Los intrascendentes días de Graciela Domínguez en Sinaloa

Por dónde empezar

Por Omar Garfias
@Omargarfias
¿Graciela Domínguez gobernará Sinaloa realmente durante 285 días? Ya pasaron 70.
El 6 de junio de 2027 habrá gobernante electo en Sinaloa. Terminará el periodo real de gobierno e iniciará la etapa de transición.
Ya pasó prácticamente la cuarta parte del periodo efectivo de la administración de Graciela Domínguez. Ya se fue uno de cada cuatro días.
El 29 de agosto dijo que presentaría un “Plan Integral para la Gobernabilidad y Seguridad de Sinaloa”. No lo ha hecho. No ha presentado nada. Su primera promesa y su primera mentira.
El respeto a la corrupción de Rubén Rocha Moya es la paz. Esa es la premisa con la que se comporta. Los casos evidenciados en las páginas de Ríodoce sobre corrupción no han sido abordados por la gobernadora ante la opinión pública de un modo que asiente terminantemente el fin de la impunidad. Ningún hecho, ninguna postura, ninguna evidencia que signifique un trato diferente a la deshonestidad.
Mercadeo Getrevanoa, contrataciones de factureras boletinadas por el Servicio de Administración Tributaria (SAT), PRECASIN, Ahavat Logistics Solutions, competencia colmena, son referentes de casos que permanecen intocables, como antes.
Tampoco se ha retirado la iniciativa de “Ley Tapadera” o “Ley Rocha”, que bloquea el acceso de los ciudadanos a la información pública.
Domínguez Nava mantiene la intención de Rocha Moya para transferir las funciones del órgano autónomo (CEAIP) a un organismo subordinado al Poder Ejecutivo para ampliar los plazos de respuesta, eliminar obligaciones de transparencia, añadir posibilidades para reservar información y excluir como sujetos obligados de transparentar recursos a partidos, sindicatos y universidades.
Domínguez continúa la tarea de Rocha para eliminar el escrutinio ciudadano del ejercicio del gobierno.
Algunas personas creen que Rubén Rocha ya no maneja los contratos del gobierno. Eso solo significaría que hay nuevos actores repartiéndose el botín, pero que el botín aún existe. No se ha anunciado que se acabaron las adjudicaciones directas, que ya no se simularán las invitaciones restringidas, que se abrirán a que organizaciones como Iniciativa Sinaloa testifiquen y controlen cada proceso de licitación. El presupuesto se maneja aún como un botín. Cambiar de Diablo no es virtud.
El gobierno sólo contempla pasivamente las crisis económica y de empleo.
No hay un solo programa nuevo. No hay una sola política pública diferente. No hay una sola gestión distinta ante la Federación, el SAT o el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS); no hay reorientación de recursos; no hay una sola acción especialmente diseñada para atender los problemas específicos de las empresas en riesgo de cerrar; no hay algún trabajo de acercamiento o apoyo con las personas que han perdido su trabajo o su fuente de ingresos. No hay siquiera secretarios distintos en Economía, Agricultura, Pesca y Turismo.
Esa es una política neoliberal. Esperar a que la mano invisible del mercado ponga a todos en su lugar, aunque para miles de sinaloenses ese lugar sea la miseria. Dejar hacer, dejar pasar.
En septiembre de 2023, cuando no iniciaba la narcopandemia, había registradas 595 mil 946 plazas ante el IMSS en Sinaloa. En tres años tuvieron necesidad de incorporarse al mercado de trabajo alrededor de 120 mil jóvenes sinaloenses, con un empleo con prestaciones. Una buena política económica habría elevado a 716 mil puestos registrados la cifra de empleo formal.
No solo no se crearon 120 mil nuevos empleos, sino que se perdieron 24 mil 134 a septiembre de 2026. Los gobiernos federal y estatales morenistas no supieron crear políticas generadoras de empleo. Ni Rocha, ni AMLO, ni Bonilla, ni Sheinbaum ni Domínguez. La actual gobernadora da continuidad a lo que no funciona.
Sigue la misma actitud del gobierno ante la inseguridad y la violencia.
Siguen los mismos mandos policiacos en el estado y los ayuntamientos; siguen los acostumbrados “reforzamientos de fuerzas federales”; siguen las tradicionales visitas de Omar García Harfuch; siguen los muy vistos patrullajes y retenes militares.
En consecuencia, siguen arrojando cabezas hasta en las instalaciones oficiales; siguen dejando recados junto a los cadáveres hasta a los familiares de la élite morenista; siguen los asesinatos hasta dentro de las cárceles.
En los primeros dos meses del gobierno de Domínguez Nava asesinaron a 368 personas. Un promedio de 6.1 diarias, similar a los periodos de Rocha y de Bonilla.
Esperan que la narcopandemia se arregle sola, como dijo el general Leana.
La gobernadora no puede pretextar ni pedir tolerancia por aducir que está en la curva de aprendizaje del funcionamiento del gobierno. Lo conoce perfectamente. Sabe de presupuestos porque, como líder del Congreso, le tocó definirlos; conoce de funcionamiento, porque fue parte de las administraciones de Mario López Valdez y de Rubén Rocha.
Como diputada federal debería conocer los problemas del estado, y como aspirante a candidata a la Gubernatura debería haber contado con un proyecto de soluciones. Su inercia no tiene pretexto.
La salida de Rubén Rocha es una gran oportunidad para desechar lo que no da resultados, reforzar lo que sí e innovar tanto en políticas como con personas.
Graciela Domínguez desaprovecha esa oportunidad.
Su misión no es administrar la conspiración por el poder entre el rochismo y las otras tribus morenistas. Su misión es el empleo, la seguridad pública y la honestidad gubernamental.
No hay un diálogo sistemático, con una secuencia ordenada de reuniones, con los sectores sociales para definir diagnósticos comunes, acciones concretas, mecanismos de evaluación, objetivos, calendarios y compromisos. En lugar de eso se celebran reuniones aisladas, de intercambio de halagos, de fotos sonrientes que nada concretan; sin documentos ni seguimiento. No hay reuniones de trabajo, hay actos para las selfies.
La responsabilidad de Graciela Domínguez es haber asumido el poder político en medio de la multicrisis más grande de la historia del pueblo sinaloense y comportarse como una figura pequeña, intrascendente. Muy, muy, muy menor respecto a la responsabilidad de reconstruir Sinaloa. Un cero a la izquierda.




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