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Almas solitarias


Por Araceli Mendoza

@Arinmaldoza

Tal vez todas las personas han experimentado la sensación de emoción que producen estos encuentros, como la primera vez que te gustó alguien en la escuela. ¿Puedes entender la maravilla que sucede; es química o casualidad? ¡Qué hay de nuevo, viejo..!, historias llenas de emociones, de sensaciones no fáciles de entender que están ahí para ser parte de una historia, de una experiencia, que les comparto.

Aquella tarde era incierta, pero Ana tenía que cumplir con el trabajo que tenía encomendado. Ya había citado a los medios de comunicación para un evento de aniversario, en el que estarían presentes grandes personalidades del ámbito deportivo, pero al llegar le informaron que ya no tendría ninguna participación laboral más en esa empresa.

Se sintió desconcertada, desanimada, triste, avergonzada, con coraje y con las muchas emociones que puede experimentar una persona en minutos.

Ana llamó a su hija para que pasara por ella. Su hija tenía un compromiso con el cónsul de España y no podía faltar. Llovía mucho, pero las dos llegaron a la Embajada de España en México, donde se dictó una conferencia relacionada con el señor Bernardo de Gálvez y Madrid, gobernador español de Luisiana y participante activo en la guerra de independencia de los Estados Unidos, con el bando continental de George Washington.

Ana se seguía cuestionando cómo habían podido hacerle eso de quitarla así como así. No encontraba respuestas ni entendía la decisión de los directivos. Por supuesto, para ella la conferencia fue sólo como un eco por la poca atención que le dedicó.

Después de la conferencia hubo un brindis. Ana se sentía alejada de todo aquello y seguía haciéndose mil preguntas y trataba de calmar sus sentimientos. Comía lo que había por ahí, cuando de repente se acercó una persona preguntando ¿quién eres?

Respondió soy Ana y su contraparte le reviró "soy Pepe; ¿te gusto la plática?", Fue un encuentro casual de estas almas solitarias —y digo solitarias porque Pepe tenía dos años de haber enviudado y Ana estaba recién divorciada—. Pepe tenía 73 años y Ana 53, pero ella estaba hecha pedazos: ya no tenía trabajo.

Pepe solicitó a Ana su número telefónico y salieron a cenar. Él, simpático y guapo, pero tan de la vieja guardia que, de verdad, Ana poco entendía de su forma de hablar. Esa cita marcó una relación entre atracción y decepción.

Ana percibió el miedo de Pepe ante una relación. Los hijos, la familia, eran fundamentales para ese hombre. La familia lo tenía consagrado y él no podía traicionar la memoria de su esposa; no podía rehacer su vida, porque no tenía el permiso de su familia. No podía darse permiso de ser querido, amado, porque su dinero estaba en juego. Tal vez una relación afectara su capital, sus propiedades.

Si Pepe hubiera sido inteligente, en las citas con Ana sabría que ella también necesitaba cariño. Los dos estaban solos y golpeados por la vida. Eran almas solitarias, conteniendo, frenando sus emociones.

Al paso de los años, Ana vio cómo Pepe había envejecido, porque hubo un espacio en que no se volvieron a encontrar. Al retomar sus salidas, con una actitud distinta, él quería acercarse más a Ana, pero ella, con más sensatez, le dijo:

Hace diez años nos conocimos y me pediste vivir contigo como una amante en una casa. Pude haber aceptado, pero contesté que 'no, gracias; yo estoy en mi casa'. Pasaron estos años y ahora quieres una relación a tu manera, custodiado por tus hijos; sigues con miedo, no te das permiso de satisfacer tus emociones por tu familia. Sin embargo, estás solo. Tus hijos, tus nietos, ven al abuelo. ¡Al abuelo, sí! ¿Cómo no piensan siquiera en lo solo que estás, sin abrazos de una mujer, sin sexo... Hoy es el gran Pepe luchando solo con sus propias emociones...

Ana siguió:

Cuando te conocí, pude haber sostenido una relación contigo. Ahora, Pepe, los años se fueron. Te aprecio y lamento no haber estado en tu tiempo o tu en el mío. La atracción de dos almas sí existe, es fuerte, pero tus tiempos son otros y se aprecia hasta en la música, en tus costumbres, que hoy se han arraigado más.

Ana ya no quiere hablar con él porque es sumamente cautivador y es como ver un espejismo, una no realidad. La diferencia de años es una realidad: la experiencia de él es sensacional, y eso lo hace cautivador; su plática es interesante y su simpatía lo hace verse guapo a pesar de los años.

Queridos lectores: ¿cómo podemos identificar o separar el interés del dinero de los auténticos sentimientos; cómo poder confiar en otra persona, dejar que el río de emociones siga su cauce...

Los miedos, los temores, frenan y no vivimos lo que realmente queremos vivir. Sin embargo, hay muchas parejas que, por no pensar bien las cosas, han vivido graves situaciones, pérdidas económicas y de propiedades.

También es sabido que lo que nos rodea no existe, no permanece. ¿Cuántas cosas vemos en bazares, que pertenecieron a alguna persona, para quien eran sus tesoros. Hoy están ahí, esperando a que alguien los compre. ¿Acaso los apegos son nuestro problema? ¿Cuánto hemos aprendido de la pandemia para ser felices?

Para Ana, aquel día Pepe fue puesto por el destino, pero los colocó en tiempos distintos a cada uno, cual túnel del tiempo. ¿Cuántas situaciones pone el destino a cada uno?

Pero aquel día lluvioso con el señor Gálvez fue agradable para Pepe y para Ana. Ante ella, con la autoestima en el suelo, apareció Pepe y él, viudo y sin rumbo, encontró a Ana. Pero triunfó el freno a las emociones.

Dicen que los mexicanos viviremos más de 60 años. ¿Hasta dónde debemos confiar; hasta dónde debemos subir a una balsa y experimentar la fuerza del río de las emociones? Es lanzar una moneda al aire pero, de los 60 en adelante, es importante ser feliz.

quehaydenuevoviejo760@yahoo.com.mx

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