Gobernar se vuelve: repetir
- migueldealba5
- hace 14 minutos
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La propaganda necesita eco;
un buen gobierno, resultados.
Para la Cultura Impar, hay conceptos que ayudan a entender lo que vive México. Hay momentos de la política en que gobernar ha dejado de ser la forma de conducir un país y comienza simplemente por repetir un discurso.
Todas las mañanas, la conferencia de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo intenta ser un espacio para, supuestamente, hablar de los asuntos de mayor interés sobre el quehacer gubernamental para la opinión pública.
Sin embargo, la presentación deja una sensación distinta: improvisación, mensajes ambiguos y poco claros, así como una narrativa que pocas veces orienta el debate público.
En el transcurso del día, la figura presidencial desaparece del escenario mediático —algo normal en un entorno dominado por redes sociales, difíciles de controlar—, mientras sus mensajeros intentan infructuosamente sostener el discurso. La mayoría improvisa en batallas mediáticas que rozan el ridículo, con tal de repetir que todo marcha bien y pronto estará mejor.
Basta observar la dinámica de las mal llamadas Mañaneras del Pueblo. Muchos medios presentes parecen instalados ahí para no incomodar demasiado. El ejercicio termina por ser más un escenario donde difícilmente aparece una pregunta que altere el guión y menos un espacio de cuestionamiento público.
Así, al igual que su mesías del sexenio pasado, la palabra salta de un tema a otro; intenta explicar mucho, pero informa poco y sin contexto, y rara vez marca agenda mediática nacional o internacional. La narrativa es errática, cantinflesca, y la comunicación política pierde algo fundamental: credibilidad.
En política, el lenguaje no verbal también habla. Una mirada, un gesto, una postura frente al micrófono, desmienten en segundos lo que se intentó construir por horas. Parece que a la Presidencia se le revierte el discurso y las expresiones son cada vez más vacías.
Para muchos analistas el problema empieza a notarse: la figura presidencial pierde densidad política, sostenida con alfileres ante la disciplina de un aparato político que prefiere repetir consignas que explicar decisiones.
Algo parecido ocurrió hace unos días al presentar en el Congreso de la Unión un paquete de cambios constitucionales que pocos han logrado explicar con claridad.
Un Congreso dominado por una mayoría legislativa disciplinada, mayoriteada por legisladores a modo, muy mal preparados en lo básico de la cultura legislativa pero domesticados para no pensar por el país sino sólo por sus bolsillos, y una mal entendida labor en equipo por el bien de la sociedad que supuestamente los eligió.
Entre discursos de apoyo automático y argumentos superficiales, lo que debiera ser un debate profundo terminará en un trámite político.
Es entonces cuando aparecen viejas referencias históricas que ayudan a entender las prácticas. Se atribuye a Joseph Goebbels, el ministro nazi de propaganda, la frase “una mentira repetida mil veces se convierte en verdad”. Difícil comprobar si realmente la pronunció así, pero el principio es una constante en la política moderna.
Años después, George Orwell lo explicaría con precisión inquietante al analizar la retórica política inglesa de su tiempo: “El lenguaje político tiene como objetivo hacer que las mentiras suenen verdaderas y el asesinato respetable”.
La propaganda política no es nueva. Preocupa cuando sustituye al pensamiento, al debate y a la inteligencia pública, porque gobernar no es repetir, es convencer.
Cuando un gobierno apuesta más por la repetición que por la inteligencia, corre el riesgo de descubrir demasiado tarde que la gente puede escuchar muchas veces un mensaje… pero no necesariamente creerlo.
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