Contaminación por ozono: el enemigo invisible que respiramos
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Por Miguel Ángel de Alba
@migueldealba
En las horas más soleadas, cuando el calor pega con todo y el tráfico no cede se forma uno de los contaminantes más traicioneros de las ciudades modernas: el ozono troposférico, conocido también como “ozono malo”.
A diferencia de la capa de ozono que protege en la estratosfera, a nivel del suelo es un producto de reacciones químicas entre óxidos de nitrógeno y compuestos orgánicos volátiles liberados por vehículos, industrias o solventes, cuando incide la radiación solar intensa.(epa.gov)
El resultado es un componente principal del smog urbano que no se ve pero se respira y tiene efectos directos en la salud, ya que el ozono puede irritar las vías respiratorias, causar tos y dolor al respirar, agravar el asma y disminuir la función pulmonar, incluso en personas saludables. En exposiciones prolongadas, aumenta el riesgo de infecciones respiratorias y puede contribuir a problemas cardiovasculares.(English)
Por eso la Comisión Ambiental de la Megalópolis (CAME) ha declarado fases de contingencia ambiental por ozono en el Valle de México en varias ocasiones este año, con lo cual activa restricciones vehiculares y medidas preventivas para reducir la exposición de la población.
La última fue el 16 de febrero de 2026, que atribuyó a una combinación de alta radiación solar, temperaturas elevadas y poca ventilación atmosférica.(El País)
La pregunta obligada es ¿funcionan esas restricciones? La lógica de reducir la circulación de vehículos durante contingencias es simple: menos tráfico significa menos emisiones de precursores del ozono, lo que puede ayudar a contener picos en jornadas críticas.
Sin embargo, estudios y experiencias internacionales sugieren que las restricciones temporales tienen impacto limitado si no se acompañan de políticas estructurales como la mejora del transporte público, energías más limpias y reducción permanente de emisiones urbanas.
Las contingencias son útiles para proteger la salud en momentos agudos, pero no sustituyen una estrategia de largo plazo para bajar estándares de contaminación.(atmosfera.unam.mx)
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