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De planetas enanos y otras actualizaciones


Por Deborah Buiza

@DeborahBuiza


Cuando estudié la primaria, en los años 80, el Sistema Solar estaba compuesto por nueve planetas y el Sol; en aquellos días, mi papá me regaló una pequeña enciclopedia que traía esa información, que yo leí, estudié y aprendí como cierta, y que ahora resulta desactualizada ante a los requerimientos escolares de mis hijos.

En 2006, la Unión Astronómica Internacional determinó que, dadas sus características, Plutón estaba fuera de la definición de planeta y lo redujeron de categoría a planeta enano, y hoy mi hijo de ocho años prepara su exposición diciendo que el Sistema Solar se compone por el Sol y ocho planetas (Mercurio, Venus, Tierra, Marte, Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno)... Para él, no existe Plutón como planeta.

Recordando todo este asunto del cambio de denominación al ex planeta, y como aún tengo esa enciclopedia, la cual nos sirve para la lectura de la noche, les platicó a mis hijos que cuando yo estudié eran nueve planetas y toda la historia. Entonces, mi hijo, el pequeño de cuatro años, pregunta: “Mamá ¿por qué Plutón ya no es un planeta, lo despidieron?”. Tal vez, básicamente, ese sea el asunto: ya no encajó en las nuevas definiciones y quedó fuera.

Buscando información encuentro la referencia a una entrevista en el Programa Movimiento de Radio UNAM a Gloria Delgado Inglada, investigadora del Instituto de Astronomía (IA) de la UNAM, y me llama la atención el siguiente comentario, que rescato textual de una nota publicada en unamglobal.unam.mx: “Al final, no se trata de si nos gusta o no que haya ocho o nueve planetas; se trata de observar, de hacer definiciones y ser coherente con ello. A medida que tenemos más observaciones, nuevas teorías y nueva instrumentación va cambiando la manera en que definimos los conceptos. Podemos ser más precisos”.

¿Cuántas cosas aprendimos bajo ciertos conceptos que, a la luz de nuevas observaciones, nuevas teorías, nuevas experiencias y perspectivas, han quedado obsoletos?

¿Cuántas cosas seguimos “conociendo” o “sabiendo” como en el pasado y hoy ya no son así, pero nos resistimos (e insistimos)?

¿Qué tanto actualizamos nuestros saberes, y con ello la manera en la que hacemos las cosas, la manera en la que nos plantamos ante la vida?

Hay temas que evolucionan; conforme se investiga, se encuentran errores en los cálculos, se ajustan conocimientos, se descartan teorías o saberes que se daban como total y absolutamente ciertos, para dar paso a nuevos conocimientos. Y no es que nos guste o no, que estemos de acuerdo o no. ¡Hay que aventurarse y arriesgarse a actualizarse!

Tratar de mantenerse actualizado en un mundo que va tan de prisa es todo un reto, pero ante la velocidad y el volumen de la nueva información, es necesario y deseable mantener una actitud abierta y flexible ante los descubrimientos y cultivar un pensamiento crítico que nos permita seguir observando el entorno y a nosotros mismos; que nos permita seguir cuestionándonos de tal forma que podamos incorporar nuevos saberes y, con ello, encontrar nuevas formas y modos que nos enriquezcan, pero también nuevas y mejores experiencias.

Y a tí ¿en qué te hace falta actualizarte?

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