Ella se fue...
- migueldealba5
- hace 18 horas
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¿¡Qué hay de nuevo… viejo!?
Por Araceli Mendoza
@Arinmaldoza
Siempre es precioso ver el mar turquesa con su magia que hipnotiza, mientras no llegue un temporal, porque en ese instante se activa el carácter: el viento puede cambiar su tonalidad, su colorido, y le peina unos copetes blancos en las olas, como si marcara un ritmo lejos de la playa.
El lugar es maravilloso. Todo parece de película. Cruzas en un ferry para llegar a la isla. Al arribar se acercan personas con carritos tipo bicicleta, donde colocan tu equipaje, y caminas al lado de ellos. Es un transporte típico del lugar, en el que te llevan a tu destino de hospedaje.
Recuerdo la primera vez que vine. Desde que abordas el ferry experimentas un aire de libertad. El viento sopla todo el trayecto y parece que vuelas. Lo convertí en mi lugar favorito.
Ella me dió las instrucciones para llegar; las seguí como me indicó y llegué. Estaba sentada en su terraza. Al verme, mencionó mi nombre. La vi y me dijo “aquí es”.
— ¿Qué tal tu viaje?
— Bien, muy bien…
Yo, feliz de estar lejos. Sí, lejos de presiones, de problemas, de disgustos. Me sentía libre. No identificaba por qué me sentía tan bien. Por eso convertí a este lugar en mi favorito.
No me interesa estar en otro lugar. Ella y este lugar me abrazaron en momentos complicados, en los que había perdido mi brújula: la conciencia.
Ella, una mujer con una gran historia de vida; extranjera, pintora, culta. Cuántas cosas hablamos; cuántas sugerencias, sueños, planes... Fue una gran maestra.
Su estilo, siempre europeo, sumamente marcado desde la decoración de su departamento hasta cómo cortar un melón para conservarlo mejor.
En mi vida, Ella está muy presente. Compartió su arte conmigo: tengo tres cuadros en la galería de mi casa, con su técnica mixta, abstracta, en los que plasmó su carácter femenino, elegante, sensible.
Hoy estoy en este lugar, donde vivió algún tiempo con su marido, también un gran pintor, artista, de origen belga, a quien se diagnosticó con Alzheimer. El gran amor por su marido con este padecimiento destacó que siempre estuviera a su lado.
Ella me mostró fotografías de cuando era joven: un hombre muy varonil y guapo. Lo conocí ya con Alzheimer. Los dos vivieron en New York, en el barrio de Soho.
La visité cada año, tras la muerte de su esposo, pero el destino nos marca un alto. Desde 2011 hasta 2025 regresé, pero Ella se fue en 2023. Ese año, con diferencia de 10 días, perdí a dos grandes maestras.
Ese año se fueron dos mujeres sensacionales, de 10. Una pintaba y la otra bordaba en punto de cruz.
Regresé después de 14 años. Su departamento sigue igual, con el toque de Ella. Me sentí como en casa. Con flores, como a Ella le gustaba; con objetos mexicanos.
Sé que lo más importante es trascender con hechos y que el egoísmo se esfuma, pero lo que siembras no se olvida.
Ella no me esperó sentada en su departamento. Ella se fue.
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