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¿Y Harfuch?


Omar García Harfuch.
Omar García Harfuch.

Por Omar Garfias

@Omargarfias


El 4 de diciembre de 2024, la presidenta Claudia Sheinbaum responsabilizó a Omar García Harfuch de coordinar la estrategia de seguridad que debía acabar con la crisis de violencia y daría paz a Sinaloa.

Dos días después lo subrayó en su conferencia matutina: “El mejor apoyo que podemos dar es el que hacemos ahora, que el secretario de Seguridad y Protección Ciudadana está en Sinaloa para coordinar las tareas de las fuerzas federales y estatales; va a dar resultados”.

No fue como uno más. Es quien ocupa la posición más alta.

Cuestionada sobre en cuánto tiempo se tendría controlada la seguridad en Sinaloa, la presidenta dijo: “se irá notando”.

De acuerdo con el informe del periódico Noroeste, cuando llegó García Harfuch, en diciembre de 2024, fueron asesinadas 163 personas. Luego de un año bajo su coordinación, en diciembre de 2025 asesinaron a 179.

Con su intervención no se volvió a la situación previa a la actual narcopandemia (diciembre de 2023), cuando las víctimas de homicidio doloso fueron 43, y mucho menos se pacificó Sinaloa para vivir como los estados seguros donde el número de asesinados fue de tres, como en Coahuila.

En ninguno de los 13 meses en que la estrategia ha estado al mando del secretario de Seguridad del gobierno federal ha disminuido el número de homicidios respecto al mismo mes de los años previos a la crisis de violencia.

Bajo su mando se ha llegado a los peores momentos de la vida sinaloense. En junio de 2025 asesinaron a 241 personas, la segunda mayor cifra en la historia del estado. Y el secretario de Seguridad ya tenía siete meses ahí.

En cinco ocasiones, el número de asesinatos en un mes ha descendido respecto al mes anterior, pero en siete ha aumentado. No hay una tendencia hacia la reducción del problema. La cantidad de homicidios sube y baja según las necesidades del crimen organizado.

De acuerdo con las estadísticas de la Fiscalía General del Estado, reportadas por Alejandro Monjardín, en 2025, cuando la coordinación de la estrategia de seguridad estuvo bajo el mando de Omar García Harfuch, la incidencia delictiva alcanzó niveles históricos de violencia.

Los 39 mil ocho delitos cometidos en 2025 son 16 por ciento más que en 2024, cuando se cometieron 33 mil 451, y 7 por ciento más que en 2011, que había sido el peor año de la historia, cuando se realizaron 36 mil 845.

El robo de vehículos aumentó 69 por ciento, al pasar de 4 mil 19 en 2024 a 6 mil 818 el año pasado.

En Culiacán, los delitos de alto impacto: feminicidio, homicidio doloso, homicidio culposo, robo bancario, secuestro y violación, cerraron con mil 300 casos, 39 por ciento más que en 2024, la peor situación de inseguridad en el municipio desde que la Fiscalía tiene registro.

Como propaganda, el gobierno federal festejó una reducción al comparar diciembre de 2025 con el junio del máximo histórico, sin aclarar que los datos de ese diciembre eran falsos, como demostró el periodista Adrián López: le quitaron víctimas al delito de homicidios dolosos al crear otras categorías que la ley no contempla, como “homicidios sin determinar”, donde incluyeron las bolsas con restos humanos, o “ataques a la autoridad”, donde incluyeron a los policías asesinados, entre otras manipulaciones tramposas.

El gobierno tampoco aclaró que lo más adecuado para obtener una conclusión tan festiva es comparar los meses con su similar de años anteriores, no con meses diferentes, ya que tienen dinámicas distintas que influyen en la realización de delitos: no tienen la misma cantidad de días ni los mismos flujos de personas por razones económicas, como la temporada agrícola, y por razones sociales, como las vacaciones y las clases escolares.

El desempeño del secretario Harfuch ha tenido tres limitaciones importantes. La primera: dejó intacta la estructura de narcopolítica que vincula al crimen organizado con los gobiernos estatal y municipales. Sin ello no se puede asumir que en Sinaloa se lleva a cabo un combate real contra la corrupción y la impunidad, causas de la narcopandemia.

No ha tocado la penetración de las redes de relaciones ilegales de criminalidad-política en la vida administrativa e institucional de los gobiernos locales, ni el financiamiento de actividades políticas y de proselitismo electoral. con recursos ilícitos.

Parece que el secretario no quiere afectar la imagen del partido gobernante ni su narrativa de que ahí sólo hay “angelitos del pueblo” y decidió —o trae instrucciones de— no meterse en ese tema.

La segunda limitación del desempeño de Harfuch es que ha decidido mantener débiles y capturadas a las policías locales, la Fiscalía y el Poder Judicial por el crimen organizado. Tampoco ha instrumentado un programa que dé más capacidades de hacer bien su trabajo y depure a los malos elementos.

Al pedir más presupuesto para las instituciones de seguridad pública y justicia no se pide un cheque que alimente los bienes de los corruptos. Lo que se exige son recursos para capacitar, equipar, pagar salarios dignos, supervisar y controlar a los responsables de pacificar Sinaloa. Qué mejor que esa tarea se hiciera dirigida por quien presume ser un profesional altamente calificado en la materia: García Harfuch.

No ha sucedido la reconstrucción de las instituciones locales de seguridad pública. El gobierno federal sólo ha sido mudo testigo de que el presupuesto para la Fiscalía sólo subiera realmente 1.5 por ciento y el del Poder Judicial disminuyera 1.7 por ciento para este año.

La tercera limitación es que la retroalimentación que escucha de la sociedad es la que organiza el Gobierno del estado: un coro complaciente y avezado en hacer intervenciones en tono pusilánime y hasta cómico (para construir ambientes agradables en las reuniones) a cambio de apoyos gubernamentales. La interlocución social es muy limitada y es un canto a sí mismo frente al espejo.

La expectativa era que el mejor funcionario del gobierno federal iría a Sinaloa a pacificar.

Ni el mejor hombre (si es que lo es) puede pacificar si hay narcopolítica, instituciones débiles y si no se escucha a la sociedad. Por eso estamos como estamos.

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