? ¿Cómo extraerlo? ¿Con qué tecnología?
Es un recorte deliberado de la realidad.
El “fracking” no es una ecuación de ingeniería. Es una decisión que atraviesa territorios, comunidades, agua, salud y clima. Es una decisión que convierte regiones enteras en zonas de sacrificio para sostener un modelo energético agotado.
Minimizarlo a una discusión técnica no es rigor. Es evasión.
Además está la otra pieza del guión: la promesa de que esta vez será distinto… que ahora sí habrá tecnología suficiente… que ahora sí será responsable… que ahora sí será sustentable… En definitiva, no lo será.
El compendio del Concerned Health Professionals of New York —más de 2 mil 300 estudios— documenta impactos sistemáticos en agua, aire, salud y clima. No estamos ante una tecnología imperfecta que se corrija con mejores prácticas. Estamos ante una técnica cuyos daños son parte de su funcionamiento.
Decir “fracking sustentable” es hablar de contaminación limpia.
Pero todavía hay algo más: México ni siquiera está en posición de jugar este juego.
Sin capital suficiente, con rezagos tecnológicos evidentes, infraestructura limitada y una capacidad operativa cuestionable, apostar por el shale es un salto al vacío, no una estrategia energética.
Un salto caro. Un salto tardío. Un salto innecesario.
El verdadero debate es otro, y por eso se evita.
¿Seguirá México apostando por los combustibles fósiles, violentando los acuerdos internacionales, o va a empezar en serio a dejarlos atrás para cumplir con el Acuerdo de París?
Comités, estudios, discursos, pueden ser una distracción si la respuesta ya se decidió en sentido contrario a la transición energética.
Reabrir la puerta al “fracking” no es pragmatismo, es regresión.
Si el comité no puede recomendar la prohibición del “fracking”, si no es transparente, si excluye a comunidades, si se limita a discutir cómo hacerlo “mejor”, no habrá nada que analizar.
El veredicto ya está dado.
No será ciencia.No será deliberación.
Será lo que es: una simulación construida para disfrazar una decisión política. Un engaño al pueblo bueno y sabio.
A estas alturas, el país ya debería reconocer las mentiras.




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