Un gobierno no inclusivo
- migueldealba5
- hace 5 horas
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Temas Centrales de la Política en México

La mañanera debería
analizarse para evaluar
qué tan útil sigue siendo
para el ejercicio de gobierno
Por Migguel Tirado Rasso
Decía el ex presidente Andrés Manuel López Obrador que no se necesita mucha ciencia para gobernar. “Eso de que la política es el arte y la ciencia de gobernar no es tan apegado a la realidad”, afirmaba.
Habría que preguntar a la presidenta Claudia Sheinbaum si piensa igual que su antecesor, después de dos años de gobierno.
Y es que a la de por sí compleja tarea de la gobernanza habría que advertir lo que por momentos parecieran conatos de rebelión en la granja. La presidenta Sheinbaum concentra un enorme poder, que le permite tener bajo su control a los otros dos Poderes de la Unión: el Legislativo y el Judicial. El primero, conseguido a costa de triquiñuelas y resoluciones de autoridades obsecuentes, y el segundo, merced a reformas legales a modo y con acordeón.
Este dominio supondría contar con un piso encerado para el ejercicio de gobierno, y en teoría lo es, pero también es resbaloso porque no deja de haber desencuentros y rebeliones con riesgo de fracturas internas.
Con el estilo de gobernar impuesto por el fundador de Morena, en el que la cotidianeidad de las mañaneras, ahora denominadas del pueblo, constituyen prácticamente su eje central, todo lo que sucede en el país, trascendente o no, puede ser tema que le toque abordar a la presidenta si a alguno de los periodistas que asisten al Salón Tesorería del Palacio Nacional se le ocurre pedir su opinión.
Y es que al intervenir la Mandataria, el tema automáticamente adquiere una relevancia que quizás, y con frecuencia sucede, no la tiene. Eso desgasta y en no pocas veces pone en aprietos a la Mandataria al involucrarla en cuestiones triviales que debieran ser atendidas a otro nivel y no por quien representa la jerarquía máxima de la autoridad política y de gobierno del país.
La estrategia de la mañanera funcionó más que bien a su fundador, pero con el tiempo ha perdido novedad y no siempre funciona para fijar la agenda política del día. Tampoco es muy efectiva como distractor con preguntas cómodas que permitan desviar la atención de temas sensibles o delicados.
La improvisación siempre es riesgosa. No es posible dar respuestas a botepronto sobre temas que se desconocen o sobre los que no se tiene suficiente información. Otras veces, por estrategia, no conviene hablar de ciertos temas. Escudarse en su desconocimiento o ignorancia pocas veces puede funcionar. Cuando se abusa de este recurso se revierte en un desgaste al exhibir como ajeno de lo que sucede en el país a quien se supone debería ser la persona mejor informada.
La mañanera tendría que someterse a un análisis para evaluar qué tan útil sigue siendo para el ejercicio de gobierno; qué tanto ayuda a la buena imagen de quien la preside y, quizá, pausar su programación. Tal vez no le vendría mal un ajuste.
Al seguir la escuela de su antecesor, pareciera que la titular del Ejecutivo gobierna para algunos mexicanos, no para todos. Los del “pueblo bueno y sabio”, quienes comulgan con su ideología y están de acuerdo con su política de gobierno son los elegidos. Hay bloqueo en el diálogo con quienes no concuerdan con los ideales morenistas; con los que opinan diferente y con los críticos. Con ellos no hay comunicación y se les ignora.
No importa que la Constitución establezca la democracia como sistema de gobierno, con apertura a la diversidad de opiniones, en donde las críticas no debieran considerarse una ofensa y hay cabida para todas las ideologías. Para algunos de la Cuarta Transformación esto es inaceptable. Los de enfrente, quienes pretenden disputarles el poder, son enemigos, se les descalifica y cataloga como traidores a la patria. Una profunda polarización, muy trabajada, que en nada ayuda al país.
En estos dos años, la primera presidenta de la República de la historia ha tenido que sortear circunstancias, que elevan el grado de dificultad del ejercicio de gobierno. Sombras internas y externas.
Sobre las internas predomina la especulación porque a falta de evidencias, la supuesta intromisión en asuntos de política y de gobierno de quien pareciera negarse a abandonar el escenario político queda como sospechosismo. Pero, si no la sombra, sí la influencia del caudillo parece estar siempre presente. Lo más delicado es que las señales de Palacio parecen no contradecirlo.
La sombra externa es la más evidente. Es la del megalómano Donald Trump, encaprichado en “Hacer América (EUA) grande otra vez”, con cargo a todos los países, con los que literalmente se ha enfrentado.
Curiosamente a México, podríamos suponer que por la vecindad y la relación comercial, no le ha cargado mucho la mano, en comparación con otras naciones. Sin embargo, hay una particular insistencia de colaboración en el tema de los narcopolíticos, que incluye las solicitudes de detención con fines de extradición de ocho personajes del gobierno de Sinaloa (dos ya se entregaron a las autoridades norteamericanas).
En este tema, el gobierno mexicano está en deuda y ha dado largas por más tiempo de lo que recomienda la prudencia. Esto pone en riesgo la relación entre los dos países, porque se incita a la Casa Blanca a tomar medidas que no van a gustar. ¿Vale la pena correr el riesgo por proteger a unos personajes impresentables?
Septiembre 3, 2026




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