¡Callaron como momias...!

Temas Centrales de la Política en México

Prefirió no incomodar
a Guadalupe Taddei
ni con el pétalo de una observación,
a pesar de que ya sabía
que la nave había encallado.
Por Miguel Tirado Rasso
Ahora resulta que ya se sabía, desde hace tiempo, lo que sucedía en los bajos fondos del Instituto Nacional Electoral (INE) pero, por lo visto, se optó por guardarlo como un secreto.
¿Qué pudo motivar a quienes ahora confiesan que estaban enterados de malos manejos en la administración del INE para no hacerlo público y actuar contra el cochinero? Discreción, prudencia, estrategia, lenidad, complicidad o, quizás, para no “afectar al movimiento”.
Ya ven ustedes que cuando alguien de Morena resulta “dedos finos” se aplica la Guía 4T que indica desviar la atención del caso o disminuir su importancia, ya sea al ofrecer que se hará una investigación “cuando se tengan pruebas suficientes que justifiquen la apertura de una carpeta”, no obstante que lo normal es que tras la denuncia inicie una investigación para recabar las pruebas que acrediten o no la presunta culpabilidad.
O bien, de acuerdo a la retórica mañanera del blindaje 4T, afirmar que se trata de un ataque de la oposición, que la corrupción proviene del pasado neoliberal, que los del PRIAN robaban más y cerrar con una lista de los enemigos favoritos del régimen, a quienes se culpa de todo lo que se pueda.
Vaya usted a saber cuál fue la razón del silencio. El caso es que Víctor Hugo Carvente, titular del Órgano Interno de Control (OIC) del INE, al comparecer ante comisiones unidas de la Cámara de Diputados (Comisión de Vigilancia de la Auditoría Superior de la Federación y Comisión de Transparencia y Anticorrupción), declaró que desde mayo de 2025 conocía de presuntas irregularidades administrativas y de una red de presunta simulación de contratos. Si lo sabía, calló como momia.
Una delicada información que guardó el auditor por ¡año y medio! También salió con la novedad de que hay 18 expedientes abiertos que involucran a 13 funcionarios públicos y 18 empresas; que cinco de las indagatorias avanzaron a un procedimiento formal de responsabilidades, aunque dijo que no revelaría nombres para no afectar el debido proceso, lo que sembró más dudas.
Entre las anomalías que detectó señaló desvío de recursos públicos, abuso de funciones, ocultamiento de conflictos de interés, daño patrimonial y falsificación de documentación fiscal. Todo un catálogo de delitos.
Detalló, como ejemplos, un contrato para la adquisición de urnas y mamparas adjudicado directamente con un sobreprecio de 26 millones de pesos sobre la propuesta de Talleres Gráficos de México y retraso en la entrega de los productos, que el INE sancionó con 26 mil pesos, cuando debió ser por 40 millones de pesos.
Según el auditor interno del INE, él cumplía con su función, solo que suponemos lo hacía de manera discreta y silenciosa, pues sus investigaciones eran desconocidas, al menos públicamente.
Este funcionario debería estar también al borde del desempleo y de una investigación. Por sus declaraciones se puede concluir que su lealtad y compromiso eran con la ahora ex presidente del INE mientras estuvo al frente del Instituto, pero no con la institución. Prefirió no incomodar a Guadalupe Taddei ni con el pétalo de una observación, a pesar de que, según él, ya sabía que la nave estaba encallada.
Otro personaje que afirmó conocer la situación del INE “desde hace dos o tres meses” fue Ricardo Monreal, coordinador del Grupo Parlamentario de Morena y presidente de la Junta de Coordinación Política de la Cámara de Diputados. Un político avezado, a quien alguna vez se le ocurrió jugar de autónomo, lo que le costó una temporada en el congelador. Entendió, entonces, que para sobrevivir en la 4T hay que seguir la línea de Palacio y, mejor que todo, interpretarla correctamente.
Suponemos que eso explica el silencio del diputado, quien hasta que percibió que Guadalupe Taddei había caído de la gracia de Palacio habló del tema. Monreal calificó el caso del INE como una crisis sin precedente y sugirió una limpia o renovación profunda de los cuadros técnicos y funcionarios del INE.
Sin embargo, no hay que olvidar que cuando Ricardo Monreal coordinaba la bancada morenista y presidía la Junta de Coordinación Política del Senado, se propuso la reforma a la Ley Electoral (LGIPE) que dotó de superpoderes a la presidenta del INE, Guadalupe Taddei, al darle facultades extraordinarias para nombrar directamente a los titulares de las direcciones ejecutivas y unidades técnicas, sin tener que consensuarlo con el Consejo General del Instituto.
Con esto se acabó con una de las características del Instituto, que era la colegialidad en la toma de decisiones y nombramientos, que funcionaba como contrapeso de la Presidencia del INE.
Muy al estilo de la Cuarta Transformación, como sucedió con el Poder Judicial, incluida la Suprema Corte de Justicia de la Nación, cuando la ley incomoda porque no permite caprichos u ocurrencias hay que cambiarla, que para eso sirve la aplanadora morenista en el Congreso... Aunque luego se arrepientan.
El diputado Monreal se niega a reconocer como un error de los senadores haber propuesto la reforma, pero está claro que gracias a ella la titular del INE pudo cometer las corruptelas, excesos, autoritarismo e imprudencia que llevaron al desastre la conducción del organismo electoral.
4 de noviembre de 2026




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